Nuevo escape de agua radiactiva en Fukushima

La empresa Tepco, que gestiona la central accidentada el 11 de marzo de 2011, anunció que esta noche descubrió unas gotas en la parte superior de una cisterna de 450 m3, de ocho metros de altura, ...
Tanques en los que se han producido las filtraciones en Fukushima
Tanques en los que se han producido las filtraciones en Fukushima (Reuters)

Tokio

Un escape de líquido radiactivo en una cisterna, desbordamientos de agua de lluvia contaminada, los contratiempos se acumulan en la central accidentada de Fukushima, donde la situación se supone "controlada", según el primer ministro japonés.

Tokyo Electric Power (Tepco), que gestiona el emplazamiento arrasado por el tsunami del 11 de marzo de 2011, anunció que esta noche descubrió unas gotas en la parte superior de una cisterna de 450 m3, de ocho metros de altura.

"Sentimos tener que anunciar un nuevo escape", explicó en conferencia de prensa un portavoz de la compañía, Masayuki Ono, e indicó que "no se puede descartar la hipótesis de un vertido más allá de la zona de los depósitos (rodeada de una tapia baja) en dirección al océano Pacífico", distante unos 200 metros.

Las mediciones efectuadas en esta agua mostraron un nivel de 200 mil becquereles de radiaciones beta, mientras que en el interior del depósito el nivel es de 580 mil becquereles/litro. Los técnicos de Tepco evalúan provisionalmente en 430 litros la cantidad de agua perdida.

Según las explicaciones del grupo, la cisterna incriminada, conectada con otras cuatro en línea en un terreno ligeramente inclinado, desbordó al parecer porque estaba lleno hasta arriba. "Podemos decir que se trata de un error", acabó por admitir Ono. El agua que desbordaba se deslizó hasta el suelo y pudo llegar a un canal que conduce al mar.

"Es necesario vigilar que no se produzca lo mismo en otro punto", añadió Ono.

Un escape de 300 m3 de agua muy radiactiva registrado en agosto pasado en una gran cisterna de mil m3 fue calificado como "grave" por las autoridades. Degeneró en crisis y obligó a Tepco a destinar medios suplementarios al control de miles de cisternas diseminadas en el emplazamiento, cuya fiabilidad deja mucho que desear.

Montadas a toda prisa, esas cisternas de acero de once metros de altura y doce metros de diámetro no están adaptadas para lo que exige la situación.

Esta serie negra que empezó justo antes de la votación final para la atribución de los Juegos Olímpicos de 2020 condujo al primer ministro nipón, Shinzo Abe, a implicarse para garantizar que "la situación está controlada" y "los efectos (de los escapes de agua), bloqueados en los 0.3 km2 del puerto de la central".

Sin embargo, desde entonces, y a pesar del compromiso del Estado de hacer todo lo posible para acabar con esta debacle, las averías se manifiestan a diario. No pasa un día sin que se anuncie un escape, un vertido de agua o el paro súbito de un equipamiento.

Estos problemas se deben a errores humanos o bien a la vulnerabilidad de los equipamientos en un lugar que se sigue asemejando "a un hospital de campo de batalla", en palabras de un vicepresidente de Tepco.

El miércoles, 23 toneladas de agua de lluvia un poco contaminada se desbordaron después de acumularse en las zonas donde están instaladas cisternas, cubiertas con una losa de cemento armado y rodeados por una tapia de unos 30 centímetros.

El martes, cuatro toneladas de agua de lluvia radiactiva se derramaron accidentalmente por el suelo cuando los trabajadores la estaban bombeando para pasarla a una cisterna de doce toneladas vacía.

La central accidentada de Fukushima Daiichi rebosa de agua radiactiva almacenada en parte en un millar de cisternas o acumulada en el subsuelo. Tepco batalla desde hace dos años con ese líquido que aumenta de día en día.

Un sistema de descontaminación trata esta agua y extrae 62 de los 63 elementos radiactivos que quedan (una vez retirados el celsio 134 y 137), pero no para de averiarse. Vuelve a funcionar, parcialmente, desde el lunes. Otro, más eficaz, debe ser desarrollado con fondos públicos, pero no entrará en servicio como muy pronto antes del próximo año.

Además de los problemas de agua, diferentes problemas más o menos graves perturban sin cesar las operaciones que deben conducir al desmantelamiento del emplazamiento durante los próximos 40 años.