Perfil: Hillary Clinton, una mujer incombustible con un sueño presidencial

La ex primera dama anunció hoy su segundo intento por alcanzar el ambicioso sueño de su vida: conducir la Casa Blanca como la primera presidenta de Estados Unidos.
Más de veinte años después, Hillary Clinton quiere volver a la Casa Blanca pero esta vez como presidenta
Más de veinte años después, Hillary Clinton quiere volver a la Casa Blanca pero esta vez como presidenta (AFP)

Washington

En la campaña presidencial de EU de 1992, Bill Clinton dijo que al apoyarlo a él, los electores recibían "dos por el precio de uno". Se refería a su esposa, Hillary Clinton, una mujer incombustible que hoy anunció su segundo intento por cumplir el ambicioso sueño de su vida: ser presidenta.

"Si le votas a él, también me tendrás a mí", dijo entonces Hillary, y fue verdad. En los 23 años que han pasado desde entonces la luchadora abogada de Chicago (Illionis) ha sido primera dama, senadora, candidata a las primarias demócratas y secretaria de Estado del país norteamericano.

Se trata de la mujer más admirada, más criticada y más analizada en la historia de Estados Unidos, y a pesar de ser una figura pública desde hace 37 años, a los 67 de edad Hillary Clinton busca una vez más seducir al país.

¿Quién en Estados Unidos no siente familiaridad con la vida de Hillary y Bill Clinton? Han sobrevivido a muchas cosas bajo el mirada de todos desde 1977, el año antes que Bill resultó electo gobernador del estado de Arkansas.

Parte de los archivos de Hillary como primera dama ya se han hecho públicos, y documentos de su confidente Diane Blair, quien falleció en 2000, están disponibles en la Universidad de Arkansas.

Las aventuras sexuales de su marido están allí expuestas con todos los detalles. La propia Hillary recuerda la furia contra su marido y mentor luego del escándalo con Monica Lewinsky, las amenazas de divorcio, y las sesiones de terapia matrimonial.

Unos 22 años más tarde, después de un período como Senadora y cuatro años al frente de la diplomacia en el gobierno de Obama, permanece omnipresente a los ojos del público.

Acostumbrada a hacer historia, Hillary Clinton aspira ahora a convertirse en la primera mujer presidenta de Estados Unidos, un sueño que le frustró en 2008 un joven senador llamado Barack Obama.

Cuando anunció su primera candidatura, el 20 de enero de 2007, Hillary tenía 59 años y acababa de ser reelegida como senadora por Nueva York para un segundo mandato.

Este domingo, con 67 años, una Hillary Clinton ya abuela volverá a intentarlo tras haber liderado la diplomacia estadunidense durante cuatro años (2009-2013) como secretaria de Estado de Obama.

De hacerse con la Casa Blanca en 2016, Hillary sería a los 69 años la segunda persona de mayor edad en tomar las riendas del país, sólo unos meses más joven que el republicano Ronald Reagan cuando fue elegido en 1980.

"Convertirme en abuela me ha hecho pensar mucho en la responsabilidad que todos tenemos como administradores del mundo que heredamos y que un día dejaremos en herencia. Ser abuela, en lugar de hacerme querer bajar el ritmo, me ha animado a acelerar", señala Clinton en un nuevo epílogo de su libro de memorias Hard Choices.

Desde que acompañaba al joven candidato demócrata Bill Clinton en los años noventa, Hillary Clinton ha sido uno de esos personajes políticos que se ama o se odia.

En las viñetas de aquellos años se la dibujaba como una gata de uñas afiladas por su fuerte carácter y sus controvertidos comentarios, demasiado contundentes para lo que se esperaba entonces de una futura primera dama.

A pesar del esfuerzo de sus asesores por suavizar su imagen, Hillary no ha podido sacudirse nunca esa fama de mujer dura, fría, calculadora y ambiciosa. Su personalidad se forjó en el seno de una estricta familia conservadora de clase media-alta de Chicago, con sus padres, el empresario textil Hugh Rodham y la ama de casa Dorothy, le inculcaron desde muy pequeña que ni la cobardía ni la debilidad de carácter eran aceptables.

