Pide el Papa en Nápoles resistirse a la mafia

El pontífice exhortó a los feligreses a reaccionar con firmeza ante las organizaciones que explotan y corrompen a los jóvenes "con el cínico comercio de la droga y otros crímenes".
El Papa celebró una misa en la Plaza del Plebiscito de Nápoles ante más de 60 mil personas.
El Papa celebró una misa en la Plaza del Plebiscito de Nápoles ante más de 60 mil personas. (Reuters)

Ciudad del Vaticano

El papa Francisco pidió hoy resistir a los mafiosos y los "halagos de las ganancias fáciles o los negocios deshonestos", porque, dijo, eso es "pan para hoy y hambre para mañana".

Ante más de 60 mil personas congregadas en la Plaza del Plebiscito de Nápoles, el pontífice celebró una misa y en el sermón exhortó a los presentes a no dejarse robar la esperanza.

"Reaccionen con firmeza a las organizaciones que explotan y corrompen a los jóvenes, a los pobres y a los débiles, con el cínico comercio de la droga y otros crímenes", clamó.

"¡Que la corrupción y la delincuencia no desfiguren el rostro de esta hermosa ciudad! A los criminales y a todos sus cómplices, hoy, yo, humildemente, como hermano, les repito: ¡conviértanse al amor y a la justicia!", agregó.

Más tarde el líder católico se trasladó a la cárcel de Poggioreale donde compartió el almuerzo con 90 detenidos, 10 de ellos internados en el pabellón dedicado a transexuales, homosexuales y personas contagiadas del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida).

Se sentó al centro de una mesa con 12 comensales, a su lado estaba un argentino. El menú, realizado por los mismos internos que trabajan en las cocinas de la penitenciaria incluyó macarrones al horno, carne asada con papas y dulces típicos napolitanos.

Antes de despedirse dirigió unas palabras a todos y les aseguró que, aunque a veces se sientan desilusionados, sin confianza y abandonados por todos, Dios no se olvida nunca de sus hijos.

Les aseguró que, aunque se hayan equivocado en la vida, nada puede separarlos del amor de Dios, ni siquiera detrás de las rejas de una cárcel.

"Conozco sus situaciones dolorosas: me llegan muchas cartas (algunas verdaderamente conmovedoras), de los penitenciarios de todo el mundo. Los encarcelados a menudo son tenidos en condiciones indignas de la persona humana, y después no logran reintegrarse en la sociedad", constató.

"Pero gracias a Dios hay también dirigentes, capellanes, educadores, operadores pastorales que saben estar cerca de ustedes de la manera correcta", añadió.