Personaje de la Semana: Esperanza Aguirre, "esperanza" política del PP para gobernar Madrid

Su irrupción en la política española como candidata del PP a la alcaldía de Madrid ha devuelto la ilusión a los conservadores, su carisma y fuerte carácter hace que muchos vean una candidata a ...
Esperanza Aguirre (d), candidata del PP a la alcaldía de Madrid, con Cristina Cifuentes (i), candidata al gobierno de Madrid del mismo partido
Esperanza Aguirre (d), candidata del PP a la alcaldía de Madrid, con Cristina Cifuentes (i), candidata al gobierno de Madrid del mismo partido (EFE)

Madrid

El 17 de septiembre de 2012, Esperanza Aguirre anunció por sorpresa su dimisión como presidenta del gobierno regional de Madrid tras 29 años en política, pero la "lideresa" del PP de Mariano Rajoy, una de las mujeres más fuertes del partido, nunca se retiró del todo. 

Ahora, vuelve a la primera línea como aspirante a capitanear el ayuntamiento de Madrid, una de las plazas más importantes para el Partido Popular (PP) del presidente del gobierno español, en las elecciones municipales de mayo, previas a las generales que se celebrarán a final de año.

Tras su "hasta luego" político, Aguirre siguió siendo la presidenta del PP en Madrid. Apodada "la lideresa" por su poder en la formación, no hubo asunto público, dentro o fuera de la formación conservadora, que no le hiciera expresar su opinión ante la prensa. 

Su espontaneidad y sus polémicas declaraciones la han convertido en una política que despierta admiración y aversión a partes iguales. Aunque conocido es su distanciamiento con Rajoy, en el PP está considerada por muchos una "apuesta segura" para mantener al partido en la alcaldía de la capital de España.

"No hay otro candidato ni candidata con el tirón político y mediático que tiene ella", decía hace unos días al diario digital El Confidencial un cargo del equipo que rodea a Rajoy.

Sin problemas para hablar ante los micrófonos o llamar a los programas de televisión en directo, la "Espe", como algunos la llaman popularmente, destaca también por su actividad en las redes sociales, en las que no ha dudado en enredarse en debates y discusiones con ciudadanos, políticos e incluso actores.

Uno de los últimos episodios controvertidos tuvo lugar el pasado abril, cuando se dio a la fuga en su vehículo para evitar ser multada por la policía por estacionar mal en plena Gran Vía de Madrid, una de las arterias más importantes de la capital.

Nacida en Madrid en 1952, Aguirre tuvo una educación de "señorita bien" de la clase alta madrileña. Estudió en el colegio de monjas de la Asunción y en el Instituto Británico, y se casó con un grande de España: Fernando Ramírez de Haro y Valdés, conde de Murillo, con el que tiene dos hijos, Fernando y Alvaro.

Tras licenciarse en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, fue subiendo puestos en política: de concejal en el Ayuntamiento de Madrid llegó a ser tercera y primera teniente de alcalde. En 1996, el entonces presidente del gobierno, José María Aznar, la llamó para formar parte de su equipo como ministra de Educación, Cultura y Deporte.

En 2004 se puso por primera vez al frente de la región de Madrid. Fueron años en los que tuvo varios desencuentros con el entonces alcalde de la capital de España, Alberto Ruiz-Gallardón, hoy retirado de la política tras dimitir como ministro de Justicia el pasado septiembre. 

A pesar de que la sombra de la corrupción sobrevoló en varias ocasiones su gobierno, Aguirre salió indenme. No le tembló el pulso a la hora de expulsar a cargos imputados en tramas como el conocido "caso Gürtel", que golpea al PP desde hace años.

En los últimos días, sin embargo, expresó públicamente su apoyo al hoy presidente del gobierno de Madrid, Ignacio González, envuelto en la polémica por presuntas irregularidades en la compra-venta de un inmueble de lujo.

Sin embargo, González, que fue "mano derecha" de Aguirre, y su sucesor en el gobierno de Madrid, no será candidato a este puesto de cara a las elecciones de mayo. En su lugar estará Cristina Cifuentes, actual delegada del gobierno en Madrid. La razón de su marginación es el escándalo de su ático en Marbella, un nuevo caso de posible corrupción en la política española

Mientras Esperanza Aguirre no ha tardado en dar muestras de su estilo. En primer lugar, criticó a su rival político, el ex alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, por haber trasladado el ayuntamiento al Palacio de Cibeles, lo que calificó de "despilfarro". Según ella, quiere que el ayuntamiento sea un lugar sencillo para los ciudadanos.

Después, se enfrentó con la dirección del PP al rechazar abandonar la presidencia del partido en la Comunidad de Madrid. Aguirre aseguró que su equipo, programa y campaña lo va a decidir sin interferencias, y no quiere que una comisión gestora le haga sombra.

Y, por último, desafió a los aficionados del FC Barcelona y el Athletic de Bilbao, al reclamar a ambos clubes que no jueguen la final de la Copa del Rey, pues no quiere que se repitan los silbidos al Rey y al himno nacional que ocurrió en la final de hace unas temporadas en el Santiago Bernabéu.

Todo un carácter. No se acompleja al arremeter contra el nacionalismo catalán o vasco, o denunciar los crímenes de ETA, o el autoritarismo que muchos ven en el partido Podemos. Así, ha decidido incorporar a María San Gil, política vasca crítica de la política antiterrorista, como parte de su equipo de campaña.

Su último desafío, en una España todavía en crisis económica, con un alto descontento con la corrupción, cáncer que ha invadido también a su partido, el PP, es conservar el mayor ayuntamiento del país.

La capital, en manos de Ana Botella, se siente frustrada por una gestión correcta pero con grandes decepciones, como la derrota en la candidatura olímpica ante los Juegos de 2020, que se harán en Tokio, y el fracaso al no conseguir la llegada de Eurovegas, una ciudad del ocio que hubiera supuesto decenas de miles de puestos de trabajo y millonarias inversiones. Ilusionarla de nuevo será el gran reto de Esperanza Aguirre.