Clinton creció en un rico suburbio de Chicago, Park Ridge, junto a sus dos hermanos menores, Hugh y Tony, en un entorno de profundas creencias metodistas. La resiliencia y perseverancia que aprendió de sus padres han sido vitales para Hillary, que ha tenido que capear todo tipo de tormentas personales y políticas a lo largo de su vida.

En la década de 1960, a medida que avanzaban sus estudios, Hillary conoció de cerca las luchas por los derechos civiles e igualdad de género. En 1969 accedió a la prestigiosa escuela de derecho de Yale, y conoció a Bill Clinton, un rubio alto que cambiaría el curso de su vida.

La mayor prueba a su resistencia fue el escándalo del "affaire" del entonces presidente Bill Clinton con la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky en 1998. Haciendo de tripas corazón, la primera dama perdonó a su marido y se quedó a su lado, como había hecho con otros líos de faldas anteriores.

Como primera dama del país, jugó un papel político al punto que llegó a tener su propia oficina en la famosa Ala Occidental de la Casa Blanca. Sus relaciones con legisladores y periodistas rápidamente se descompusieron, y los opositores republicanos la catalogaron como una feminista radical.

Hillary sufrió una intensa humillación con el escándalo Lewinsky en 1998, pero en diciembre de ese mismo año un sondeo reveló que a pesar del caso ella disfrutaba de una enorme popularidad, con una aprobación de 67%.

Hillary y Bill se conocieron en 1971, cuando ambos estudiaban en la facultad de Derecho de la prestigiosa Universidad de Yale (Connecticut). La joven le dejó claro su arrojo desde el primer minuto, fue ella la que se aproximo a Bill y le dijo: "Si vas a seguir mirándome así, y yo a ti, más vale que nos presentemos".

En 1974 Hillary se instaló brevemente en Washington, y rápidamente se instaló con Clinton en Arkansas. Al tiempo que Bill pavimentaba su camino al cargo de gobernador de ese Estado, Hillary se incorporó a una prestigiosa firma de abogados.

En otro gesto de independencia y a diferencia de lo que es tradicional en las mujeres de Estados Unidos, no cambió su apellido cuando se casaron en 1975. Sí lo hizo años después, ante las presiones de los ciudadanos de Arkansas, que no aprobaban que la primera dama del estado no compartiera apellido con el entonces gobernador Bill Clinton (1979-1981, 1983-1992).

El fracaso de Bill Clinton en la reelección de 1980 afectó duramente a la pareja, pero ese fue también el año en el que tuvieron a su única hija, Chelsea, que pasó su adolescencia en la Casa Blanca y ha heredado el gusto de sus padres por la política.

Tras su maternidad el año pasado, Chelsea dejó su trabajo en la NBC para concentrarse en su hija Charlotte y en la fundación familiar que pasó a llamarse Bill, Hillary & Chelsea Clinton Foundation cuando Hillary dejó el Departamento de Estado en 2013. Los Clinton podrían volver a la Casa Blanca más de veinte años después, en 2017, esta vez de la mano de Hillary.

Electo presidente en 2008, Obama mantuvo la unidad del partido al convocar a Hillary para el Departamento de Estado. En cuatro años, Hillary viajó por todo el mundo, consolidando una reputación de estadista, aunque numerosas voces argumenten que nunca consiguió ningún éxito diplomático.

En 2015, Hillary aún carga una imagen maquiavélica, y de acuerdo con la red CNN solamente votantes nacidos después de 1980 la consideran mayoritariamente como "honesta y confiable".

Al convertirse en primera dama en 1993, Hillary Clinton hizo toda una declaración de intenciones: ella no iba a dedicarse a hacer galletas y tomar té. Lo ha cumplido.