División en Palestina en aniversario luctuoso de Arafat

El presidente palestino, Mahumud Abas, responsabilizó a Hamas de los atentados de la última semana. Por su parte, el movimiento islámico señaló la necesidad de un liderazgo más fuerte.
El presidente palestino, Mahumud Abas, habla durante el aniversario luctuoso de Yaser Arafat.
El presidente palestino, Mahumud Abas, habla durante el aniversario luctuoso de Yaser Arafat. (AP)

Ramala, Palestina

Las divisiones entre los palestinos saltaron a la vista con motivo del décimo aniversario de la muerte de Yaser Arafat, con acusaciones entre el Fatah y Hamas tras una serie de atentados.

El presidente Mahmud Abas lanzó la primera salva, responsabilizando a "los dirigentes de Hamas" de estos ataques y acusando al movimiento islamista de "destruir" la precaria reconciliación firmada hace unos meses entre los dos rivales históricos.

La respuesta de Hamas no tardó en llegar: todo esto no son más que "mentiras", "insultos" y "desinformación", cuando "el pueblo palestino necesita a un presidente valiente", diez años después de la muerte de su icono nacional.

Por su parte, Marwan Barguthi, miembro destacado del Fatah encarcelado en Israel, instó al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, y a los dirigentes palestinos a apoyar "la resistencia armada", en una carta publicada por la prensa en un contexto de recrudecimiento de la violencia.

En una carta escrita desde la prisión, donde está encarcelado desde 2002, y publicada con motivo del décimo aniversario de la muerte de Yaser Arafat, Barguthi considera que "continuar con la resistencia global y armada", es "mantenerse fiel a la herencia de Arafat, a sus ideas y a sus principios, por los cuales murieron decenas de miles de mártires".

Las celebraciones del décimo aniversario del que todos llaman por su nombre de guerra, Abu Amar, debían ser la ocasión para consolidar la reconciliación que dio lugar a un gobierno de unidad. Pero en realidad fueron la espoleta que hizo entrar a los palestinos en una nueva espiral de disputas fratricidas.

En Gaza, no se veían banderolas ni retratos del difunto líder. La tarima donde estaba prevista una ceremonia conmemorativa todavía tenía las marcas de la explosión que sufrió el viernes.

Abu Amar "encarnaba la unidad nacional", recuerda Refaat Hajaj, un treintañero de Gaza. "Nos han privado de este aniversario, pero la historia no perdonará a los que frenan el plan de Abu Amar para la liberación de Palestina".

La franja de Gaza se despertó más dividida que nunca. Tras la serie de explosiones del viernes contra casas y coches de dirigentes del Fatah (el partido de Abas) Hamas anunció que no podría garantizar la seguridad durante las celebraciones, que fueron anuladas.

Fatah acusó de ello a Hamas, que se resiste a entregar las llaves del poder a la Autoridad Palestina de Abas, sucesor de Arafat.

El movimiento islamista condenó los atentados y denunció una campaña contra él. Pero la división, que casi provoca en 2007 una guerra civil, no ha hecho más que agravarse.

Privado de su victoria en las legislativas de 2006, Hamas expulsó un año más tarde al Fatah de Gaza. En la pasada primavera, los palestinos formaron un gobierno de unidad y Fatah fue autorizado por primera vez desde 2007 a celebrar el aniversario de la muerte de su jefe histórico en Gaza.

Contraste

Pero la unidad se tambaleó entre Gaza y Ramala, la capital de la Autoridad Palestina, era asombroso. En esta ciudad de la Cisjordania ocupada, miles de personas agitaron la bandera amarilla de Fatah en la Muqata, donde Arafat fue enterrado tras fallecer en un hospital parisino el 11 de noviembre de 2004.

Varios responsables del partido precedían a la muchedumbre, en medio de fanfarrias, corales y banderas.

"Ha llegado la hora de la libertad y de la independencia", proclamaba un póster gigante en el estrado en el que Abas pronunció un discurso.

Este mes de noviembre, los palestinos, que lograron en 2012 el estatus de Estado observador en la ONU, someterán al Consejo de Seguridad un calendario para el final de la ocupación israelí.

Como es muy probable que Estados Unidos imponga su veto, los palestinos ya han previsto otras etapas: la adhesión a la Corte Penal Internacional, que le permitiría sentar en el banquillo a dirigentes israelíes por "crímenes de guerra", y la ruptura de los acuerdos de cooperación en materia de seguridad con Israel.

¿Para qué esperar?, se preguntó desde una cárcel israelí Marwan Barghuti, figura del Fatah y líder de la segunda intifada (2000-2005).

"La Autoridad Palestina debe (...) poner fin inmediatamente a la cooperación en materia de seguridad, que fortalece al ocupante", afirmó Barghuti, principal amenaza para Abas si pudiese presentarse a unas elecciones presidenciales.

"Continuar con la resistencia global y armada", es "mantenerse fiel a la herencia de Arafat, a sus ideas y a sus principios", añadió en una carta escrita desde la prisión.

El fantasma de un nuevo levantamiento palestino recorrió estas semanas Jerusalén, Cisjordania y las grandes ciudades árabes de Israel.

Acusaciones contra Israel

El presidente palestino, Mahmud Abás, acusó a Israel de arrastrar a la región a una "guerra religiosa" y arremetió contra el movimiento islamistas Hamás por los ataques de la semana pasada en Gaza contra una docena de dirigentes de Al Fatah.

En un discurso público con motivo del décimo aniversario de la muerte del histórico dirigente palestino, Yaser Arafat, su sucesor instó a Israel a frenar cualquier comportamiento provocador.

Refiriéndose a los últimos enfrentamientos en Jerusalén este y en la Explanada de las mezquitas -para los judíos, el Monte del Templo-, el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) aseguró que los palestinos "defenderán Al Aqsa y las iglesias de los colonos y el extremismo".

A su entender, la violencia de los últimos meses la han originado las demandas de ultranacionalistas judíos de rezar en la explanada, donde se encuentra el tercer lugar más sagrado para el islam.

También aseguró en el acto que los palestinos acudirán próximamente al Consejo de Seguridad de la ONU para poner fin a la ocupación en el plazo de tres años.