Nombres y Caras: Eduardo Cunha, presidente de Cámara de Diputados de Brasil

Aliado rebelde de la presidenta de Brasil, este popular economista de 56 años y miembro del PMDB, promete que no se someterá a la actual mandataria.
El presidente de la Cámara Baja de Brasil, Eduardo Cunha (c), enfrentado con la presidenta Rousseff
El presidente de la Cámara Baja de Brasil, elegido para un nuevo mandato de dos años, el diputado Eduardo Cunha (c), el pasado domingo (EFE)

Brasilia

"No seré sumiso al gobierno". Así sintetizó el flamante presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha, el tono de la relación que mantendrá con el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff durante el bienio 2015-2016.

La frase bien podría provenir de un político opositor, pero Cunha, un economista de 56 años oriundo de Río de Janeiro, integra las filas del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal aliado del gobierno de la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT).

Sin perjuicio de su condición de oficialista, Cunha ha liderado en los últimos años una sostenida serie de "rebeliones" en el Congreso contra el Palacio del Planalto (Presidencia), dificultando votaciones de vital importancia para el gobierno y promoviendo alianzas con partidos aliados menores para boicotear iniciativas del Ejecutivo.

"No seré sumiso al gobierno. No defraudaré a mis votantes, voy a cumplir exactamente lo que prediqué en la campaña. Tendré mucha serenidad, pero nada de sumisión. Pueden esperar de mí mucha contundencia para defender la independencia de la Cámara", advirtió el ex ejecutivo del área de telecomunicaciones, antes de celebrarse la votación que lo colocó en el tercer cargo de mayor importancia del país, detrás de la presidenta y su vice.

Cunha obtuvo 267 votos de un total de 513, derrotando así al candidato del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Arlindo Chinaglia, al socialista Júlio Delgado y a Chico Alencar, de izquierda radical.

Para llegar a poner en jaque a partir de hoy la gobernabilidad del ya de por sí difícil segundo mandato de Rousseff, Cunha hizo una campaña en los últimos años en la que ha defendido con firmeza la "independencia" del Poder Legislativo con respecto a la Presidencia. "El PMDB no es vasallo del gobierno federal", se le escuchó decir al legislador evangélico cada vez que se le cuestionó el haber incitado al "desacato" de los aliados.

Su consistente rebeldía le valió el apoyo de legisladores de partidos menores disconformes con el "estilo Rousseff", definido por sus detractores como de poco diálogo con los aliados y uso excesivo de las "medidas provisorias", que son decretos con fuerza de ley y vigencia inmediata, promulgadas en forma unipersonal por el presidente de la República.

"Eduardo Cunha construyó el discurso de independencia y una base de apoyo propia que trasciende al PMDB. El Planalto, al enfrentarlo (en la disputa por la presidencia de la Cámara) acabó ayudando a que atrajera simpatías en la oposición y aún entre aliados insatisfechos con el gobierno y con el PT", evaluó la analista Dora Kramer, del diario O Estado de Sao Paulo".

Ahora, con viento a favor, Cunha, quien integra las filas del PMDB desde 2003, podrá usar las atribuciones inherentes al nuevo cargo para cercar aún más al gobierno, que necesitará del Congreso para sortear los obstáculos que crecen en cantidad y gravedad, como lo son los problemas económicos y las derivaciones del gigantesco escándalo de corrupción en la estatal Petrobras.

Respecto a la red de desvío de millonarias sumas de la petrolera, Cunha se posicionó claramente en contra de los intereses del gobierno al defender a capa y espada la instalación de una nueva comisión parlamentaria que investigue las denuncias, según las cuales decenas de políticos, incluso él mismo, se vieron beneficiados con los fraudes.

Entre las facultades que a partir de ahora ostenta el "aliado infiel" está la de poder rechazar o dar continuidad a pedidos de juicio político contra la presidenta y de destitución de parlamentarios; demorar o acelerar la votación de propuestas del Ejecutivo; y aceptar o rechazar la instalación de comisiones de investigación ante sospechas de corrupción, entre otras.

Fuera del Congreso el legislador, cuya carrera política comenzó en el derechista -y hoy extinto- Partido Popular Brasileño (PPB), ya ha expresado posturas conservadoras por ejemplo hacia los derechos homosexuales o la legalización del aborto y de la marihuana, lo que han llevado a este evangelista a estar en el centro de la polémica.