Dilma, de guerrillera a ex presidenta de Brasil

La ex mandataria brasileña, Dilma Rousseff, gobernó durante casi cinco años el país latinoamericano, el cual quedó sumido en una crisis entre 2014 y 2015.
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, durante la conferencia de prensa de este lunes en el palacio de Planalto, en Brasilia
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, durante la conferencia de prensa de este lunes en el palacio de Planalto, en Brasilia (AFP)

Río de Janeiro

Dilma Rousseff sabe dar batallas y la del impeachment la peleó hasta el último minuto. Sin embargo, la mayor parte de los senadores votaron a favor de su destitución, tras nueve meses de debates para determinar si continuaría o no en el cargo.

Sin embargo, la mirada desafiante con que se la ve en una foto ante un tribunal militar durante la dictadura (1964-85) se mantenía intacta 45 años después, cuando los tentáculos de la crisis parecían asfixiarla.

Sus simpatizantes afirman que esa actitud es de determinación, sus críticos, de arrogancia. La "dama de hierro" brasileña, de 68 años, se convirtió en la primera mujer presidenta de Brasil en 2011, cuatro décadas después de aquellos días oscuros de 1970 en los que fue apresada y torturada.

Cinco años, incluida una reñida reelección, han pasado desde aquel día en que recibió la banda presidencial de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva. Pero ahora corre el riesgo de salir de la presidencia por la puerta de atrás, si el Senado le abre un juicio de impeachement y la destituyen por acusaciones de haber manipulado las cuentas públicas.

Con la cabeza erguida, aseguró en varias ocasiones que "jamás" renunciaría y que lucharía para derrotar lo que considera un golpe de Estado, orquestado por su "traidor" y "conspirador" de vicepresidente, Michel Temer, y el presidente de la cámara de Diputados, Eduardo Cunha. Pero también dijo que si sale derrotada se convertirá en "una carta fuera del mazo", dando a entender que será el fin de su carrera política.

Poco flexible

Rousseff fue electa en 2010, catapultada por el Partido de los Trabajadores (PT) y escogida por Lula, de quien heredó una abrumadora popularidad, hoy en mínimos históricos.

Un año después de asumir la jefatura de Estado de la mayor economía de América Latina, era la tercera mujer más poderosa del mundo según la revista Forbes, detrás de la canciller alemana, Angela Merkel, y de la entonces secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton.

En 2015 cayó a la séptima posición, con una aprobación sumergida en 10%, arrastrada por la recesión económica y el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, por el que fueron arrestados varios políticos de su partido, y por el que el propio Lula está siendo investigado.

Los críticos la consideran un clásico "accidente presidencial", ya que nunca antes había sido electa para ningún cargo. Rousseff manda, no negocia. Una falta de flexibilidad que trató de suplir llamando de urgencia a Lula en su auxilio, en momentos en que sólo una hábil mano izquierda parlamentaria puede salvarle de la destitución.

Pero con toda su astucia política, Lula no pudo reconstruir los puentes que en estos cinco años quemó Rousseff, una mujer que desde sus tiempos de ministra se ganó una reputación de tecnócrata sin carisma, firme y severa al reconvenir a sus ministros en público.

"Papisa de la subversión"

Nació el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte (sureste), en una familia de clase media formada por un inmigrante búlgaro y una maestra de escuela. Marxista, entró en la resistencia contra la dictadura militar (1964-85) y en 1970, con 22 años, fue condenada a prisión por pertenecer a un grupo armado clandestino, responsable de asesinatos en robos bancarios.

Su participación en la lucha armada está envuelta en una nebulosa, pero la mayoría de los informes coinciden en que tuvo una labor de apoyo y no estuvo involucrada directamente en operaciones comando.

Con todo, el juez que la condenó la llamó "papisa de la subversión" y en esos casi tres años que pasó en prisión fue torturada, según reveló el periodista Ricardo Amaral en una biografía de la mandataria, donde apareció la fotografía inédita de Dilma ante los jueces militares.

Dos veces separada, la mandataria tiene una hija, Paula, de su matrimonio de 30 años con su segundo esposo, el también ex guerrillero de izquierda Carlos de Araujo, y dos nietos con los que exhibe su lado más tierno. "Dilma es una persona con un gran sentido del humor, divertida, extremadamente solidaria y generosa", dijo el año pasado a la AFP su ex compañera de cárcel Ieda Akselrud de Seixas.

La mandataria tampoco escapó a la obsesión nacional por las cirugías plásticas: se blanqueó los dientes, se trató las arrugas, y más recientemente hizo una dieta con la que perdió más de 15 kilos. Todos los días pedalea 50 minutos, aunque este domingo salió en la bicicleta por sólo 15. Esta imagen dista de la de 2009, cuando un tratamiento contra el cáncer la obligó incluso a llevar una peluca.

Tras nueve meses de debates, Dilma fue destituida de su cargo por "maquillar" cifras fiscales con el fin de beneficar su campaña de reelección en 2014.

AFC