Perfil: Christine Lagarde, directora gerente del FMI

La meteórica carrera de esta economista francesa, primera mujer ministra de Economía en su país, se ve atormentada actualmente por la amenaza de default en Grecia, que podría afectar a su ...
Christine Lagarde, directora del FMI, durante su intervención en el Brookings Institute de Washington sobre la crisis griega
Christine Lagarde, directora del FMI, durante su intervención en el Brookings Institute de Washington sobre la crisis griega (AFP)

Washington

Christine Lagarde atravesó el Atlántico, cambió su hábito de ministra por el de jefa del FMI y se unió a la élite de los líderes mundiales, sin lograr, sin embargo, escaparse de su peor dolor de cabeza: Grecia.

Desde París a Washington, la carrera meteórica de esta ex abogada de negocios que se metió en política en 2005 no ha dejado de cruzarse con Atenas y sus tormentos financieros de los últimos cinco años.

El default que amenaza actualmente a Grecia podría afectar el proyecto de Lagarde de volver a estar a la cabeza del Fondo Monetario Internacional (FMI). "Si Grecia se hunde (...) para ella será un fracaso inmenso", comentó Desmond Lachman, un ex funcionario del FMI.

Cuando se acordó el primer plan de ayuda a Grecia en 2010, esta madre de dos hijos ya se encontraba en un puesto de alto mando: era la primera mujer ministra de Economía de Francia, por lo que participó de todas las reuniones europeas para salvar al país del precipicio.

En julio de 2011, Lagarde se cambió de atuendo. Luego de la dimisión forzada de Dominique Strauss-Kahn, se convirtió en la primera mujer en dirigir el FMI. Es así que entra en el cerrado círculo de los grandes dirigentes del mundo.

Pero las causas de sus jaquecas siguen siendo las mismas: en 2012, menos de un año después de su entronización, Lagarde avaló un segundo plan de ayuda a Grecia, y actualmente el país continúa en el centro de las preocupaciones debido a la ruptura de las negociaciones el sábado en Bruselas.

A lo largo de las recientes rondas de negociaciones con Atenas, la ex campeona de natación sincronizada supo usar su labia y sus contactos. "Conoce de memoria la situación y todo el mundo la conoce de memoria en Bruselas", resume su entorno.

Franca

Acostumbrada a las negociaciones maratónicas y al estilo diplomático, Lagarde, quien festejará sus 60 años en 2016, nunca dejó de ser franca con el tema de Grecia. La franqueza es su marca y a veces su debilidad.

Luego del reciente fracaso de una reunión, reclamó con firmeza poder hablar con "adultos" al referirse implícitamente a las autoridades de Atenas. En 2012, su llamado a los griegos, asfixiados por los planes de austeridad, a pagar todos "sus impuestos" generó ruidos en su entorno.

Paralelamente, tampoco dudó en ofender a los europeos al reclamar el lunes una recapitalización de sus bancos o apurándolos para que alcancen un acuerdo que alivie la deuda a los griegos.

Estratega

¿Simples torpezas? Como buena estratega, en realidad Lagarde sabe alternar los golpes de efecto con un lenguaje un poco más educado. "Puede ser muy educada, muy simpática, pero también muy firme e intimidante cuando quiere hacer escuchar su punto de vista", afirmó a la AFP Andrea Montanino, ex representante italiano del FMI.

Como jefa del FMI sabe manejar sus distintas facetas para atender las susceptibilidades de los 188 Estados miembros, especialmente aquellas de los países emergentes descontentos con las generosidades hacia Grecia. "Tiene una postura firme con el caso griego porque no puede torcer las reglas del FMI", estimó Montanino.

Pero más allá de estos temas espinosos, Lagarde supo cómo hacer para poner a trabajar a una institución traumatizada por el escándalo "DSK", mostrando su cara más consensual de mujer vegetariana con pinta de deportista y cabello canoso. Su aura es indiscutible: puede compartir estrado con Hillary Clinton como con la presidenta del Banco Central estadunidense, Janet Yellen.

Lagarde, sin embargo, no ha logrado aún hacer aprobar una reforma del FMI que refuerce el peso de los países emergentes, pese a su promesa de hacer "la danza del vientre" frente a los legisladores estadunidenses que bloquean el proceso.

Su pensamiento económico permanece insondable. Ya en Francia, sus detractores aseguraban que la política económica se manejaba más en el Elíseo que en su ministerio. Este no es el único mal recuerdo de su paso por Bercy. La ex ministra está acusada de "negligencia" en el caso de un polémico arbitraje de Tapie-Crédit Lyonnais.

Si vuelve ante los tribunales, o si no logra solucionar el tema Grecia, Lagarde podría tener inconvenientes en su carrera para alcanzar un nuevo mandato en el FMI en 2016.