Obituario: Manuel Contreras, temido jefe de la policía política de Pinochet que negó sus crímenes

Considerado el peor criminal de la historia de Chile, aunque siempre negó todos los crímenes cometidos, mano derecha de Pinochet desde el inicio del golpe de Estado, falleció a los 86 años en el ...
El general Manuel Contreras, en una foto de archivo de 2004, en Santiago de Chile
El general Manuel Contreras, en una foto de archivo de 2004, en Santiago de Chile (Reuters)

Santiago de Chile

Manuel Contreras Sepúlveda, considerado el peor criminal de la historia de Chile, ha muerto este viernes a los 86 años sin cumplir los más de 500 años de prisión a que estaba condenado en decenas de juicios por violaciones a los derechos humanos, pero con su grado de general y sin haberse arrepentido de sus crímenes.

Contreras, creador y único director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), a la que se le atribuyen la mayoría de las más de 3,200 víctimas y más de 38 mil torturados que dejó la dictadura de Pinochet (1973-1989), murió en el Hospital Militar de Santiago, condenado a 529 años de prisión por 40 delitos de secuestros, torturas y asesinatos de opositores.

Considerado la "mano derecha" de Pinochet -su profesor en la Academia de Guerra y con quien solía desayunar a diario en los primeros años del régimen- fue encarcelado en 2005 por el secuestro de un joven opositor. Desde entonces sumó múltiples condenas judiciales que lo llevaron a ser considerado uno de los mayores criminales chilenos de todos los tiempos.

Pero "El Mamo", como era apodado, negó en todo momento que la DINA hubiera torturado o hecho desaparecer a personas. "Nunca se torturó a nadie (...) A los cuarteles (de la DINA) a los detenidos se les llevaba por cinco días y se les interrogaba con métodos normales", afirmó Contreras en una entrevista televisiva desde la cárcel en septiembre de 2013, en la víspera del 40 aniversario del Golpe de Estado que instaló la dictadura de Pinochet.

"Todos los muertos de la DINA fueron muertos en combate. Yo no di órdenes de hacer desaparecer a nadie", agregó, lo que provocó escozor entre sus víctimas. La DINA, una suerte de Gestapo o Stasi chilena, llegó a tener 60 mil miembros entre agentes, informantes y redes en el exterior. Disponía de cárceles secretas, retenía presos cuanto tiempo quisiera, no rendía cuentas más que a Pinochet y actuaba dentro y fuera del país, incluso para eliminar a disidentes exiliados en Europa o Estados Unidos.

Para formarla, Contreras puso en práctica todos los conocimientos de lucha antisubversiva aprendidos en Chile y en la llamada Escuela de las Américas, una cuestionada institución de adoctrinamiento militar establecida por Estados Unidos, de la cual fue uno de los alumnos más destacados.

Manuel Contreras fue además un maestro de las argucias, los montajes y cortinas de humo para encubrir, disfrazar u ocultar sus crímenes. En 1975 ideó la Operación Colombo para encubrir la desaparición de 119 presos políticos, a los que, con la ayuda de las policías secretas de Argentina y Brasil, hizo figurar como miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), muertos en purgas internas de ese grupo.

La Operación Colombo, de la que el pasado 24 de julio se cumplieron 40 años, fue un prefacio de la Operación Cóndor, un plan coordinado de exterminio de opositores creado por las dictaduras del Cono Sur en la década de los setenta, que Contreras creó también en 1975.

Dicho plan lo propuso Contreras a sus pares de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay después de visitar el cuartel general de la CIA en Estados Unidos, según se consigna en documentos desclasificados de dicho organismo. En varias ocasiones, la última en 2010, cuando ya estaba encarcelado, Contreras afirmó que estaba orgulloso de su labor en la DINA pues, a su juicio, esa labor salvó a Chile de una dictadura marxista.

Su distanciamiento de Pinochet comenzó cuando vio que este, quien al dejar el poder en 1990 afirmó que "el día que toquen a uno solo de mis hombres se acaba el Estado de Derecho", no cumplía su amenaza y dejaba a merced de los tribunales.

Contreras fue condenado por el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, tras un atentado explosivo en Washington el 21 de septiembre de 1976, en el que es considerado como uno de los primeros ataques terroristas en suelo estadunidense.

También fue hallado culpable por la muerte del ex comandante en jefe del Ejército chileno Carlos Prats y su esposa, ocurrida en Argentina en 1974 tras el estallido de una bomba adosada al automóvil en el que se trasladaba el matrimonio. Pinochet relevó a Contreras de la DINA en 1977, cuando Estados Unidos comprobó que el asesinato de Letelier fue ordenado por esa institución.

La entrega de Contreras a Estados Unidos fue denegada por la Corte Suprema de Chile, aunque el jefe de la DINA cumplió finalmente siete años de presidio en su país por este crimen, hasta enero de 2001. Pasó cuatro años libre, hasta que fue nuevamente encarcelado en 2005.

Contreras jamás reconoció nada y cuando las evidencias dejaban al desnudo su responsabilidad, culpaba a otros, incluido el propio Pinochet, a quien en sus últimos años acusó de haberse enriquecido con el narcotráfico. También acusó a Pinochet de ser el verdadero jefe de la DINA, por lo que él solo cumplía sus órdenes.

También achacó crímenes de la DINA a la CIA estadunidense, entre ellos algunos emblemáticos, como el homicidio del ex caniller Orlando Letelier, cometido en Washington en 1976, o el del general Carlos Prats, antecesor de Pinochet en el mando del Ejército, muerto en 1974 en Buenos Aires.

Contreras fue sentenciado en Chile a siete años de prisión por el crimen de Letelier y a doble cadena perpetua por el homicidio de Prats, que murió junto a su esposa, Sofía Cuthbert. Según Contreras, el autor material de ambos asesinatos, el estadunidense Michael Townley, era en realidad un agente de la CIA.

Como Pinochet en diciembre de 2006, Contreras murió en las dependencias del Hospital Militar de Santiago, aquejado de cáncer, insuficiencia renal y diabetes, entre otras enfermedades que lo complicaron en los últimos años de su vida.