Nombres y Caras: Reuven Rivlin, presidente de Israel

Considerado la cara amable de la extrema derecha israelí, el nuevo mandatario es reconocido por su sentido del humor y su defensa férrea de la democracia.
Reuven Rivlin, felicitado tras su nombramiento por un miembro del parlamento israelí
Reuven Rivlin, felicitado tras su nombramiento por un miembro del parlamento israelí (AFP)

París

Reuven Rivlin, que el pasado martes se convirtió en el 10º presidente de Israel, es un halcón de la extrema derecha reputado por su sentido del humor y su defensa férrea de la democracia. Popular y afable, 'Ruby' Rivlin, de 74 años, es un veterano miembro del Likud, el partido del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Nunca ha escondido sus anhelos de un Gran Israel cuyas fronteras sean el Mediterráneo y el río Jordán. Pero durante su mandato como presidente del Parlamento también se labró a pulso una reputación de férreo defensor de la democracia, que le valió el apoyo de la izquierda y hasta de la minoría árabe israelí.

"Será presidente de todos los israelíes sin distinción, un presidente honesto y cercano", dijo de él el ministro del Interior, Guidon Saar, tras conocer el resultado de la segunda y última votación, en la que se disputó la presidencia con el centrista Meir Shitrit.

Abogado de formación, Rivlin pertenece a una extensa familia que llegó a la Palestina otomana a principios del siglo XIX, y cuyos miembros ocupan, dos siglos después, varios estratos de las elites israelíes. Vegetariano desde su juventud, amante del fútbol -fue presidente de la Asociación Deportiva del Betar Jerusalén- y con un gran sentido del humor, el nuevo presidente de Israel entró en la política en 1978 como concejal de Jerusalén, ciudad en la que nació y donde centró su actividad pública hasta 1993.

Al Parlamento entró por primera vez en la décimo segunda legislatura (1988-1992) y con la única excepción del período comprendido entre 1992 y 1996, ha sido diputado desde entonces. También ha ocupado el cargo de ministro de Comunicación (2001-2003) y, en dos ocasiones, el de presidente del poder legislativo (2003-2006 y 2009-2013), tribuna desde la que consolidó su imagen de demócrata a ultranza, en contraste con su fuerte ideología nacionalista.

En 2010, por ejemplo, salió en defensa de la diputada árabe Hanin Zohabi cuando el Parlamento quiso despojarla de sus privilegios parlamentarios por haber participado en la polémica Flotilla de la Libertad a Gaza, asaltada en alta mar por comandos israelíes. Rivlin y otro histórico ex likudista, Beni Beguin, fueron los únicos de su formación que se abstuvieron, por considerar la sanción "un paso demasiado lejos" para el régimen democrático de Israel.

No extraña, por tanto, que a la elección del martes acudiera con las firmas de apoyo de diputados árabes a los que ha defendido en decenas de ocasiones, así como también de legisladores ultra-ortodoxos judíos, entre los que goza de gran predicamento al pertenecer a una estirpe casi aristocrática (su familia está relacionada con el prominente rabino y exégeta judío Gaón de Vilna).

También lo apoyó de forma masiva el sionismo religioso, con el que comparte la ideología colonizadora, e incluso una pequeña parte del centro laico (Rivlin es Caballero de la ONG "Movimiento por un Gobierno Cualitativo"). "Es un candidato que traspasa todos los grupos de la sociedad y todos los partidos, como demócrata, como político derechista y como persona", dijo de él el diputado Uri Ariel, del partido nacionalista "Hogar Judío".

El presidente israelí, que cumple una mera función protocolaria, es el jefe del Estado, y es elegido por el Parlamento, que el martes le dio su apoyo en la primera y segunda votación, aunque con una mayoría menos holgada de lo que él esperaba.

Considerado como uno de los miembros más a la derecha del Likud, Rivlin nunca ha escondido su oposición a la creación de un Estado palestino y defiende con uñas y dientes los asentamientos judíos. "Rivlin no será el presidente del Estado de Israel, sino el presidente del Gran Israel", escribió el comentarista Ari Shavit en el diario Haaretz sobre este puesto más bien protocolario.

