Personaje de la semana: Ada Colau, la alcaldesa activista de Barcelona

Esta mujer de 41 años, una de las activistas más conocidas de España por su lucha contra los desahucios de las personas que no pueden pagar la hipoteca de sus casas, gobierna ya la ciudad ...
Ada Colau, la nueva alcaldesa de Barcelona, es una joven luchadora por causas sociales
Ada Colau, la nueva alcaldesa de Barcelona, es una joven luchadora por causas sociales (AFP)

Barcelona

Cambia la camiseta verde de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) por el bastón de mando del ayuntamiento de Barcelona: Ada Colau, una de las activistas más conocidas en España, se puso este sábado al frente del gobierno de la capital de Cataluña.

Tachada de populista, inexperta y radical por sus rivales, esta mujer de 41 años consiguió un 25.21% de los votos y 11 concejales para hacerse con el ayuntamiento de la segunda ciudad más poblada de España, con 1.6 millones de habitantes.

Colau superó al actual alcalde conservador nacionalista Xavier Trias, que obtuvo diez ediles, y fue investida por mayoría absoluta en el pleno gracias al apoyo de los socialistas y la izquierda independentista de la región.

La nueva edil encarna mejor que nadie los cambios que está viviendo el escenario político español: si las últimas elecciones se caracterizaron por la irrupción de partidos emergentes que en poco tiempo lograron gran fuerza, la política barcelonesa pasó de liderar la lucha antidesahucios a gobernar la capital de Cataluña (noreste).

Lucha contra los desalojos

Colau, de 41 años, empezó a ser conocida públicamente en 2009, cuando fundó la PAH junto a otros compañeros y empezó a luchar contra los desalojos de quienes en medio de la crisis económica española no podían seguir haciendo frente al pago de sus viviendas y eran expulsados a la calle.

Pero no fue hasta el año pasado cuando dio el salto a la política para crear Guanyem Barcelona, una plataforma ciudadana que pretendía unir fuerzas para los comicios municipales del 24 de mayo.

Aquel fue el germen de Barcelona en Comú (BComú), la agrupación que congrega a partidos de izquierda y ecologistas catalanes -Esquerra Unida i Alternativa, Equo, Iniciativa per Catalunya Verds, Procés Constituent- además de contar con el respaldo de Podemos, el partido emergente de izquierda que lidera Pablo Iglesias.

Pero antes de política, Colau fue sobre todo activista: en los años 90 protestó contra la Guerra del Golfo y más tarde formó parte de los movimientos antiglobalización. Sin embargo, fue su lucha por el derecho a una vivienda digna para los ciudadanos la que impulsó su imagen pública, primero en el Movimiento por una Vivienda Digna en España y después en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

"No somos demagogos, no somos ingenuos. Hay que actualizar las formas de hacer política", dijo en su primer discurso, en el que llamó a "recuperar la sonrisa, el sueño colectivo y la ilusión de una ciudad más justa y más democrática".

De facciones redondeadas y pelo corto y ondulado, su rostro no era anónimo. Su liderazgo de la PAH, una organización contra los desahucios de familias que no podían pagar la hipoteca, ya la había convertido en una heroína entre los más afectados por la crisis.

Y sus primeras medidas de gobierno deberían ser para ellos: paralizar los desahucios, ceder pisos vacíos a alquileres sociales, forzar las compañías a reducir las tarifas del agua, la luz o el gas o introducir una renta de 600 euros para las familias en riesgo de pobreza.

El auge de las reivindicaciones de los indignados con el movimiento 15-M y la plataforma Democracia Real Ya, nacidos hace cuatro años también en vísperas de las elecciones municipales y regionales, fueron cruciales para el salto de Colau al escenario público y mediático.

Su causa por la reforma de la política de vivienda centró gran parte de su campaña para las elecciones del pasado 24 de mayo, pero también saltaron a los titulares otras propuestas más polémicas, como la creación de una moneda propia para Barcelona, con el objetivo de "promover el desarrollo local y el comercio de proximidad". Los críticos no tardaron en comparar esa medida con otra que exploró el chavismo en Venezuela.

Durante la campaña, recorrió a fondo las zonas más empobrecidas de esta ciudad que esconde grandes diferencias entre los barrios ricos y pobres, agravadas por la crisis. Sin pasado político ni militancia en ningún partido, Colau quiere acabar con los "privilegios" de los dirigentes.

