Obama cede demasiado control en lucha contra el EI

La decisión de involucrar en el conflicto a países en su mayoría árabes representa la parte de mayor riesgo del plan de EU.
Los ataques empiezan a ser cotidianos en los suburbios de Damasco, Siria.
Los ataques empiezan a ser cotidianos en los suburbios de Damasco, Siria. (AFP)

Londres

Al hablar de los aspectos políticos y del uso de fuerza antes de las operaciones militares, el presidente Barack Obama dio indicios el miércoles de un cambio en la cultura de política exterior estadunidense, al menos en el diseño de su estrategia. En términos de resultados hizo un énfasis mayor en las operaciones de contraterrorismo de la CIA, en lugar de las operaciones de contrainsurgencia dirigidas por el ejército de Estados Unidos. Pero casi todos los elementos están cargados de riesgos y, debido a que ha subcontratado más en otros países que los previos presidentes de EU, tiene menos control sobre los resultados.

El momento del discurso de Obama, solo dos días después del anuncio de un nuevo gobierno iraquí, no es una coincidencia, sino la evidencia de una actividad diplomática intensa a fin de asegurar que la dominación de los chiitas, como ocurrió con el gobierno de Nuri Maliki, no vuelva a generar las condiciones que llevaron a la crisis. Pero nada indica que el nuevo gobierno pueda unir a un país cuya identidad está irreparablemente fracturada.

La decisión de involucrar en el conflicto a países regionales, mayormente árabes, representa la parte más inmadura y riesgosa de la estrategia estadunidense. Los países de Oriente Medio han invertido miles de millones en su capacidad de defensa, pero la han empleado mayormente para acallar rebeliones de civiles desarmados. Esta historia de rivalidades mezquinas y de tan poca experiencia en cooperación política u operaciones militares conjuntas reduce aún más su impacto potencial. Si no se revisa la actitud antiiraní de los sauditas y de otros estados del Golfo Arábigo antes de que lleguen sus tropas a Irak, entonces existe el peligro de que haya problemas cuando estén en contacto con los “asesores” militares iraníes, que parecen estar muy cerca de la línea del frente.

Probablemente, aumentar los esfuerzos por derrocar al presidente sirio Bashar al Asad sea el error estratégico más grande. Si derrotar al Estado Islámico (EI) es la estrategia principal, entonces ¿para qué complicar una tarea ya de por sí difícil intentando lograr un cambio de régimen en Siria al mismo tiempo? Parece que la política exterior de EU aún tiene que evolucionar y entender que lo único peor que la tiranía de los dictadores es la anarquía que les sigue, tal como demuestran las salidas de Sadam Husein y de Gadafi.

Además, la estrategia tiene riesgos en su administración. La integración de las fuerzas de aire y tierra es una tarea exigente con la que también se debaten las fuerzas occidentales.

El objetivo principal de Obama, planteado como la degradación y destrucción del EI, debe lograrse vía operaciones de contraterrorismo en las que la CIA (Agencia Central de Inteligencia) es experta. Este es el único elemento de la estrategia sobre el que EU tiene el control total y un historial formidable de éxitos, pero también es el que resulta más problemático. No fue accidental que Obama mencionara solo a Somalia y a Yemen como ejemplos de países en los que se ha aplicado esa estrategia con éxito contra Al Qaeda, en lugar de mencionar al cinturón tribal de Pakistán y Afganistán, donde su liderazgo y capacidad de operación fueron mayormente destruidos. En esas áreas murió un considerable número de civiles como resultado de los ataques con drones (aviones no tripulados), con repercusiones políticas en la región que han resultado en inseguridad continua y en la emergencia de un movimiento antioccidental. A no ser que haya una mejoría en la inteligencia y una mayor restricción en el uso de los drones, existe el peligro de que cada ataque exitoso contra el EI genere más reclutas radicalizados por las muertes de inocentes.

El éxito o fracaso de la nueva estrategia estará determinada por la forma en que maneje los riesgos inherentes a su diseño. También influirá su flexibilidad para manejar los cambios en el área sin sucumbir a la ampliación de la misión.