Ofensiva de ultrarradicales quiere llegar hasta Bagdad

El grupo Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), escisión ultrasectaria de Al Qaeda, anunció que “no se detendrá”.

Bagdad

El martes fue una jornada negra para Irak. Tras la caída de Mosul, la segunda ciudad más grande del país, y de la provincia de Nínive en manos del grupo extremista musulmán (yijadista) del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), seis sectores de la provincia petrolera de Kirkuk y dos de la provincia de Saladin se volcaron hacia ellos. Una ofensiva de una envergadura sin precedente que llevó al primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, a pedir al parlamento, en un discurso televisado a la nación, que declare el estado de emergencia.

Según el diario británico The Guardian, los ultrarradicales radicales tomaron Mosul, capital de Nínive, luego de cuatro días de combate. Liberaron a todos los presos e izaron su bandera en los edificios públicos, mientras medio millón de habitantes de Mosul, de casi dos millones en total, comenzaron a huir hacia el Kurdistán, informó el ejército iraquí.

Horas más tarde, el EIIL —escisión ultrasectaria de la red Al Qaeda— ocupó otros poblados al oeste de Kirkuk y reportó “victorias” en la provincia de Saladin, al norte de Bagdad.

En enero, la ciudad de Faluya, al oeste de Bagdad, ya había caído en manos del EIIL. Pero la toma de Nínive y de diversos sectores de Kirkuk, marca un nuevo paso en su política de conquista.

El EIIL —también conocido bajo el nombre árabe de Da’ich (Dawla islamiyya fi Iraq wa Chaam)— espera con esto asentar su autoridad en toda el área, y concretar su proyecto de un Estado Islámico que abarque Líbano, Siria e Irak, el Da’ech.

Desde hace meses, el EIIL, fundado en Irak en 2006 bajo la ofensiva de Estados Unidos tras su invasión de marzo de 2003 (y hasta 2010), se impuso como la milicia fundamentalista más violenta y las más sectaria, y logró atraer a otros combatientes yijadistas de todo el mundo. Su aura de pureza radical y su reputación de extrema violencia atraen en especial a los jóvenes, a menudo convertidos o reconciliados con el islam en su forma radical, ávidos de acción y de sensaciones fuertes.

El uso intensivo de las redes sociales, en especial Twitter, también ayudó a la notoriedad y supremacía del grupo, no menos que la acción de su fundador y líder, Abu Bakr al Baghdadi, que se afirma como el sucesor del desaparecido líder de la red Al Qaeda, Osama bin Laden. (Ver MILENIO, “Abu Bakr al Baghdadi, el nuevo Bin Laden”, Fronteras, 31-05). Desde enero, la violencia del grupo dejó más de cuatro mil 600 iraquíes muertos, en su mayoría civiles chiitas, según un balance de fuentes médicas y de seguridad.

Maliki ya había anunciado una “lucha sin cuartel” contra el EIIL, pero éste, ayudado por tribus hostiles al gobierno (de mayoría chiita), tiene el apoyo de sectores sunitas, que se sienten marginados por el chiismo —que durante décadas fue oprimido por los sunitas en el poder con Sadam Husein.

Ayer, los rebeldes tomaron la ciudad de Tikrit (cuna precisamente de Husein) y avanzaban hacia la capital Bagdad, distante 160 km al sur. E ejército logró frustrar el asalto a Samarra, a 100 km.

En un comunicado, el EIIL, cuya ofensiva dejó ayer 40 muertos, afirmó que “no cesará esta serie de invasiones bendecidas”.

Según analistas, ni el poder central ni el ejército están en capacidad de enfrentar la embestida de unos 10 mil combatientes del EIIL, que amenaza con volver a sumir en el caso al país —rico en petróleo—, tras una década de invasión de EU y Gran Bretaña y cuyo resultado ha sido, paradójicamente, la emergencia del terrorismo más radical, que no existía previo a la invasión.

Tanto el Irán chiita como EU adelantaron su apoyo al gobierno de Maliki. También el titular de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, urgió ayer “a la comunidad internacional a unirse y mostrar solidaridad con Irak que enfrenta este gran desafío de seguridad”.

El EIIL tomó como rehenes en Mosul a 49 turcos del consulado de Turquía, entre ellos el cónsul y miembros de las fuerzas especiales, y a otros 31 camioneros turcos secuestrados en la provincia.

La toma de Tikrit es muy simbólica ya que es la cuna del dictador sunita Sadam Husein, derrocado y ahorcado tras la intervención de 2003.

Los yihadistas intentaron controlar también Baiji, sede de una de las mayores refinerías del país, pero se retiraron al llegar refuerzos del ejército.

Acusado de abusos en Siria donde combate contra el gobierno de Bachar al Asad junto a otros grupos rebeldes, el EIIL controla ya amplios sectores de la provincia iraquí de Anbar (oeste), frontera con Siria. Ahí controla también amplias zonas de la provincia petrolera de Deir Ezzor, haciendo temer una unidad territorial con el noroeste iraquí.

El gobierno creó una célula de crisis y anunció que reorganizar las apabulladas fuerzas de seguridad.