Pedro Sánchez se aferra a la silla del PSOE

Tras su doble derrota en las elecciones gallegas y vascas, el líder socialista de España, Pedro Sánchez, dejó claro que no piensa dimitir y recordó a sus rivales que dará batalla "hasta el final".
El líder del PSOE, Pedro Sánchez durante una conferencia en Madrid.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez durante una conferencia en Madrid. (Reuters)

Madrid

Tras los pésimos resultados en las elecciones del pasado domingo en El País Vasco y Galicia, en los que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) quedó relegado a la tercera fuerza política, su líder Pedro Sánchez aseguró que "no se plantea dimitir", tampoco en el caso de que el Comité Federal rechace el próximo sábado su propuesta de celebrar un congreso a principios de diciembre después de las primarias en octubre.

Sánchez afirmó que "por supuesto que no" va dimitir y mandó un mensaje a los líderes socialistas en algunas comunidades autónomas del país, que son sus mayores críticos, y les recordó que está dispuesto a dar la batalla hasta el final.

En declaraciones en una radio local, Sánchez Castrejón afirmó que con la celebración del congreso, está asumiendo su "responsabilidad política" y emplazó a los detractores a que si rechazan la asamblea, digan qué propuestas tienen y que soluciones aportan.

Eso sí, advirtió que sin el respaldo de todo su partido no será posible un Gobierno alternativo al de Mariano Rajoy, a propósito de que prácticamente todos lo culpan del bloqueo político que vive España y que ha provocado el país lleve más de 280 días con un gobierno en funciones.

El socialista insistió en que lo mejor para España es un Gobierno socialista apoyado por Ciudadanos, el partido de centroderecha, y Podemos de extrema izquierda, algo que todos coinciden aquí que es casi imposible.

En su opinión, para un país, unas elecciones "nunca es una mala solución". "Lo que es una mala solución es que desde la izquierda, con el voto, se intente indultar a un presidente del Gobierno como Rajoy", dijo.

Mencionó que está dispuesto a aceptar "un gobierno de coalición, con independientes de prestigio, que se someta a una cuestión de confianza a los dos años", e insistió en que hablará "con los nacionalistas catalanes".

Por eso criticó además a los "barones", que es como se llama a los presidentes socialistas de comunidades autónomas, que pretenden que se deje gobernar a Rajoy y que ahora algunos de su partido pretenden "indultar".

Pedro Sánchez lamentó también que "la pluralidad de voces" que ha habido en los últimos cuatro años en el seno del Partido Socialista "ha trasladado la sensación o la certeza a la opinión pública de que no hay una autoridad, una única voz".

Además, reconoció que es "evidente" que no tiene buena relación con ninguno de los presidentes autonómicos de su partido, ni con los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero; ni tampoco sus rivales en el pasado congreso por la secretaría general, los ex ministros Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón, e insistió en que deben hablar los militantes para solucionar el debate de fondo que, a su juicio, atraviesa el PSOE, y eso debe ser en el Congreso del partido en diciembre.

Según el líder socialista, "ha llegado la hora de que pongamos las cartas sobre la mesa", y apuntó que no teme el Comité del sábado porque tiene "ganas de decirnos las verdades y de que cuando el PSOE vote, el partido tenga una sola voz, la de su secretario general".

En este sentido, reiteró que "que como líder se me intente imponer una decisión que no comparto" para ponerla en práctica, en referencia a una posible abstención para que Rajoy fuera investido presidente, y ha insistido en que eso llevaría al PSOE "a esa posición política", la de un PSOE subalterno al conservador Partido Popular.

JA