Nombres y Caras: Adolfo Suárez, político español

Gravemente enfermo de Alzheimer, el presidente del gobierno español que lideró la transición de la dictadura de Franco a la democracia en un período extremadamente difícil y que fundó dos partidos ...
El entonces presidente del gobierno Adolfo Suárez saluda a los asistentes a un acto de su partido en Palma de Mallorca, el 23 de febrero de 1979
El entonces presidente del gobierno Adolfo Suárez saluda a los asistentes a un acto de su partido en Palma de Mallorca, el 23 de febrero de 1979 (EFE)

Madrid

Nacido el 25 de septiembre de 1932 en Cebreros, en la provincia de Ávila (Castilla-León, centro), Adolfo Suárez González, el presidente de la concordia, cuyo estado de salud ha empeorado gravemente en las últimas horas, fue capaz de proyectar su ambición personal y transformarla en la de todos los españoles para romper las ataduras del franquismo y abrir las puertas a la democracia en España.

"He sido un buen servidor del Estado y de los españoles", declaró en 1995 al ser preguntado por su labor al frente del gobierno, en un programa de televisión en el que elogió la figura del rey Juan Carlos, que le dio la oportunidad de ser lo que más le gustaba y en el momento más complicado. "Le quiero mucho", reconoció entonces Suárez, porque al decidir nombrarle presidente del Gobierno, el monarca se jugó "casi el reinado" y porque le mostró su apoyo cuando "estar a mi lado era casi un acto de heroísmo".

Al igual que el rey, Suárez poseía simpatía, don de gentes y, sobre todo, empatía. Tres cualidades clave para dirigir el cambio político de la dictadura -donde comenzó su carrera política, lo que le permitió conocer el régimen desde dentro- a una democracia joven que, en esos años, no supo valorar su figura. Ambicioso, joven e inexperto, Suárez recibió entonces las críticas de todos, los provenientes del franquismo y los que, tras él, protagonizaron también la Transición, a quienes tuvo que demostrar que apostaba igual que ellos por la democracia.

Y lo hizo gracias a un carisma que todos le reconocieron. Por encima de todo, Suárez poseía encanto personal, poder de seducción. El que necesitó para que todos hicieran concesiones al otro, para que cedieran en favor del futuro que hoy vive España. "Puedo prometer y prometo", fue la fórmula con la que se ganó la confianza de los españoles, esperanzados en superar un episodio negro de su historia.

Primer presidente del gobierno español tras el retorno de la democracia al país a la muerte del dictador Francisco Franco (1939-1975), encarnó la complejidad del delicado período de la transición en España. El nombre de Suárez es sinónimo de "transición", período que abarca los primeros años de la democracia posfranquista en España, de la que fue protagonista junto al rey Juan Carlos I. "En la transición, su protagonismo sólo cede ante el del rey", estima el historiador Javier Tusell.

Católico, monárquico y hombre del aparato franquista, Suárez llegó a la presidencia del gobierno nombrado por el monarca a los 44 años. Perteneciente a la clase política franquista, en la que alcanzó los cargos de viceministro del Movimiento y procurador en Cortes durante dos legislaturas, asumió los deseos de cambio del pueblo español cuando, el 3 de julio de 1976, fue nombrado presidente del Gobierno.

Llevó a cabo la Ley Fundamental de Reforma Política que desmontó la dictadura y abrió el camino a la democracia, pactó con los dirigentes de la izquierda procedentes de la clandestinidad o el exilio, como el socialista Felipe González o el comunista Santiago Carrillo, para hacer posible el proceso democrático que se inició el 15 de junio de 1977 con las primeras elecciones libres. Durante su primer mandato, de 1977 a las elecciones del 1 de marzo de 1979, se consensuó y elaboró el texto de la Constitución que fue refrendado por los españoles el 6 de diciembre de 1978.

Comenzó entonces, ya como primer presidente constitucional de España, la etapa más difícil de su gobierno, asediado por el terrorismo, la inflación y el creciente desempleo, una descentralización del poder del Estado que dio lugar a las autonomías y con una crisis ideológica en el seno de su propio partido. Las duras críticas a su gestión, la crisis interna de UCD y la falta de apoyos sociales llevaron a Suárez a dimitir el 29 de enero de 1981.

"Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia. Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España", diría entonces. Esas palabras cobraron dimensión cuando, tres semanas después, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados con varias decenas de guardias civiles mientras se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.