"Se aprovechará de la presidencia para empujar el proyecto de asentamientos en Cisjordania, que adora, y la solución de un estado único en la que cree", escribe. Rivlin, un antiguo oficial de inteligencia del ejército, habría dicho en 2010 que "preferiría aceptar a los palestinos como ciudadanos israelíes que dividir a Israel y a Cisjordania en dos Estados". También se opuso a la retirada de asentamientos y de tropas israelíes de Gaza en 2005.

Pero su carácter bromista junto a su defensa sin fallas de la democracia y los derechos humanos le han valido aplausos y respeto de todo el espectro político. Rivlin empezó su carrera en la Knesset o Parlamento, en 1988 cuando ganó un escaño con el Likud. Desde entonces, presidió la cámara en dos ocasiones - de 2003 a 2006, y de 2009 a 2013.

En 2009, inmediatamente después de resultar electo, su primera visita fue a la ciudad árabe israelí de Umm al Fahm. Un año después, rechazó los reclamos de la derecha para expulsar a un parlamentario áraboisraelí tras su participación en la desafortunada flotilla propalestina que trató de burlar el bloqueo israelí en Gaza.

"Durante años, Rivlin ha abogado por la necesidad de que judíos y palestinos cooperen. Como presidente de la Knesset, extendió la mano a las facciones árabes en contraste con sus colegas de la derecha", escribe Haaretz en un editorial. En 2011, se opuso a los intentos de legislar para reducir la financiación extranjera a las ONG de izquierda.

Un año más tarde, arremetió contra la diputada del Likud Miri Regev cuando escribió que los inmigrantes africanos indocumentados son como un "cáncer". "Siempre ha mantenido opiniones independientes, incluso ante primeros ministros fuertes como Ariel Sharon y Netanyahu, y eso es una característica importante para un presidente".

Cuando era presidente del Parlamento, se ganó el respecto generalizado, gracias a su larga experiencia en el arbitraje político, lo que ha sido una baza para la presidencia, dicen los analistas. "Rivlin maduró desde una especie de comediante que no se tomaba su trabajo en serio a uno de los políticos más respetados y queridos en Israel", escribió Haaretz el año pasado cuando surgieron las especulaciones sobre el futuro presidente.

Aunque inicialmente aparecía como el principal candidato a suceder a Shimon Peres, de 90 años, la apuesta de Rivlin por la presidencia se complicó por el pulso personal y amargo que mantiene con Netanyahu, cuyos denodados esfuerzos para buscar otro candidato, fueron prolijamente contados por la prensa. Sólo en el último momento, cuando sus esfuerzos habían fracasado, Natanyahu ofreció a regañadientes su apoyo a Rivlin.

Los analistas aseguran que la animadversión de Netanyahu con Rivlin se debe a que no le dio nunca un trato especial en el podio de la Knesset. "En su particular forma, Rivlin supo cómo ganarse los corazones de los miembros del Parlamento y del público en general, pero en el proceso se ganó la hostilidad de Netanyahu", explica Haaretz.

El rifi rafe entre ambos se remonta a hace más de una década a raíz de la lealtad de Rivlin hacia el entonces jefe del Likud y del Gobierno Ariel Sharón, si bien, aunó fuerzas con Netanyahu en 2005 para mostrar su frontal oposición a la retirada de Gaza. Del mismo modo, rechazó la rebelión que encabezó Netanyahu y acabó con la división del partido conservador.

En 2009, siendo por segunda vez presidente del Parlamento, Rivlin se mostró contrario a una serie de leyes que, alentadas por el Ejecutivo de Netanyahu, rozaban la inconstitucionalidad, lo que sumado a una pelea con su mujer Sara condujo al cisma definitivo entre ambos. Otro gesto que hace gala del talante demócrata del nuevo presidente lo tuvo en 2007, cuando aspiró a la presidencia por primera vez y retiró su candidatura después de la primera vuelta en favor de la de Simón Peres.

"Viva el presidente de Israel, viva Israel", proclamó festivamente tras el primer recuento al pedir el apoyo unánime para el nonagenario político israelí, que abandonará el cargo el 24 de julio.

Los dos grandes interrogantes que se abren hoy sobre el próximo presidente israelí son, por un lado, qué tipo de cohabitación tendrá con el primer ministro, Netanyahu, y por el otro, cómo combinará su ideario nacionalista contrario a la solución de dos estados con su función de presidente, que en los últimos años ha recobrado el prestigio nacional e internacional de la mano de Peres.