Personaje de la semana: Pierre Nkurunziza, presidente reelecto de Burundi

Con 69 % de los votos, y a pesar de ser discutido su triunfo por Obama, este mandatario africano es una mezcla de ambición y misticismo, decidido a gobernar por tercera vez su conflictivo país.
El presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, durante una visita a Berna, Suiza, el 16 de noviembre de 2009.
El presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, durante una visita a Berna, Suiza, el 16 de noviembre de 2009. (EFE)

Buyumbura

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, advirtió este martes a los líderes africanos de que el progreso del continente dependerá de su respeto a los derechos humanos y del fomento de una verdadera democracia, con libertad de elección asociación y opinión.

Obama se convirtió con este mensaje en el primer presidente estadunidense en activo que pronuncia un discurso en la sala Nelson Mandela de la Unión Africana en Adis Abeba, con el que ha culminado su viaje oficial a Kenia y Etiopía.

Obama alabó el ejemplo de países como Nigeria, "donde 28 millones de ciudadanos votaron con valentía para propiciar un cambio de poder pacífico, como debería ser", y lamentó la situación de otros, como Burundi, donde el presidente, Pierre Nkurunziza, incumplió la propia Constitución nacional para perpetuarse en el cargo.

"Francamente, no lo entiendo. Estoy en mi segundo mandato y adoro mi trabajo pero, de acuerdo con la Constitución, no puedo volverme a presentar. Y eso que creo que podría ganar", dijo Obama en alusión también a otros países del continente como en Ruanda, Uganda o Zimbabue.

Obama opinó que las elecciones presidenciales de Burundi no fueron "creíbles" e instó a retomar el diálogo político como "única solución" a la crisis que atraviesa este país.

Pierre Nkurunziza fue reelegido esta semana para un tercer mandato de cinco años al ganar las elecciones celebradas el pasado día 21 con un 69.41 por ciento de los votos.

Su rival más cercano, el líder del Frente Nacional de Liberación (FNL), Agathon Rwasa, ha obtenido el 18.99 % de los sufragios, mientras que candidato del UPRONA, Gerard Nduwayo, ha conseguido un apoyo del 2.14 % de los electores.

Las elecciones presidenciales se celebraron en medio de una gran tensión por la oleada de violencia que se desató después de que Nkurunziza anunció su intención de aspirar a la reelección en contra de lo que establece la Constitución de Burundi, que fija en dos el límite de mandatos presidenciales.

Los tres candidatos de la oposición anunciaron unos días antes que se retiraban de la carrera presidencial al considerar que este proceso era una "farsa".

 

Pierre Nkurunziza, logró la reelección el pasado miércoles pese a la violencia política y las críticas de la comunidad internacional, obcecación que algunos achacan a su desmedida ambición e incluso a la creencia mística de ser el elegido para guiar al pueblo burundés.

Nkurunziza, nacido de madre tutsi y padre hutu en 1964, creció en la provincia septentrional de Ngozi y pronto perdería a su progenitor, un diputado asesinado durante la ola de violencia que diezmó la elite hutu del país en 1972.

Apasionado desde niño por el deporte, especialmente por el fútbol, el joven Nkurunziza estudió Educación Deportiva para convertirse en profesor, carrera que truncaría la guerra civil que estalló poco después entre grupos rebeldes hutu y el Ejército dominado por los tutsi.

En 1995 se unió a las Fuerzas de Defensa de la Democracia (FDD), el brazo armado del grupo insurgente en el exilio, el Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia (CNDD).

Nkurunziza, quien hoy en día combina sus tareas de pastor protestante con sus obligaciones presidenciales, abrazó la religión tras casi morir en un ataque en 1995, que le llevó a implicarse activamente en la guerrilla y escalar en las FDD, antes de transformarse en un partido político.

Liderado por Nkurunziza, la CNDD-FDD ganó en julio de 2005 las elecciones a la Asamblea Nacional y el Senado, que le eligieron como presidente de Burundi.

En las presidenciales de 2010, Nkurunziza fue elegido con el 91 % de los votos al presentarse como único candidato, ya que la oposición fue vetada tras denunciar irregularidades en el escrutinio.

La pasada semana, pese a tener en contra a miles de ciudadanos y toda la comunidad internacional, Nkurunziza se presentó a la reelección para un tercer mandato.

La oposición afirmó que su candidatura es ilegal porque la Constitución limita a dos los mandatos presidenciales, pero la justicia burundesa avaló la decisión de Nkurunziza porque la primera vez fue elegido por el Parlamento, y no de forma directa.

El electorado burundés acudió dividido a las urnas entre quienes consideran a Nkurunziza un líder fervientemente religioso y cercano al pueblo, y quienes temen su carácter despiadado. Para algunos, Nukurunziza es un avezado político siempre en campaña, que nunca descuida el contacto directo con su electorado.

El presidente es muy popular en el campo, donde vive el 80 % de los burundeses y está su principal granero de votos, gracias a los trabajos comunitarios y a medidas como la sanidad gratuita para menores de cinco años.

En la cercanía del mandatario -padre de cinco hijos y casado con una pastora protestante- tiene un importante papel su fervor religioso, que le ha llevado a asegurar que Dios le anunció que iba a dirigir los destinos de su país, según fuentes cercanas al líder.

Esta creencia encaja con un gran culto a su persona, que cultiva "paseando" las condecoraciones obtenidas en el extranjero -relacionadas con su labor de pacificación de las comunidades hutu y tutsi o habilidades militares-, y que se rumorea que "compra" para ganar prestigio internacional.

Otra parte del electorado opina, simplemente, que Nkurunziza es un líder despiadado que elimina sistemáticamente a quienes se oponen a él, como sugiere la reciente huida del país del vicepresidente Gervais Rufyikiri por discrepancias con el líder.

Sus aspiraciones han desatado una ola de violencia que se ha cobrado decenas de muertos y ha obligado a dejar el país a 160 mil personas, pero Nkurunziza se mantiene firme.

Metido más en el papel de predicador que de gobernante, la omnipotencia de Nkurunziza es reforzada por su círculo más próximo, que le empuja a hacer frente a la comunidad internacional por el mero interés de mantener su estatus, sin pensar en las consecuencias que tiene para el país.