Personaje de la semana: Michelle Bachelet, aspirante a la presidencia de Chile

La aspirante socialista se impuso en la primera vuelta pero no con la rotundidad que esperaba, por lo que habrá un nuevo "cara a cara" con la candidata oficialista, Evelyn Matthei, el 15 de diciembre.
Michelle Bachelet se dirige a sus seguidores en Santiago tras confirmarse su triunfo en la primera vuelta de las elecciones
Michelle Bachelet se dirige a sus seguidores en Santiago tras confirmarse su triunfo en la primera vuelta de las elecciones (AFP )

La ex mandataria socialista Michelle Bachelet se impuso este domingo en las elecciones en Chile, con un 46.68% de los votos, pero deberá enfrentarse en una segunda vuelta el 15 de diciembre con la conservadora oficialista Evelyn Matthei. Matthei, ex ministra del Trabajo del gobierno del saliente Sebastián Piñera, obtuvo el 25.01% de la votación, escrutadas el 99.34% de las mesas, de acuerdo a los resultados oficiales del Servicio Electoral.

"Sabíamos que el desafío de ganar en primera vuelta era complejo, hicimos un gran esfuerzo (...) y estuvimos muy cerca de lograrlos. (Pero) ganamos esta noche y vamos a trabajar para ganar ampliamente en diciembre", aseguró la ex mandataria, de 62 años, ante sus adherentes que celebraban su victoria al ritmo de la música en la céntrica avenida Alameda de Santiago.

Los sondeos habían proyectado un triunfo en primera vuelta de Bachelet, que necesitaba el 50% más uno de los votos. Impulsada por su gran popularidad, Bachelet decidió volver a pelear por la Presidencia de Chile motivada más por el sentido del deber que por una vocación de poder, en una carrera que finalmente se cerrará en segunda vuelta. Tal como hace ocho años, Bachelet se vio empujada a aceptar postularse a la reelección al concitar una enorme popularidad, sobre todo en los sectores pobres y entre las mujeres, donde la devoción hacia ella es total.

¿Podría haberse negado a aceptar esta nueva postulación? "Si hubiera nacido distinta, probablemente. Parece que en mi leche materna venían las palabras 'deber' y 'responsabilidad'", respondió Bachelet al semanario The Clinic once días después de regresar a Chile este año, tras casi tres pasados al frente de la oficina ONU-Mujer en Nueva York. Con su retorno, Bachelet, de 62 años, rompió un silencio que mantuvo en vilo a la política chilena y trajo alivio a la oposición de centro-izquierda, desorientada tras su ausencia e incapaz en formar nuevos liderazgos.

Bachelet ocupó ese cargo internacional en la ONU tras dejar el poder en marzo de 2010 con una popularidad récord de más de 80%, que sin embargo, no pudo traspasar a su candidato, el ex mandatario Eduardo Frei, quien perdió los comicios frente al derechista Sebastián Piñera. "Los incentivos para quedarme (en Nueva York) eran altos. Estaba en un trabajo precioso", argumentó en esa misma entrevista. Nacida en Santiago el 29 de septiembre de 1951, médico pediatra, separada y madre de tres hijos, heredó el sentido del deber de su padre, el general de Aviación Alberto Bachelet, quien marcó profundamente su carácter y vocación política.

Alberto Bachelet murió a los 51 años a causa de las torturas a las que fue sometido tras ser arrestado el día del golpe de Estado que instauró la dictadura de Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, por mantenerse fiel al gobierno del derrocado Salvador Allende. "El general Bachelet marca la vida de Michelle Bachelet en varios aspectos. Es una niña que nace prematura, a los siete meses, y debe estar en incubadora por un mes. Esto va a marcar la relación del padre con su hija, porque él siempre va a ser muy sobreprotector con ella", dijo a la AFP la periodista Rocío Montes, una de las autoras del libro "Hijas de General", que narra la vida de Bachelet y la relación con su padre.

"Su muerte la marca como hija pero también como la persona política que es hoy", agrega Montes. Del general Bachelet, Michelle hereda también el carácter sociable y amistoso, la risa fácil y la gran cercanía que logra con la gente. La trágica muerte de su padre la sorprende siendo una veinteañera estudiante de medicina y ya con una activa militancia en el Partido Socialista.

