Nombres y Caras: Ahmet Davutoglu, primer ministro de Turquía

Arquitecto de una diplomacia turca activa y ambiciosa, este personaje polémico sucede al hoy presidente Erdogan, al que profesa lealtad, decidido a hacer de su país una potencia de Oriente Medio.
El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, anuncia su nuevo gobierno en Ankara
El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, anuncia su nuevo gobierno en Ankara (AFP)

Ankara

A los 55 años, el jefe de la diplomacia turca, Ahmet Davutoglu, alcanza su consagración al suceder a Recep Tayyip Erdogan, del que es uno de sus hombres influyentes desde 2003, en el cargo de primer ministro, a pesar de los fallos de su ambiciosa política exterior.

Detrás de unos anteojos delgados y una eterna sonrisa irónica, este leal al nuevo presidente esconde un estratega y negociador formidable, quien encarna la voluntad del régimen islamo-conservador de convertir nuevamente a Turquía en una potencia ineludible en Oriente Medio y el mundo musulmán.

En un comienzo consejero diplomático de Erdogan (2003), luego su jefe de la diplomacia desde 2009, Davutoglu multiplicó sus esfuerzos para imponer a su país en el corazón de la zona de influencia del ex imperio otomano.

Este activismo, muy mediatizado, le valió en 2010 integrar la lista de los "100 hombres más influyentes" del mundo establecida por la revista Foreign Policy, por haber recuperado para su país "un rango internacional que no tenía desde la partida del último sultán del palacio de Topkapi en Estambul". Pero inmediatamente se dio de bruces con las distintas "primaveras árabes".

Nacido el 26 de febrero de 1959 en la provincia de Konya (centro) por la que es diputado desde 2011, Ahmet Davutoglu, también profesor de relaciones internacionales, expuso ya su estrategia en un libro publicado en 2001, titulado "Profundidad estratégica", en el cual expone su ambicion resumida en una fórmula célebre: "cero problema con los vecinos".

Musulmán intransigente, hizo su entrada en 2003 en el gobierno del entonces nuevo primer ministro Erdogan. Bajo su batuta, Ankara multiplicó sus iniciativas, con resultados dispares. Una primera mediación entre Israel, un aliado de vieja data, y Siria fracaso en 2007, al igual que otra entre Occidente e Irán dos años más tarde. La normalización entre Turquía y Armenia también quedó varada, así como la candidatura turca para ingresar a la Unión Europea (UE).

"Fantasma imperial"

Pero el estatuto de una Turquía como actor diplomático de peso sería socavada por la agitación que sacude desde 2011 a la mayoría de las capitales de los países árabes.

La ruptura se consumó con Israel tras el asalto mortífero del ejército hebreo a un navío turco en 2010 y su reciente ofensiva militar en la Franja de Gaza. Lo mismo con Egipto tras el derrocamiento de su presidente islamista Mohamed Mursi, y con la Siria de Bashar al Asad tras el comienzo de la cruenta guerra civil.

Actualmente, Turquía no cuenta más con embajadores acreditados en estos tres países claves. Y su apoyo, siempre negado, a los yihadistas sunitas radicales en guerra contra Damasco se volvió contra ella, con la toma como rehenes de 49 de sus ciudadanos en Irak.

La oposición se burla de los fracasos del "arquitecto" Davutoglu, y se sorprende por su promoción a la cabeza del partido en el poder y del gobierno para suceder a Erdogan, y ve en él a una simple "marioneta" en manos del nuevo presidente. Seguro de sí mismo, el nuevo primer ministro barre todas las críticas. En su defensa, este políglota -habla inglés, alemán y árabe- ha hecho suya la retórica grandilocuente de Erdogan.

"No permitiremos que Turquía conozca el mismo desastre que el sufrido por el imperio otomano", declaró el miércoles al tomar las riendas del oficialista AKP. Padre de cuatro hijos, Dautoglu está casado con una ginecóloga, Sare, líder de los opositores al aborto en Turquía. Esta obstetra, quien trajo al mundo a la hija del propio presidente Erdogan, libra un intenso combate a favor del "derecho a la vida" iniciado por los medios islamistas del país.