Perfil: Yanis Varoufakis, ministro griego de Finanzas

Este corpulento "economista por accidente" que se describe también como "marxista ocasional", luchará por aligerar la deuda griega y se opone a los rescates pero está decidido a seguir en el euro.
Yanis Varoufakis camina por una calle de Atenas tras ser designado nuevo primer ministro de Economía
Yanis Varoufakis camina por una calle de Atenas tras ser designado nuevo primer ministro de Economía (AFP)

Atenas

Corpulento, popular en la prensa, universitario trotamundos, el nuevo ministro de Finanzas Yanis Varoufakis que se encargará en Bruselas de aligerar la deuda griega, ha sido un férreo opositor a los rescates pero decidido a seguir en el euro.

Este "marxista ocasional", como se describe a sí mismo en su blog, no resume el pensamiento lleno de matices del "economista por accidente", aficionado a los lemas sorprendentes.

Hiperactivo en el debate público desde que su país cayó en la tormenta financiera, no para de opinar en blogs, Twitter, tribunas de prensa, conferencias o libros para hacer oír sus diferencias que también cultiva en el aspecto personal: cabeza rasurada, mandíbula cuadrada, camisas floreadas y camisetas en vez de trajes grises.

Formado en Gran Bretaña donde fue docente, este profesor universitario de 53 años vivió varios varios años en Australia, fichado por una universidad conservadora que quería "expulsar a otro candidato cuyo mentor pasaba por ser un peligroso izquierdista", cuenta en su blog para subrayar la ironía de la historia.

Para "escapar" de la Inglaterra liberal, donde Margaret Thatcher acababa de ser reelegida por tercera vez, se fue a Sídney. "Más tarde", relata, "me trasladé a Grecia para convertirme, imprudentemente pero de manera totalmente oficial en asesor de Giorgos Papandreu, cuyo gobierno iba a iniciar el paso de Grecia por el infierno unos años más tarde".

Tras esta primera incursión en política, entre 2004 y 2006, en las filas de los socialistas griegos que estaban entonces en la oposición, Varoufakis se convertiría en uno de los críticos más virulentos de su gestión de la crisis. Fue el propio Papandreu el que en 2009, cuando era primer ministro, se resignó a pedir ayuda a la UE y al FMI porque Grecia estaba aplastada por su deuda.

Europa más solidaria

Yanis Varoufakis fue uno de los primeros en advertir del riesgo de impago de su país, actitud que le valió el mote de "Dr Doom" ("Dr. Catástrofe"). En 2012 tuvo que irse de Grecia ante las amenazas que recibió por sus constantes críticas a la estrategia de los planes de rescate, que se vieron complementados con una austeridad draconiana.

Pese a su exilio en la Universidad de Texas, el economista no dejó de ser una figura en el debate sobre Grecia, al que los periodistas recurren cuando buscan un punto de vista crítico.

"La única posibilidad realista que tiene Grecia de permanecer en la zona euro es denunciar los términos de su acuerdo de 'rescate'. En realidad, esto podría ser la condición previa para la supervivencia de la zona euro", decía en 2012 en un artículo en el diario francés Le Monde.

"Estados insolventes están obligados a endeudarse para reembolsar a un banco central que presta a bancos insolventes que reciben capitales de Estados insolventes y al mismo tiempo prestan una parte del dinero que han pedido prestado al banco central", decía describiendo un "una mecánica convertida en locura".

En uno de sus libros recientes, "Modesta propuesta para superar la crisis del euro", escrita con el británico Stuart Holland, miembro del Partido Laborista, defiende que se refuerce la solidaridad en la zona euro, con un banco central más activo.

"Los europeos deben mutualizar rápidamente grandes partes de la deuda europea, recapitalizar los bancos en dificultades a nivel europeo y lanzar un programa de inversiones masivo", explicaba en 2011 a la AFP.

"En Estados Unidos, cuando un banco cuya sede está en Nueva York, está en dificultad, no es el Estado de Nueva York el que procede a la recapitalización, es el gobierno federal", recordaba.

Pero siempre ha dicho que salir del euro sería peor que mantenerse en la eurozona, ya que la inevitable depreciación de la dracma, la antigua moneda griega, llevaría a una "transferencia masiva del poder" de los más pobres, cuyos ingresos y ahorro no valdrían más nada, hacia los más ricos, que habrían puesto sus euros a buen recaudo.