Personaje de la semana: Alexis Tsipras, nuevo primer ministro griego

A sus 40 años, el líder de la izquierda radical griega se ha convertido en el primer ministro más joven en siglo y medio del país mediterráneo, gracias a su discurso antiliberal y contrario a la ...
El primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, en el palacio presidencial de Atenas
El líder de Syriza, Alexis Tsipras, sonríe tras jurar su cargo de primer ministro de Grecia en el palacio presidencial de Atenas (AFP)

Atenas

El líder de la izquierda antiausteridad, Alexis Tsipras, ha recorrido un largo camino desde sus inicios como joven activista comunista hasta su victoria el domingo en las elecciones legislativas griegas. La clara victoria obtenida en las elecciones ha sacado a relucir el lado conciliador de este político, convertido en azote de las medidas de austeridad impuestas a su país.

Desde el estrado de la universidad de Atenas, donde pronunció su discurso de la victoria ante sus seguidores, Tsipras prometió un gobierno "de todos los griegos" y al mismo tiempo afirmó que su victoria era "la de todos los pueblos de Europa".

La popularidad del líder izquierdista, de 41 años, comenzó en mayo de 2012, cuando, para sorpresa general, su partido, Syriza, cuya influencia electoral se situaba entre un 3 % y 5 %, se convirtió en la segunda fuerza del país gracias a un programa de rechazo de la austeridad draconiana que los acreedores del país habían impuesto a Grecia.

En los dos años y medio que siguieron, se lanzó a la conquista de la clase media griega, que tras seis años de recesión, vio hundido su nivel de vida. Tsipras nació en 1974, apenas unos días después de la caída de la Junta de los Coroneles, que había gobernado con mano de hierro el al país desde 1967.

A sus 40 años, Tsipras se ha convertido en el primer ministro griego más joven en siglo y medio y en la esperanza de toda la izquierda europea antiliberal, cuyos dirigentes viajaron estos últimos días a Atenas para presenciar el éxito de su campeón.

"A partir de este lunes, emprenderemos una difícil tarea", subrayaba el jueves en su último mitin Tsipras, seguro de su victoria. Aunque no pertenece a una dinastía política --algo usual en Grecia--, el líder izquierdista fue un prematuro militante.

El país lo descubrió como representante de un movimiento estudiantil en un plató de televisión, en 1990, cuando aún adolescente, lanzó: "Queremos tener el derecho a decidir cuándo vamos a clase".

Desde entonces, ha conservado un rostro juvenil, su admiración por el Che Guevara --uno de sus hijos se llama Orfeo-Ernesto--, y culminó sus estudios en la Escuela Politécnica de Atenas, donde obtuvo un diploma de ingeniero civil.

Syriza, que Tsipras dirige desde 2008, ya fue impulsada como segunda fuerza del país y principal partido de oposición tras las elecciones legislativas del 2012.

Con un 16.78% de los votos, Syriza multiplicó por cuatro su votación de las precedentes elecciones de 2009 e hizo volar en pedazos el bipartidismo que dominaba el país desde la caída del régimen de los coroneles en julio de 1974.

No a medidas "bárbaras"

Nacido apenas unos días después de la dictadura, Tsipras construyó el éxito de su partido sobre el rechazo a las medidas "bárbaras" del memorando de acuerdo entre Grecia y sus interlocutores internacionales, que condiciona los préstamos de ayuda al país a un drástico programa de austeridad y reformas estructurales.

Tsipras había debutado temprano en política, en el seno de las juventudes comunistas griegas KKE, a fines de los años 80. Ganó los primeros galones en la rebelión de los liceos contra una reforma de liberalización del sistema educativo a principios de los 90. Tras abandonar la juventud comunista, Tsipras se afilió a Synaspismos, pequeño partido eurocomunista y altermundialista.

La caída de la Unión Soviética provocó una escisión en el seno de los comunistas del KKE, donde militaba, y la mayoría de sus militantes abandonó esta coalición, mientras una minoría permaneció en ella, entre estos el propio Tsipras, que optó por estos últimos y por la amalgama de socialistas, trotskistas, maoístas, ecologistas y otras varias familias de la dividida izquierda que en 2004 se convertiría en la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza).

Ingeniero civil de profesión, su carrera política comenzó en 2006, cuando fue nombrado candidato de su partido a la alcaldía de Atenas y consiguió el 10.6 % del voto, un resultado inesperado que le propulsó, a inicios de 2008, a la presidencia de Synaspismós, principal componente de Syriza.

Tras las elecciones de 2012, Tsipras emprendió con éxito el trabajo laborioso de la conversión de los diversos grupúsculos aliados a Synaspismós en el seno de Syriza, en un solo partido.

A los 33 años es elegido presidente de ese partido que en 2008 se transforma en una coalición de varias organizaciones bajo el nombre de Syriza, que se distingue de los comunistas por su posición favorable a Europa.

En las elecciones de 2009, Syriza obtuvo 4.6% de los votos, por debajo de lo esperado, debido, según los analistas, al apoyo que aportó a los disturbios urbanos que sacudieron Grecia tras la muerte de un joven baleado por la policía. No obstante, Tsipras logró un escaño en el parlamento.

Fue la eclosión de la crisis de la deuda en 2010 y los años siguientes de cataclismo económico los que dieron una creciente audiencia a esta izquierda radical y a su líder, que denunciaron la "crisis humanitaria" causada por las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea y el FMI a cambio de multimillonarios préstamos para salvar al país de la quiebra.


En las pasadas elecciones europeas, Syriza fue el partido más votado con una ventaja de casi un 4 % frente a Nueva Democracia, la formación del primer ministro conservador Andonis Samarás.

Tsipras centró su combate electoral en la necesidad de hacer frente a la crisis humanitaria desatada por la austeridad draconiana, luchar contra la evasión fiscal y liberar el sistema político de la influencia de los oligarcas. Durante toda la campaña, fue blanco de las acusaciones de su rival de que Syriza iba a provocar la salida de Grecia de la eurozona y la quiebra del país.

"La negociación será probablemente larga, será difícil, pero se cerrará con soluciones que serán en beneficio de todos los pueblos europeos. Los efectos de la austeridad son desastrosos para todos los pueblos europeos", sostuvo. Para sus adversarios conservadores y buena parte de los medios griegos Alexis Tsipras representaba el mal absoluto.

Dijeron de él que si ganaba las elecciones sacaría a Grecia del euro, confiscaría los depósitos bancarios y "convertirá el país en una segunda Corea de Norte". Para sus seguidores, en cambio, es el político que "devolverá al pueblo griego su dignidad" y "fortalecerá la democracia".

Ahora, Tsipras cuida su imagen internacional. Gracias a sus notables progresos en inglés, ha multiplicado las visitas al extranjero, entre ellas al presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, al ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble --defensor a ultranza de la disciplina presupuestaria--, y al papa Francisco.

Pero a pesar de su simpatía Tsipras puede ser duro en sus declaraciones. Los presidentes de los partidos con más tradición de gobierno, Antonis Samaras al frente de los conservadores y Evangelos Venizelos de los socialistas, son para él "traidores políticos" por haber implantado todas las órdenes de ahorro de los acreedores sin oponer una gran resistencia.

El líder de la izquierda griega ha moderado su discurso, aunque en algo sí se mantiene inflexible: "Nunca me han visto llevar corbata hasta ahora, y hay pocas posibilidades de que eso ocurra", afirma.

Tsipras, que es muy discreto sobre su vida privada, tiene dos hijos y vive con su compañera sin estar casado con ella, pese al conservadurismo de las costumbres griegas.