Tras el fallecimiento del general, Michelle y su madre, Angela Jeria, son arrestadas, torturadas y enviadas al exilio. Vivieron primero en Australia y luego en Alemania oriental. El destino trágico de Alberto Bachelet volvió a emerger durante esta campaña, pues la principal contendiente de la candidata socialista es la exministra Evelyn Matthei, hija del general de aviación Fernando Matthei, uno de los mejores amigos de su padre.

Las vidas de ambos militares tomaron rumbos opuestos tras el golpe de Estado de 1973. Bachelet y su madre regresaron a Chile en 1979. En el país ella terminó sus estudios de medicina y ambas siguieron ayudando a otras víctimas de la dictadura. Se graduó en 1982, en plena dictadura, que vetó, "por razones políticas", su solicitud para trabajar en la salud pública. Luego ganó una beca con la que se especializó en pediatría.

En 1994, ya en democracia, ingresó como asesora al Ministerio de Salud y siguió estudiando en materia de defensa, tema que le apasiona y en el que también aparece la herencia de su padre. Dos años después, Bachelet acomete su primera contienda electoral como candidata a alcaldesa de la comuna de Las Condes de Santiago, un bastión derechista en el que fue derrotada tras conseguir un escaso 2.35% de los votos.

En 2000, bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos, fue nombrada ministra de Salud. Dos años más tarde pasó a Defensa, convirtiéndose en la primera mujer titular de esa cartera en América Latina. En 2002, una foto en la que aparece montada en un tanque del Ejército inspeccionando labores de rescate durante una inundación es para muchos el comienzo del llamado "fenómeno Bachelet".

Pero aunque cuente con un respaldo que muchos califican como "irracional" y que comparan con una suerte de "enamoramiento", el Chile que gobernará si logra ser elegida de nuevo no será precisamente "un lecho de rosas". Al igual que en otros países, los últimos años Chile ha comenzado a mostrar progresivos signos de descontento social con el sistema económico neoliberal que en las últimas décadas era considerado símbolo de crecimiento y estabilidad en la región.

El programa de Bachelet ha asumido parte de esas reivindicaciones y promete "educación gratuita y de calidad", una reforma de la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y un alza del 20 al 25 por ciento en los tributos de las empresas. Las propuestas de la ex presidenta, apoyada por la misma coalición de centroizquierda con la que gobernó de 2006 a 2010 a la que ahora se ha sumado el Partido Comunista, han sido duramente criticadas por el Gobierno del derechista Sebastián Piñera y por la candidata oficialista, la ex ministra de Trabajo Evelyn Matthei.

Expertos auguran que la economía chilena, que ha crecido del 4.5 al 5 por ciento los últimos cuatro años con bajos índices de desempleo e inflación, recortará su expansión, y que las inversiones privadas se volverán esquivas ante un posible cambio en las reglas del juego económico. Pero Bachelet no se inmuta. Ella asegura que su programa es "serio y responsable" y que si el país que dejó cuando entregó la banda presidencial para asumir su cargo en Nueva York ya no es el mismo, ella tampoco.

"Dentro de mi algo cambió. Ya fui presidenta y eso te da una parada distinta, un mirar las cosas que no va a ser nunca igual que antes", declaró en una entrevista poco después de retornar a Chile, en marzo pasado al abandonar ONU Mujeres (2010-2013). Cercanos a la candidata de la Nueva Mayoría reconocen que esta Michelle Bachelet "no es la misma" que una vez se hizo conocida por su sonrisa fácil, su espontaneidad y su capacidad de ponerse en los zapatos del chileno común y corriente. "Lo que está claro es que no es la misma que asumió la primera candidatura", dijo una fuente allegada a la ex presidenta.

Aunque ha dicho que "hubiera preferido un recambio generacional" y no volver a competir por La Moneda, se muestra segura frente a los desafíos que debe asumir, rodeada por un estrecho y hermético círculo de colaboradores que la respalda en su decisión de hablar lo justo y necesario, por mucho que sus detractores critiquen sus a veces prolongados silencios.

"Hemos definido claramente las fuentes de financiación para ir haciendo de Chile un país menos desigual, que no sólo sea justo social y políticamente, sino incluso económicamente, haciendo que haya más competencia y más capacidades", manifiesta la candidata de la oposición. "Yo sé lo que se puede y lo que no se puede, lo que funciona y lo que no funciona", asegura Bachelet.