Papa pide unidad y ejemplo para evangelizar

Francisco llamó a fieles latinoamericanos a unirse y dar el ejemplo de la verdadera evangelización para atraer a los alejados. Más de un millón de personas asistieron a la misa en Ecuador.
El papa Francisco llega al Parque Bicentenario en Quito para celebrar la misa.
El papa Francisco llega al Parque Bicentenario en Quito para celebrar la misa. (Reuters)

Quito

El papa Francisco pidió a los fieles latinoamericanos la unidad y ejemplo de los católicos, como la mejor expresión de la verdadera evangelización.

"También nosotros constatamos a diario que vivimos en un mundo lacerado por las guerras y la violencia. Sería superficial pensar que la división y el odio afectan sólo a las tensiones entre los países o los grupos sociales", expresó el pontífice en la misa que ofició en el Parque Bicentenario de la capital ecuatoriana.

Los fieles coreaban "Francisco, Francisco" y muchas personas aplaudían con más fuerza en partes de la homilía del papa.

El ministro del Interior José Serrano, estimó que el número de asistentes a la misa superaba el millón de personas.

El oficio religioso, al que asistió en primera fila el presidente Rafael Correa y otros altos funcionarios públicos, se cumplió en una marco de un sol esplendoroso que se abrió paso en medio de densas nubes que horas antes dejaron caer un pertinaz aguacero sobre miles de fieles congregados en el sitio durante la madrugada.

Francisco afirmó que en el mundo reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, pero que los cristianos deben insistir en la "propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas".

"La evangelización no consiste en hacer proselitismo. El proselitismo es una caricatura de la evangelización".

Dijo que la evangelización consiste "en atraer con nuestro testimonio a los alejados, en acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles: El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor", afirmó.

Monseñor, Fausto Trávez, presidente de la Conferencia Episcopal, al final del servicio religioso dijo que la visita de Francisco a Ecuador "suscita gran interés, esperanza y alegría; porque escuchamos en sus palabras la mismo voz de Dios y de la iglesia. Nuestro pueblo tiene hambre de Dios".

Manifestó que "nuestro pueblo quedará marcado para siempre con su presencia, así como quedó grabado en la mente y el corazón la visita de San Juan Pablo II, hace 30 años. Esa visita nos impulsó a renovar nuestro compromiso evangelizador".

El papa previamente se movió entre la multitud en un flamante papamóvil, saludando mientras la multitud le devolvía gritos de entusiasmo y dejaba caer un baño de pétalos al paso del visitante.

En un momento del recorrido, el sumo pontífice dispuso parar el vehículo y pidió a su seguridad que levantaran la silla de ruedas de una anciana que estaba a un costado, a quien besó en la cabeza, prodigó un abrazo y bendiciones.

"No nos esperábamos nunca lograr alcanzar este gran gesto del Papa", dijo Liliana Rueda, hija de la anciana. Ambas habían llegado apenas minutos antes de que iniciara el recorrido papal entre los bloques formados por quienes llegaron a este parque, que hasta hace un par de años fue el aeropuerto de Quito.

Antes del oficio religioso, Francisco se reunió con obispos ecuatorianos, y en la tarde hará lo mismo con educadores católicos y miembros de la sociedad civil para cerrar con una visita privada a la iglesia jesuita de La Compañía.

El Bicentenario lucía abarrotado la madrugada por feligreses que pasaron la noche en el lugar, pese a que cayó un torrencial aguacero, del que buscaban guarecerse cubiertos con plásticos, cobijas y bolsas de basura mientras cantaban y compartían café.

A partir de las cinco de la mañana empezó desde los parlantes una música alegre y festiva que contrastaba con el frio ambiente del lugar. Seis horas antes del comienzo de la misa las zonas más cercanas al altar estaban ya abarrotadas y la gente aguarda parada y codo con codo la llegada del Pontífice.

Abel Gualoto, de 59 años, es un vendedor de mariscos en el sur de Quito que estuvo desde el lunes en espera de Francisco bajo un trozo de plástico con el que se cubre.

"Claro que merece la pena estar aquí a pesar del clima. La alegría por ver al Papa proporciona el calor que necesitamos", dijo con el frío en las manos y todavía mojado por las muchas horas de lluvia soportadas.

Gualoto estuvo acompañado de su mujer y su hijo, quien carga el crucifijo que hasta ayer estaba colgado en el salón de casa.

A los vendedores ambulantes tampoco les importó el frío, la lluvia, ni la madrugada. En el parque ofrecían recuerdos como cruces, calendarios o llaveros con la cara del papa.

Uno de los más demandados es el "kit Francisco" que contiene una mochila, un CD, pañuelo recordatorio de la visita y un rosario, todo a por apenas cinco dólares.

Esta será la segunda misa campal del papa. El lunes estuvo en Guayaquil, la mayor ciudad de Ecuador, donde dedicó la homilía a la necesidad de fortalecer la familia.