Nombres y Caras: Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí

Adorado y odiado a partes iguales, el primer ministro personifica de tal forma el poder israelí que las elecciones legislativas del martes se han convertido en un plebiscito sobre su persona.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se enfrenta a su más difícil elección el próximo martes
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se enfrenta a su más difícil elección el próximo martes (AFP)

Jerusalén

Adorado y odiado a partes iguales, Benjamin Netanyahu ha acabado personificando el poder israelí de tal forma que las elecciones legislativas del próximo martes casi se han convertido en un plebiscito sobre su persona.

"Cualquiera menos Bibi", apodo de Netanyahu, es el lema no oficial que aúna a sus adversarios. Frente a ellos, el eslogan del actual primer ministro sería algo parecido a "Yo o los otros".

Netanyahu aspira el próximo 17 de marzo a revalidar el cargo con una tercera reelección -su segunda consecutiva- azuzando al electorado con su tradicional "política del miedo", en cuyo centro sitúa el programa nuclear iraní.

"La pregunta en estas elecciones es quién defenderá mejor los intereses de seguridad de Israel", repiten como loros los dirigentes del conservador Likud al ser preguntados sobre la naturaleza de unos comicios que se celebran apenas 25 meses después de los anteriores.

Miles de jóvenes voluntarios llevan a cabo una macrocampaña financiada por grandes fortunas para movilizar a los electores de izquierda y a los indecisos de derecha contra Netanyahu, mientras que 200 ex generales, héroes de guerra, han constituido un lobby anti-Netanyahu, por considerarlo un peligro para la seguridad de Israel.

Primer ministro más joven de Israel durante su primer mandato, de 1996 a 1999, y de nuevo en el cargo desde 2009, Netanyahu, de 65 años, alcanzaría una década en el poder si logra renovar su victoria.

El primer ministro se ha convertido en una figura de tal relevancia en el paisaje político israelí en los últimos 25 años que el diario de centroizquierda Haaretz ha intentado "imaginar la vida sin Netanyahu".

"Cuando Israel pierda a Bibi, seguramente haya momentos en los que lamentará no tener un líder de altura internacional, reconocido mundialmente y que -nos guste o no- hace que el mundo preste atención cuando toma la palabra sobre Irán o cualquier otro asunto", escribía el periódico.

Entre sus últimas intervenciones controvertidas se encuentra la del 3 de marzo en el Congreso estadunidense, desafiando al propio presidente Barack Obama, para oponerse al acuerdo sobre el programa nuclear iraní. O sus declaraciones tras los atentados islamistas en París y Dinamarca, al invitar a todos los judíos de Europa a emigrar a Israel.

Conocido por su habilidad para articular las más sorprendentes alianzas y salir airoso de intrincados laberintos, Netanyahu ha hecho de la amenaza iraní su estandarte político y en la legislatura que concluye no ha desperdiciado la oportunidad de mencionarlo en casi todas sus comparecencias.

"El mayor patrocinador del terrorismo internacional podría estar a semanas de tener suficiente uranio enriquecido para un arsenal entero de armas nucleares- y esto con plena legitimidad internacional", afirmó el 3 de marzo ante el Congreso de EU.

"Por eso este acuerdo es tan malo: no bloquea el camino de Irán hacia la bomba; allana el camino de Irán a la bomba", señaló en su polémica alocución, que ha vuelto a enfrentarle con la Administración Obama, en momentos en que negocia un acuerdo con Teherán.

Netanyahu se siente, sin matices, el "representante de todo el pueblo judío" y reivindica Israel como "el Estado-Nación" de ese pueblo. La colonización avanzando a buen ritmo durante todo su mandato, la última guerra de Gaza y el fracaso de la enésima tentativa de paz han marcado su relación con los palestinos.

"Rezuma miedo"

Nieto de rabino e hijo de un historiador ultrasionista, ex combatiente de las fuerzas especiales herido en combate y marcado por la muerte heroica de su hermano en una operación en Uganda contra un comando propalestino en 1976, Netanyahu no ha cesado de combatir el "terrorismo internacional" y el "extremismo islamista", si bien su nueva bestia negra es Irán.

Este último empeño ha contribuido a enturbiar aún más las relaciones con Obama: las relaciones entre los líderes israelí y norteamericano rara vez han pasado por momentos más bajos.

Bajo la dirección de este liberal, la economía israelí se encuentra en relativa buena salud, si bien muchos critican que las desigualdades siguen siendo escandalosas en el país.

Netanyahu "rezuma miedo. Nunca habíamos tenido un primer ministro que aterrorice de tal forma al país", asegura su adversario laborista, Isaac Herzog. La disolución de su coalición de gobierno es su último desafío y solo las elecciones dirán si ha ganado o perdido.

Aún así, las encuestas indican que Netanyahu, el dirigente israelí con más años al frente del gobierno nacional, sigue siendo el candidato con mayores posibilidades para formar gobierno. De ratificar las urnas esta predicción, lo haría por cuarta vez en su carrera y tercera de forma consecutiva.

De 65 años y casado en terceras nupcias con Sarah, Netanyahu fue primer ministro por primera vez fue de 1996 a 1999, en una poco agraciada gestión que quedó truncada por corruptelas que nunca llegaron a juicio.

Desde entonces, y pendientes de una denuncia ante tribunales de su ex mayordomo, Netanyahu se ha convertido en los últimos seis años en dirigente indiscutible, caracterizado por las decisiones a corto plazo y un espíritu casi mesiánico a la hora de defender a Israel, que heredó de su padre, el conocido historiador Ben Sión Netanyahu.

Fue éste quien por razones académicas se llevó a la familia a EU, donde el joven Netanyahu cursó estudios universitarios en arquitectura y administración de empresas en el MIT y de ciencias políticas en Harvard.

Su carrera política sólo comenzaría en 1982 como número dos de la legación diplomática de Israel en EU, de donde pasó a ser embajador en la ONU gracias a su excepcional dominio en la comunicación. En 1988 regresó a Israel y en un meteórico ascenso se convirtió a los 46 años en el primer ministro más joven de la historia política nacional.

Truncado su primer mandato, se apartó de la política para dedicarse a los negocios y dar rentables conferencias, regresando a finales de 2002 como ministro de Exteriores y después de Finanzas bajo el mando de Ariel Sharon, con quien rompió filas a raíz de la evacuación de Gaza en 2005.

Cuando Sharon entró en coma tras un ataque cerebral y su sucesor, Olmert, tuvo que dimitir por varios casos de corrupción, a "Bibi" se le abrieron en 2009 las puertas de la jefatura del Gobierno al frente del Likud y desde entonces no se ha apeado del cargo.