Obama mantiene la sartén por el mango, pese a furia republicana

Frente a la medida tomada por el mandatario demócrata en torno a los inmigrantes, la capacidad de respuesta de sus adversarios se muestra limitada y quizá aplazada hasta 2016.
El presidente dejará el cargo en enero de 2017.
El presidente dejará el cargo en enero de 2017. (Ethan Miller/AFP)

Washington

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene la sartén por el mango en la feroz lucha por la inmigración que está tomando forma, con el bolígrafo dispuesto a vetar cualquier movimiento republicano para dar marcha atrás a sus acciones ejecutivas, con el respaldo de los demócratas unidos y los líderes republicanos desesperados por evitar hablar de un cierre del gobierno o de un juicio político.

Con la gente a favor de los cambios en el actual sistema migratorio, la mejor respuesta de los republicanos en el corto plazo parece ser puramente retórica: lo que Obama está concediendo es una amnistía a millones de personas, y excediendo su autoridad constitucional en el proceso. Más allá de eso, sus esperanzas de revertir sus políticas parecen estar en una demanda que se prolongaría años o en las elecciones presidenciales de 2016.

Ninguna de estas opciones satisfaría a los partidarios del Tea Party en el Congreso o a los aspirantes a convertirse en el candidato republicano a la presidencia que compiten por el apoyo de los activistas del partido que jugarán un papel importante en las primarias y las asambleas electorales del próximo año.

"Nosotros, solo nosotros, lo digo abiertamente, nosotros, el Senado, estamos esperando en nuestra labor de frenar a este gobierno sin ley y esta amnistía inconstitucional", dijo el representante por Texas Ted Cruz en el pleno de la Cámara alta. Según su oficina, estaba invocando al antiguo orador romano Cicerón.

En una parte del discurso que Cruz no mencionó, Cicerón se refería a un decreto del senado romano que pedía que a un conspirador contra la república "se le dé muerte en este instante".

Más de dos mil años después, un juicio político en el Congreso parece el único recurso legal disponible contra altos crímenes y las faltas menores cometidos por cualquier Ejecutivo.

El presidente de la Cámara, John Boehner, y el líder del Senado, Mitch McConnell, no quieren ninguna de esas opciones. Ni están interesados en provocar un cierre del gobierno como medida para bloquear a Obama, considerando que es una mala forma de iniciar una nueva era de dominio republicano de las cámaras.

Liderados por Boehner, los republicanos de la Cámara de Representantes presentaron el viernes una demanda en la que acusan a Obama de abusar de su autoridad en la aplicación de la ley de atención sanitaria. Funcionarios dijeron que podrían haber añadido sus acciones ejecutivas sobre inmigración, pero no está claro cuánto se demoraría el juicio o quién estará sentado en el Despacho Oval cuando se celebre.

El debate político está en marcha, aunque los dos bandos implicados parecen apelar a diferentes segmentos del electorado. Las encuestas muestran que el país en su conjunto —y especialmente los hispanos— está a favor de que los inmigrantes permanezcan en EU y trabajen aunque sea de forma ilegal. Los conservadores tienden a preferir la deportación.

"Los críticos van a llamarlo amnistía", predijo con acierto el senador Dick Durbin, demócrata de Illinois, el jueves antes del discurso de Obama. "Pero como nos ha recordado el senador Rubio, no hacer nada —dejar el sistema actual como está — es una amnistía".

Se refería al senador por Florida Marco Rubio, posible aspirante republicano a la presidencia que lideró la aprobación de un proyecto de ley de inmigración bipartidista que superó el Senado, por 68 votos frente a 32, en 2013. La medida incluía una vía para nacionalizar a millones de inmigrantes que viven ilegalmente en el país.

El mandato de Obama no va tan lejos. Hace un llamado para suspender la deportación de millones de personas, pero sin la promesa de una green card que otorga el estatus legal permanente, y mucho menos la ciudadanía.

Los republicanos también dicen que Obama está renunciando a trabajar con el Congreso para lograr una reforma migratoria. Los demócratas replican que han pasado unos 17 meses desde que el Senado aprobó la norma bipartidista.

Los contrarios al proyecto en la Cámara baja han presionado con éxito a Boehner para impedir que llegue a votarse. También le arrancaron la promesa de que no permitiría negociaciones que pudiesen suponer compromisos con el Senado sobre cualquier otra medida que aliviase las restricciones que pesan actualmente sobre los inmigrantes.

"Esto es (...) una ayuda importante para los cárteles y otras organizaciones que controlan las redes de contrabando de México. Y casi con toda seguridad hará que miles de personas que han cometido delitos en este país obtengan un estatus de legalidad", dijo el senador por Texas John Cornyn.