Su popularidad se disparó gracias a su carisma y a su carácter hábil y conciliador en un momento en que la sociedad española requería consenso entre los recién surgidos partidos políticos que debían redactar una Constitución. Él mismo explicó, en una de sus primeras intervenciones, que su reto consistió en "elevar a categoría de normal lo que a nivel de la calle era simplemente normal".

Hijo de un republicano de origen modesto, estudió Derecho y fue gobernador de la provincia de Segovia, director general de la Radiotelevisión (1969-1973) y en 1975 vicesecretario general del Movimiento, conglomerado de inspiración fascista que integraba el partido y el sindicato únicos. Tras la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, el rey Juan Carlos, que había sido nombrado jefe de Estado por el propio dictador, tomó el mando del país y en 1976 nombró a Suárez presidente del gobierno.

"Sintonizaron estupendamente, por el proyecto político y por edad y modos de ser", cuenta la reina Sofía en el libro "La reina muy de cerca", de Pilar Urbano. Fue ratificado en las urnas en las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977, como líder del partido centrista Unión de Centro Democrático (UCD).

Durante su gobierno se llevaron a cabo las principales reformas para que España pasara de ser una dictadura a una democracia, como la legalización de todos los partidos políticos -incluida la polémica legalización del Partido Comunista-, una amnistía a los presos políticos y la redacción de la Constitución y su aprobación por referéndum en 1978.

Sin embargo, a partir de 1979 emprendió un declive debido a problemas en su partido, la crisis económica, la agitación militar, el problema de la autonomía de las regiones españolas y los atentados de la organización armada independentista vasca ETA. Estas dificultades, a las que se unió la retirada del apoyo del rey, le llevaron a dimitir por sorpresa en enero de 1981, días antes del golpe de Estado militar del 23 de febrero, que fue aplacado por el monarca.

Tras "cinco años en el gobierno superando unas circunstancias gravísimas" Suárez "se derrumbó psicológicamente", describe Tusell en su libro La transición a la democracia. "Se le habían hecho patentes de manera súbita sus propias limitaciones", falta de formación, miedo al parlamento, desconfianza y osadía a la vez, explica.

Pese a todo se presentó a las elecciones de 1982 -que ganaron los socialistas de Felipe González- como líder de un nuevo partido centrista, Centro Democrático y Social (CDS). Después el centro político, que ya estaba fragmentado en múltiples familias cuando Suárez presidía el gobierno, fue perdiendo espacio hasta desaparecer.

Nombrado duque de Suárez por el rey, del que recibió en 2008 el Toisón de Oro, la más alta distinción que concede la Casa Real, vivía apartado de la vida pública desde 1991. A raíz de la muerte de su esposa, Amparo Illana, Suárez sufrió una cruel enfermedad, el Alzheimer, que dejó sin recuerdos a quien había sido memoria viva de la Transición aunque, en compensación, le ahorró el dolor de asistir a la muerte de su hija mayor, Marian, en 2004. "Mi padre no recuerda que fue presidente, sólo responde al afecto", había explicado su hijo Adolfo en 2005 admitiendo por primera vez públicamente la enfermedad.

Suárez dedicó sus últimos años a su familia y lo justificó así: "Yo ya he hecho mi trabajo y ahora tengo deudas que cumplir con ella, por tantos años que he dedicado a la política". En 1995 confirmó que no regresaría a la política: "Nunca voy a volver a ella, aunque sea difícil. Yo soy un político de raza. Es lo que más me gusta. Diría incluso que no sé hacer otra cosa".

Fundador de dos partidos políticos, la Unión del Centro Democrático (UCD) y el Centro Democrático y Social (CDS), Suárez fue también el principal causante de su desaparición pues, en palabras de Leopoldo Calvo Sotelo, era "el clavillo del abanico" y, al abandonarlo, desbarató todas sus varillas. Diseñó el espacio político del centro, que desde la disolución de UCD se han disputado los dos grandes partidos del país, PSOE y PP, pero pasó a la historia por ser el principal artífice de la Transición, un protagonismo que nunca quiso asumir.

"Don Juan Carlos fue muy importante. Ganamos la libertad de expresión. Yo legalicé los partidos políticos. Se necesitaba el máximo nivel de comunicación. El proceso tuvo muchas dificultades. Hubo asesinatos y atentados. Y, sin embargo, logramos crear una situación impensable unos años antes. Creo que fue sobre todo un período de mucho sentido común", afirmó.