Se bajará el sueldo

Así, se bajará el sueldo a 2,200 euros mensuales -contra 143 mil anuales del anterior alcalde nacionalista conservador Xavier Trias-, reducirá los coches oficiales y limitará los mandatos a dos legislaturas.

Se mueve en transporte público, viste camiseta y vaqueros. Además, vive de alquiler con su compañero, también activista, y su hijo Luca de cuatro años, que con poco más de un año ya sabía decir "sí, se puede", uno de los lemas de los "indignados" inspirado en el "Yes, we can" de Barack Obama.

Estudiante de filosofía, dejó la carrera cuando estaba a punto de terminarla para ayudar económicamente a su familia. Sus inicios fueron precarios: encuestadora, azafata, profesora particular... hasta 2007, cuando entró en un centro de estudios económicos y sociales. "El sueldo más alto que he tenido ha sido de 1,500 euros", dijo recientemente.

Su candidatura ha contado con el respaldo público de figuras como el ex presidente uruguayo José Mujica, que se reunió con ella durante una visita privada a Barcelona, la cineasta catalana Isabel Coixet y el intelectual estadunidense Noam Chomsky, cuyo respaldo provocó uno de los momentos más polémicos de la campaña.

El diario local La Vanguardia incluyó el nombre de Colau en una información sobre el que fuera líder de la red terrorista Al Qaeda Osama bin Laden: al informar de que en la lista de objetos encontrados en el escondite de Bin Laden antes de ser abatido se encontraba un libro de Chomsky, el diario aprovechaba para señalar que el intelectual acababa de apoyar con su firma a Colau.

"Muchos lo habían intentado, pero sólo 'La Vanguardia' me ha pillado: Bin Laden!", bromeó la propia aludida poco después en su cuenta de Twitter. Como candidata de la capital de Cataluña y en medio del órdago independentista lanzado por el gobierno regional de Artur Mas al de Madrid, Colau no acabó de definirse durante la campaña. "No soy independentista. Ni catalana ni española", se limitó a decir, aunque aseguró "apoyar el derecho a decidir".

Los analistas señalan que logró atraer votos tanto del sector catalanista como a la izquierda no nacionalista. Hace unos días, anunció que participará en la marcha independentista que cada año se celebra el 11 de septiembre, coincidiendo con la Diada, la fiesta más importante de Cataluña.

Colau se atrevió a cantar en campaña con un video electoral musical en clave de rumba, "El Run Run", que dio la vuelta al país. Aunque no ha sido su única incursión artística: hace años hizo una pequeña aparición en una serie para televisión.

Además, ha cosechado varios premios sociales y escrito varios libros, como "Vidas Hipotecadas" (2012, Editorial Cuadrilátero de Libros) y "¡Sí se puede! Crónica de una pequeña gran victoria" (2013, Destino), este último junto a su pareja, el economista Adrià Alemany, con quien tiene un hijo nacido en 2011. Hasta ahora trabajaba como responsable de Vivienda en el Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Barcelona.

Cuarta hija de un diseñador gráfico y una comercial, separados después, Colau nació el 3 de marzo de 1974 en Barcelona pocas horas antes de que fuera ejecutado el último reo de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), Salvador Puig i Antich, un conocido anarquista catalán.

"Mi madre me lo recuerda cumpleaños tras cumpleaños y eso marcó mi compromiso con la lucha por el cambio social", dice ella. De su mano asistió a su primera manifestación con solo cinco años, un hábito del que ya no se desprendería. Participó en sindicatos estudiantiles, movimientos antiglobalización, protestas en contra de la guerra de Irak y, sobre todo, asociaciones para reivindicar el derecho a la vivienda.

Su trabajo desde la PAH, denunciando los excesos del sector bancario y frenando más de mil desahucios, le valió una agria animadversión del gobernante Partido Popular, que la calificó incluso de "terrorista", pero también el "Premio Ciudadano Europeo 2013" del Parlamento Europeo.

"De esa lucha he sacado mis principales aprendizajes y uno de mis principales mandatos: ser una alcaldesa a pie de calle", dijo este sábado. Ahora, su lucha se traslada a las esferas del poder que tanto había criticado con el objetivo de convertir Barcelona en "la punta de lanza de un cambio democrático en España y el sur de Europa".