Nombres y Caras: Al Sisi, militar y presidente de Egipto

El hombre que aplastó a los soldados musulmantes tiene por delante una ardua tarea: sacar a Egipto de una gran crisis económica que ya dura tres años.
"El Mariscal" Sisi, vencedor indiscutible de los comicios presidenciales en Egipto
"El Mariscal" Sisi, vencedor indiscutible de los comicios presidenciales en Egipto (EFE)

El Cairo

Es muy religioso y estuvo durante largos años en el Ejército. Abdel Fattah al Sisi asumirá la presidencia de Egipto después de su aplastante victoria en las elecciones del país árabe más poblado. Tras el hermano musulmán Mohamed Mursi -que como civil fue una excepción-, asume nuevamente el gobierno un soldado.

Envuelto en un discurso de maneras suaves y fondo contundente, Abdel Fattah al Sisi es lo mismo que promete: un "hombre fuerte" con mando en plaza para acabar con la zozobra de los tres últimos años en Egipto. Para muchos egipcios, aquellos quienes le votaron en las recientes elecciones, se trata simple y llanamente del héroe que salvó al país de los Hermanos Musulmanes.

Para los otros, Al Sisi es más de lo mismo, un regreso a los tiempos de la autocracia tutelada por el Ejército, con libertades restringidas y escaso afecto por la democracia. No resulta casual que a Al Sisi se le conozca todavía en Egipto como el "Mariscal", pese a haber abandonado formalmente la jefatura del Ejército el mismo día en que anunció su candidatura.

Abdel Fattah al Sisi, de 59 años, nació el 19 de noviembre de 1954 en El Cairo. Tras la escuela, asistió a la academia militar y luego formó parte de la infantería. Viajó al Reino Unido y a Estados Unidos para completar sus estudios. Fue agregado militar durante dos años en Arabia Saudí. En tiempos del presidente Hosni Mubarak fue comandante de las fuerzas de combate norte, con sede en Alejandría.

Tras la caída de Mubarak en la Primavera Árabe de 2011, Sisi quedó al frente del servicio secreto militar. Formaba parte del Consejo Superior Militar (SCAF), que asumió el poder temporalmente. En ese periodo, llamó la atención una sola vez: cuando semanas después del derrocamiento, las manifestantes detenidas fueron sometidas a un test de virginidad, lo cual Al Sisi justificó. El militar dijo que se había verificado su virginidad para que no pudieran decir luego que habían sido violadas por policías.

En agosto de 2012, el presidente recientemente electo Mursi designó a Al Sisi comandante superior militar y ministro de Defensa en su lucha de poder con la vieja dirigencia del Ejército. Un año más tarde, lo lamentaría: cuando el 30 de junio de 2013 millones de manifestantes pidieron la renuncia de Mursi, el jefe militar planteó un ultimátum al islamista para que abandonara voluntariamente el poder. El 3 de julio de 2013 lo derrocó.

Apenas horas después, aparecieron pósters de Al Sisi en Egipto. El jefe militar fue designado mariscal de campo y renunció luego a todos los cargos para ser candidato a presidente. Las cosas se pondrán ahora serias para Al Sisi: deberá guiar a Egipto en la salida de una crisis de tres años, y lograr que los turistas vuelvan al país.

Tras ocupar distintos cargos en las Fuerzas Armadas egipcias, como el de comandante de un batallón de Infantería Mecanizada, amplió su formación en EU, donde escribió una tesina que ahora se escruta como su único testimonio ideológico conocido. "No se puede esperar que los países de Oriente Medio se conviertan rápidamente a una forma democrática de gobierno", aseveraba Al Sisi en ese documento de 2006.

El texto deja constancia de una fuerte influencia religiosa en su percepción de la sociedad y muestra una moderada confianza en la evolución política de las sociedades árabes. Escribe Al Sisi: "Para que la democracia tenga éxito en Oriente Medio, debe ser vista como beneficiosa para la gente, mostrar respeto por la naturaleza religiosa de la cultura así como mejorar las condiciones para el ciudadano común".

Pese a todo, lanza una advertencia que, a la luz de la reciente experiencia egipcia, suena clarividente: "La historia ha demostrado que es probable que en los diez primeros años de una nueva democracia ocurra un conflicto externo o interno mientras esta madura".

En su larga carrera dentro del Ejército, el candidato tuvo una misión que cobra relevancia después de lo sucedido tras el golpe militar que él mismo encabezó en 2013: su paso como agregado militar por la Embajada egipcia en Arabia Saudí. Las ricas monarquías del Golfo no han mostrado embozo en reconocer a Al Sisi como su hombre en Egipto, y han regado de petrodólares a un país en situación económica desesperada.

Pese a que su imagen es ahora ubicua y no hay egipcio que a estas alturas no lo conozca, el nombre del
próximo presidente se dio a conocer por primera vez en junio de 2011, por motivos bastante más prosaicos. Entonces, tuvo que salir ante los focos públicos, a los que parece tan reacio, para admitir que miembros del Ejército habían sometido a las llamadas "pruebas de virginidad" a mujeres detenidas en la plaza Tahrir.

Cuando Amnistía Internacional se reunió con él para pedir explicaciones, aseguró que esos test se realizaron para proteger a los militares de las acusaciones de violación, al tiempo que prometió que no se volverían a llevar a cabo. Casi nadie se acuerda ya en Egipto de aquellas prácticas ni de la implicación de Al Sisi. En el imaginario popular, para sus partidarios y sus detractores, él es hombre que aplastó a los Hermanos Musulmanes.