Personaje de la Semana: Dilma Rousseff, presidenta de Brasil

Esta ex guerrillera y primera mujer presidenta de Brasil no evade la lucha, como afirmó al obtener el pasado domingo la reelección al imponerse al socialdemócrata Aécio Neves en una ajustada votación.
Dilma Rousseff, antes de participar en un debate televisado con Aécio Neves en Río de Janeiro
Dilma Rousseff, antes de participar en un debate televisado con Aécio Neves en Río de Janeiro (EFE)

Río de Janeiro

Ex  guerrillera y primera mujer presidente de Brasil, Dilma Rouseff no es de las personas que evaden la lucha, según afirmó ella misma al obtener la reelección.  La ex guerrillera de 66 años fue protagonista de la semana mundial al ser reelegida el pasado domingo como presidenta del país más grande de América Latina.

Rousseff triunfó con 51.6% de los votos, apenas tres puntos sobre el senador Aécio Neves, del opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB, centro), que obtuvo 48.3% en la elección más reñida del país desde 1989.

Con un nuevo mandato de cuatro años, la dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) consiguió mantener la hegemonía de esta formación política en el país, en el poder desde que Luiz Inácio Lula da Silva asumió su primer mandato en 2003 tras derrotar al PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Con un marcado perfil técnico y de "gerentona" irreductible, Rousseff logró imponerse a Neves, un líder opositor con fama de "galán", con una campaña que se basó en recordar hasta la extenuación las bonanzas de los programas sociales ampliados durante su mandato e iniciados en el Gobierno de Lula, su mentor político.

A pesar de que en algunos momentos el candidato del PSDB apareció adelante en los sondeos y puso en duda la reelección de la primera mujer que gobierna en Brasil, Rousseff demostró que, si de algo sabe, es de cómo recuperarse de los golpes y volver al partido.

La "ahijada política" del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva transitó un arduo camino para ampliar a 16 años la permanencia en el poder del PT. En su pasado, la mandataria superó la cárcel y la tortura durante la última dictadura militar brasileña (1964-1985) y en 2009 derrotó un cáncer linfático que llegó a poner en duda su candidatura a la presidencia en las pasadas elecciones.

Es por eso que poco después de que se diera a conocer su ajustada victoria en segunda vuelta ante su contrincante,  Aécio Neves, escribió en twitter: "Brasil, una vez más, esta hija tuya no rehuirá a la lucha. ¡Viva Brasil! DilmaNovamente", escribió.

En su carrera hacia la reelección, Rousseff enfrentó graves denuncias de corrupción que afectan a la petrolera estatal Petrobras, así como críticas a su política económica, a la que se responsabiliza por el alza de la inflación y los bajos índices de crecimiento.

Nacida en Belo Horizonte, en el tradicional estado de Minas Gerais, el 14 de diciembre de 1947, hija de un poeta y empresario búlgaro, Pedro Rousseff, y de una maestra brasileña.

La mandataria, dos veces divorciada y abuela gracias a su única hija, inició sus estudios en una prestigiosa escuela católica, pero muy pronto se decantó por las ideas marxistas, lo que la llevó a unirse a los 17 años al grupo Política Obrera (Polop).

Tres años más tarde se acercó a movimientos más radicales -el Comando de Liberación Nacional (Colina), que a la postre se unió a la Vanguardia Popular Revolucionaria (VAR-Palmares)- donde recibió entrenamiento de guerrilla, aunque no hay indicios de que haya participado en acciones armadas.

En enero de 1970, a los 19 años, fue capturada por la policía política de Sao Paulo. Rousseff fue sometida a torturas durante semanas en los tres años que pasó presa por el delito de “subversión” por su oposición al régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. "Nadie sale de esto sin marcas", admitió en una entrevista.

Tras recuperar la libertad, en diciembre de 1972, Rousseff pasó a dedicarse a su única hija, Paula, y completó sus estudios de Economía. Volvió a la política en la década del 80, cuando se afilió al Partido Democrático Laborista (PDT), fundado por el fallecido líder socialista Leonel Brizola.

