Perfil: Zerai Kiros Abraham, eritreo en Alemania desde 1990

En Fráncfort, un ex refugiado hace pedalear a sus compatriotas exilados en un equipo ciclista como una forma de incentivar su autoestima y avanzar hacia la integración.
El eritreo Zerai Kiron Abraham, en el Social Impact Lab de Frankfurt am Main, en el oeste de Alemania
El eritreo Zerai Kiron Abraham, en el Social Impact Lab de Frankfurt am Main, en el oeste de Alemania (AFP)

Fráncfort

"No debo olvidarme de que también fui un refugiado", asegura Zerai Kiros Abraham, un eritreo llegado a Alemania en 1990, que ha fundado un equipo ciclista de compatriotas exiliados con el fin de incentivar su autoestima y "pedalear" hacia la integración.

Diez refugiados eritreos se han unido a este "Team AfriQa" en Fráncfort, con la esperanza de relanzar sus vidas en su país de acogida. En Eritrea, país sumido en una dictadura sangrienta, el ciclismo es deporte nacional. De ahí la importancia para muchos eritreos de practicar este deporte cuando llegan a Europa.

"Team AfriQa es el lugar donde encontré la esperanza y conseguí amigos que comparten mi mismo sueño", asegura Filmon Negasi, de 17 años, quien llegó hace 15 meses tras un peligroso periplo de un año y medio.

Como este joven ciclista, que pasó por Sudán, Libia e Italia, muchos de sus compatriotas arriesgan su vida para escapar del régimen de Issayas Afeworki. En Alemania, unos cinco mil han solicitado asilo desde principios de año, según el ministerio de Interior, que estima que el país recibirá en 2015 un número récord de 800 mil peticiones.

"Imágenes positivas"

El país se enfrenta así a su "mayor desafío desde la reunificación", según el vicecanciller Sigmar Gabriel, y los migrantes al de la integración en una sociedad extranjera.

Proyectos como "Team AfriQa" se convierten, en este contexto, en una herramienta para que los alemanes puedan "ver a los refugiados de otra manera", asegura un sonriente Abraham, con un corte de pelo afro, quien quiere ver "imágenes positivas" de los refugiados en los medios de comunicación.

Este creativo francfortés de adopción, de 38 años, acaba de lanzar también una campaña de micromecenazgo en el portal 'fairplaid.org' para conseguir 7,500 euros para la compra de diez bicicletas y el material necesario para el equipo.

A continuación, vendrá el turno de los patrocinadores. "El Team AfriQa" "no ganará el Tour de Francia", pero su objetivo es convertirse en "un equipo profesional", reitera este exrefugiado.

La bicicleta no es su única herramienta de actuación. En 2005, fundó el Proyecto Moisés para que los refugiados tengan acceso a cursos de lengua, a una ayuda administrativa o a apoyo escolar.

"Los refugiados necesitan un acceso a la formación, a la cultura y al mundo del trabajo", precisa. Y, siempre con este mismo objetivo, trabaja en la creación de su centro "Ubuntu Haus", que significa "humanidad" o "fraternidad" en zulú.

El lugar, situado en el centro de la ciudad, tiene que convertirse a la vez en una cafetería, una galería y un espacio para talleres y seminarios. Asimismo, destinará parte de sus beneficios a otros proyectos y un 60% de sus trabajadores serán refugiados. Esta será una ocasión para tratarse "de igual a igual", espera Abraham, apostando por el interés de los francforteses en divertirse y no tanto por su compasión.

"Aspirar a la felicidad"

Desde su llegada hace 25 años, la situación de los refugiados en Alemania "ha cambiado mucho", asegura. Su madre, por ejemplo, tuvo que esperar muchos años para poder trabajar, mientras que ahora el procedimiento dura sólo algunos meses.

Sin embargo, Alemania, país de la UE que acoge el mayor número de refugiados junto a Suecia, "todavía puede hacerlo mejor". El miedo avanza en Alemania, donde los incendios intencionados de albergues para refugiados se multiplican y el discurso xenófobo gana adeptos. Frente a este nerviosismo, Abraham ha querido dar una lección de humildad.

Este invierno se hizo pasar en Twitter por un rico heredero que había escondido billetes de 50 euros en Fráncfort. Su objetivo era demostrar que, si los alemanes están dispuestos a participar en una búsqueda del tesoro bajo el frío, no pueden reprochar nada a los migrantes que huyen de la guerra y la miseria. "Aspirar a la felicidad es un comportamiento normal. Me da pena que algunos, aquí, lo hayan olvidado", concluye.