Rousseff, la ex guerrillera brasileña que lucha por salvar su presidencia

Dilma Rousseff, la ex guerrillera que se enfrentó a la dictadura brasileña, dijo que tendrá que luchar contra un nuevo golpe para defender a la democracia.
Dilma Rousseff se enfrenta al momento más difícil de su etapa como presidenta de Brasil
Dilma Rousseff se enfrenta al momento más difícil de su etapa como presidenta de Brasil (AP)

Río de Janeiro

Dilma Rousseff sabe dar batallas. Aquella joven guerrillera izquierdista que miraba desafiante a los militares que le enjuiciaron durante la dictadura brasileña no ha perdido el aire altivo con el que, 45 años después, lucha por salvar su mandato.

En 2011, cumplidas cuatro décadas desde aquellos días oscuros de 1970 en los que fue presa y torturada, Rousseff se convertía en la primera mujer en presidir Brasil. Cinco años después, tras ser reelecta, su histórico ascenso corre el riesgo de ser cortado en seco.

La comisión parlamentaria que analizó el pedido de impechment abierto en diciembre votó a favor de la continuidad del proceso.

En el corazón de la tormenta, la "dama de hierro" brasileña, de 68 años, se ha mantenido erguida, aferrada a la determinación -o arrogancia, según sus críticos- que impregna su biografía. Con la cabeza alta aseguró en varias ocasiones que "jamás" renunciará, al tiempo que denunciaba un "golpe de Estado".

"Sufro una vez más el dolor abominable de la injusticia. Lo que me duele más en este momento es percibir que soy víctima de una farsa política y jurídica", dijo Rousseff en su discurso tras ser notificada de el juicio político en su contra.

Poco flexible

Rousseff fue electa en 2010, catapultada por el Partido de los Trabajadores (PT) y escogida a dedo por su padrino político, Luiz Inacio Lula da Silva, de quien heredó una abrumadora popularidad.

Un año después de asumir la jefatura de Estado de la mayor economía de América latina, Dilma, como se le llama popularmente en Brasil, era la tercera mujer más poderosa del mundo según la revista Forbes, detrás de la canciller alemana, Angela Merkel, y de la entonces secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton.

Aunque a los pocos meses de ser reelegida en 2014, por un estrecho margen, su aprobación se desplomó al 10 por ciento, arrastrada por el recrudecimiento de la recesión económica y el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, por el cual han sido arrestados varios políticos de su partido, y el propio Lula está siendo investigado.

Se le acusa de utilizar préstamos de bancos estatales para ocultar déficit presupuestarios en 2014, año de su reelección, y en 2015. Pero la exguerrillera de izquierda ha repetido una y mil veces que el impeachment es un golpe y por eso no renunciará.

Como jefa del gabinete de su predecesor, o cuando antes estuvo al frente de la cartera de Energía, se ganó una reputación de tecnócrata sin carisma, firme y severa al reconvenir a sus ministros en público.

Los críticos la consideran un clásico "accidente presidencial", ya que nunca antes había sido electa para ningún otro cargo. Rousseff manda, no negocia. Una falta de flexibilidad que trató de suplir llamando de urgencia a Lula en su auxilio, en momentos en que sólo una hábil mano izquierda parlamentaria puede salvarle de la destitución.

Divertida

Dos veces separada, la mandataria tiene una hija, Paula, de su matrimonio de 30 años con su segundo esposo, el también ex guerrillero izquierdista Carlos de Araujo, y dos nietos con los que exhibe su lado más tierno.

"Dilma es una persona con un gran sentido del humor, divertida, extremadamente solidaria y generosa", dijo el año pasado a la AFP su excompañera de cárcel Ieda Akselrud de Seixas.

La mandataria tampoco escapó a la obsesión nacional por las cirugías plásticas: se blanqueó los dientes, se trató las arrugas, y más recientemente hizo una dieta con la que perdió más de 15 kilos. Esta imagen dista de la de 2009, cuando un tratamiento contra el cáncer la obligó incluso a llevar una peluca.

La pesadilla de su segundo mandato, sin embargo, se transparenta ahora en un rostro ojeroso y una delgadez cansada. "Yo no me deprimo, no soy una persona depresiva. No tengo sentimiento de culpa (...) Y duermo muy bien. Me acuesto a las diez de la noche y me levanto a las seis menos cuarto de la mañana", afirmó no obstante al diario El País.

"Papisa de la subversión"

Nació el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte (sureste), en una familia de clase media formada por un inmigrante búlgaro y una maestra de escuela. Marxista, entró en la resistencia contra la dictadura militar (1964-85) y en 1970, con 22 años, fue condenada a prisión por pertenecer a un grupo armado clandestino, responsable de asesinatos en robos bancarios.

Su participación en la lucha armada está envuelta en una nebulosa, pero la mayoría de los informes coinciden en que tuvo una labor de apoyo y no estuvo involucrada directamente en operaciones comando.

Con todo, el juez que la condenó la llamó "papisa de la subversión" y en esos casi tres años que pasó en prisión fue torturada, según reveló el periodista Ricardo Amaral en una biografía de la mandataria, donde apareció la fotografía inédita de Dilma ante los jueces militares.

En aquella imagen en blanco y negro se adivina el mismo gesto airado con el que, mientras los tentáculos de la crisis parecían asfixiarla definitivamente, lanzó provocadora a los periodistas hace un mes: "¿Creen que tengo la cara de quien está resignada? Yo no estoy resignada ante nada y no tengo esa actitud ante la vida".