Cuando dejó atrás esta fase de su vida, la "dama de hierro" brasileña, apodo por el que muchos la conocen debido a su fuerte carácter y a su fama de autoritaria, estudió economía y ocupó varios cargos técnicos en el Gobierno regional en el estado meridional de Río Grande do Sul, donde inició carrera política y trabajó hasta que Lula la reclutó para su Gabinete en 2003.

En aquel entonces era una desconocida para la mayoría del electorado brasileño e incluso hubo voces dentro del PT que cuestionaron la decisión del carismático Lula.

Poco pareció importarle al ex presidente, quien la convirtió en su mano derecha y después la impuso como candidata del partido en las presidenciales de 2010, momento en el cual se recuperaba de un cáncer linfático del que logró curarse un año después.

Su fuerte personalidad, que en ocasiones raya con la dureza, es algo que la estigmatiza como una persona carente de carisma, una faceta muy desarrollada de la personalidad de Lula, pero que no le ha impedido convencer a más de la mitad de los 142.8 millones de votantes que estaban llamados hoy a las urnas.

Esta economista de 66 años se ubica en el lado izquierdo del espectro político y destaca por su compromiso con las medidas de redistribución de la renta que sacaron de la pobreza a 30 millones de personas durante el Gobierno de Lula, algo que le ha proporcionado el apoyo de las clases populares.

En los años siguientes se desempeñó como secretaria de Hacienda, de Energía y de Comunicaciones del estado de Río Grande do Sul hasta abandonar el PDT para afiliarse al PT, en 2001. Dos años después, luego de asumir el gobierno, Lula la nombró ministra de Minas y Energía.

Luego, en 2005, la designó como jefa del Gabinete Civil de la Presidencia en lugar de uno de los máximos exponentes del PT, José Dirceu, desalojado del poder y encarcelados por sus nexos con un sonado escándalo de desviación de dinero público para pagar sobornos a legisladores.

Si bien Rousseff nunca fue salpicada por el llamado escándalo del "mensalao", la sombra de la corrupción llegó a su gobierno cuando aún estaba en sus comienzos, y la obligó a llevar a cabo lo que ella llamó una "limpieza" gabinete, que se tradujo en la destitución de varios ministros.

Este año, el descubrimiento de una red corrupción en Petrobras, que según los denunciantes -un ex director de la estatal y un cambista vinculado al lavado de dinero- operó cuando Lula da Silva era presidente y Rousseff su jefa de Gabinete Civil y presidenta del Consejo de Administración de la estatal, la persiguió de cerca durante la campaña electoral y continúa acechándola como una bomba de tiempo a punto de estallar.

En contrapartida, el éxito de las políticas sociales de los gobiernos de Lula y Rousseff, que prácticamente erradicaron la miseria, hicieron salir al país del "mapa del hambre" de la ONU y acceder al mercado de consumo a unas 40 millones de personas, habló más fuerte en las urnas, dándole al partido fundado por el ex sindicalista Lula y a su aguerrida sucesora, la oportunidad de profundizar esos avances y mantenerse en el poder hasta el 31 de diciembre de 2018.

En cuanto a su política exterior, la líder del PT se ha dicho dispuesta a reforzar la posición brasileña en el grupo de los países emergentes o BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), así como a promover un acercamiento entre los países del Mercosur y los de la Alianza del Pacífico.

Su relación con Estados Unidos parece estancada tras el escándalo de espionaje en el que denunció que sus comunicaciones y correos electrónicos habían sido interceptados por los servicios de inteligencia norteamericanos.

El mayor reto que tendrá que afrontar Rousseff en los próximos cuatro años será el de relanzar la economía del país, que, según los expertos, terminará 2014 con un crecimiento muy por debajo de lo previsto a principios de año, y recuperar la confianza de la inversión internacional, más favorable a la llegada de Neves.