Personaje de la Semana: John Baird, ex jefe de la diplomacia de Canadá

Considerado un "perro de ataque" que logró cambiar la imagen diplomática del país norteamericano, presentó su dimisión tras cuatro años de desempeño brillante en su cargo.
El entonces canciller canadiense John Baird, saliendo del Palacio Nacional de Santo Domingo en una foto de archivo del 21 de febrero de 2013
El entonces canciller canadiense John Baird, saliendo del Palacio Nacional de Santo Domingo en una foto de archivo del 21 de febrero de 2013 (EFE)

Toronto

John Baird, el jefe de la diplomacia canadiense durante los últimos cuatro años, dimitió la semana pasada de forma inesperada de su cargo tras transformar la imagen de Canadá de país moderado a azote de contadas causas.

Durante los últimos diez años en el Parlamento federal, y la década anterior en el Parlamento de la provincia de Ontario, Baird era conocido por oponentes y partidarios como uno de los "perros de ataque" del Partido Conservador, dispuesto a saltar rápidamente con un feroz partidismo.

Por eso, cuando hoy en el Parlamento canadiense Baird se refirió a su feroz partidismo y celo ideológico como excesos de su juventud de los que "rápidamente aprendí", la Cámara de los Comunes no pudo reprimir una generalizada risa ante su intento de minimizar la principal característica que lo ha definido todos estos años.

"Tranquilos", se vio obligado a advertir al resto de los diputados de los Comunes para que cesasen las risas mientras el primer ministro canadiense, Stephen Harper, observaba la escena inexpresivo desde su escaño.

La salida de Baird, de 45 años de edad, tanto del Gobierno como del Partido Conservador deja a Harper sin una de los individuos más fieles y fiables que el primer ministro canadiense ha tenido desde que llegó al poder en 2006.

Y la inesperada e inexplicada salida de Baird, junto con las ya anunciadas renuncias de más de un docena de veteranos diputados conservadores, aumenta la sensación de que en el interior del Partido Conservador está cobrando forma la idea de que las elecciones generales de este año están casi seguro perdidas.

Encontrar un sustituto que sea capaz de representar, de forma tan efectiva como lo ha hecho Baird, la diplomacia de ataque de Harper en los temas que más le interesan (Irán, Rusia y el Oriente Medio) va a ser una tarea difícil para el primer ministro canadiense.

De momento, Harper se ha visto obligado a colocar como ministro provisional de Asuntos Exteriores al titular de la cartera de Comercio Internacional, Ed Fast.

Y no porque Baird haya sido especialmente eficaz en los puestos ministeriales que ha ocupado desde 2006, sino por el valioso papel que ha jugado para evitar que asuntos candentes se convirtiesen en lastras electorales para Harper o sacar jugo electoral a cuestiones internacionales.

Su primera cartera en el Gobierno canadiense fue el Consejo del Tesoro, el poderoso departamento del que fue presidente y que está encargado del funcionamiento del Gobierno canadiense y los funcionarios públicos.

En este cargo, Baird presentó la que tenía que ser una de las leyes más importantes de Canadá en la última década, la Ley de la Responsabilidad, con la que se pretendía acabar con los años de corrupción de gobiernos del Partido Liberal. Pero a pesar de las promesas iniciales, la ley se ha revelado como una buena herramienta de relaciones públicas sin garra.

En 2007, fue nombrado ministro de Medio Ambiente, una de las carteras más problemáticas para Harper, quien antes de llegar al poder, había calificado el Protocolo de Kioto como un "plan socialista" y, una vez en el poder, negó durante años el cambio climático.

Con Baird al frente de Medio Ambiente, Harper inició el proceso para retirar a Canadá del Protocolo de Kioto, lo que se materializó en 2012, la primera vez que el país norteamericano se salió de un tratado internacional.

Pero fue desde la cartera de Exteriores, que ocupaba desde 2011, donde Baird mejor materializó el ideario político de Harper y del movimiento conservador del oeste de Canadá, visceralmente opuesto a la filosofía del histórico primer ministro liberal canadiense, Pierre Trudeau.

Si Trudeau defendió la "tercera vía" para separar Canadá de Estados Unidos, por ejemplo desafiando a Washington con respecto a Cuba, o adoptando un papel pacificador en conflictos como el Oriente Medio, Baird inclinó la balanza hacia el lado contrario.

En Oriente Medio, Baird alejó a Canadá de la posición de interlocutor para convertirse en el "aliado más fiel" de Israel en todo el mundo, negándose a criticar ni en una sola ocasión a las autoridades de Tel Aviv a la vez que cerró todas las puertas a los palestinos.

Baird impuso una política de dureza sin paliativos contra Irán, país al que calificó como la mayor "amenaza al resto del mundo", cerrando la embajada de Canadá en Teherán.

Rusia también se convirtió en uno de los objetivos de ataque preferidos de Baird, que calificó en numerosas ocasiones a Moscú y Vladimir Putin como "malvados" a la par del régimen de Hitler, especialmente desde la irrupción del conflicto en Ucrania.

Y criticó de forma frontal las políticas antihomosexuales de países africanos, Irán o Rusia, pero a la vez que ignoraba los abusos contra la misma comunidad cometidos en los países aliados de Canadá, como Arabia Saudí o Kuwait.