Nombres y Caras: Ronald Johnson, agente de carreteras

Este capitán de la Patrulla de Carreteras de Misuri es la esperanza para pacificar Ferguson, su vecindario, donde las protestas por la muerte de Michael Brown no cesan.
Ronald Johnson (d) habla con los manifestantes en Ferguson
Ronald Johnson (d) habla con los manifestantes en Ferguson (AFP)

Washington

El capitán Ron Johnson, de la Patrulla de Carreteras de Misuri (EE.UU.), se ha convertido en la esperanza para pacificar Ferguson, su vecindario, donde las protestas por la muerte de un joven negro siguen sin aplacarse.

Ronald Johnson, de 51 años, es un hombre negro de voz profunda nacido en San Luis que ha residido en el área toda su vida y ahora quiere lograr la paz entre los habitantes de Ferguson, sus vecinos, y las fuerzas del orden, a las que también pertenece.

Desde 2010 vive en la localidad de Florissant, en las proximidades de Ferguson, con su esposa y dos hijos, que rondan los veinte años, otro factor de empatía con el público. En concreto se ha referido a "mi hijo negro, que viste sus pantalones caídos, su gorra ladeada y tiene tatuajes en sus brazos, pero es mi pequeño".

Ante las críticas sobre la respuesta policial a las protestas, con un despliegue de medios casi militar, el gobernador de Misuri, Jay Nixon, puso sobre sus hombros la difícil tarea de restablecer el orden en Ferguson, un suburbio de San Luis de 21 mil habitantes, en el que las protestas y los disturbios se suceden desde hace diez días, tras la muerte del joven Michael Brown.

Brown, de 18 años, fue tiroteado por un policía blanco el 9 de agosto por motivos aún desconocidos, en un incidente de aparente violencia policial con connotaciones raciales, en el que la disonancia entre la versión policial y la de los testigos ha enfurecido a esta población de mayoría negra.

"Este es mi vecindario. Ustedes son mi familia, ustedes son mis amigos y yo lo soy suyo", dijo el domingo Johnson en un acto en recuerdo de Brown en la iglesia Greater Grace Church, al que acudieron los padres del joven, entre los aplausos de los asistentes a los que garantizó que protegerá. Una ovación impensable hace días.

Nada más tomar las riendas de la seguridad de Ferguson, el jueves pasado, Johnson ordenó que se retiraran los vehículos blindados y los agentes con uniformes de apariencia militar y salió a las calles para marchar con los manifestantes.

El efecto fue inmediato. Decenas de personas marcharon en una noche de protestas sin altercados, con un tono de reivindicación festivo y en la que Johnson, con paso firme y decidido, dialogó con los manifestantes que le abrazaron e incluso se tomaron fotos con él.

"Estamos juntos en esto", aseguró Johnson, que en declaraciones a la prensa dijo entender "el enfado y el miedo" de los habitantes de Ferguson y aseguró que los oficiales respetarían el derecho a manifestarse, al tiempo que ha enviado un mensaje conciliador.

"Lo que estamos haciendo ahora no es lo que somos (...) gritando unos a los otros no vamos a resolver" el problema, dijo el sábado en una tensa conferencia de prensa en la que el gobernador anunció un toque de queda, ante las protestas de algunos asistentes.

"Estamos todos hablando de las mismas preocupaciones y por las mismas pasiones. La frustración que está en su casa está en la mía", afirmó Johnson, que tomó la palabra para contestar con calma a los reclamos.

Sin embargo, pese a su don de palabra, este agente que entró en la Patrulla de Carreteras del estado de Misuri en 1987 después de graduarse y ascendió en el escalafón hasta que se convirtió en capitán en 2002, no tiene una tarea fácil.