Noches de Ramadán en Palestina para no dormir

Los barrios se visten con luces de colores y lugares emblemáticos como la puerta de Damasco, en la ciudadela antigua, atraen la atención de turistas y locales con un alumbrado despampanante.

Jerusalén/Ramala

Cuando el sol cae y el estruendo de un cohete avisa a los palestinos de que es la hora de romper el ayuno de Ramadán con un abundante "iftar", es entonces cuando la parte más mística de este mes pasa a un segundo plano y la noche abre paso a festejos y diversión en las calles.

Hace una veintena de días que los palestinos exprimen cada minuto de sus noches, cientos de personas toman las calles de Jerusalén Este y Cisjordania que se convierten en una feria de música, baile, gastronomía tradicional y compras, muchas compras.

Tras la oración próxima a la medianoche, el "ishá", una multitud de fieles pasean, alfombra de rezo al hombro, por las estrechas callejuelas de la ciudad vieja en Jerusalén, donde encuentran a su paso todo tipo de comercios abiertos al ocio.

"Cada noche cuando terminamos de rezar en Al Aqsa -tercer lugar más sagrado del Islam- nos juntamos para fumar shisha y charlar", comenta a Efe un grupo de palestinos reunidos en una tetería del barrio musulmán.

Las calles se llenan de pequeños tenderetes provisionales que venden múltiples tentempiés, como patatas fritas, helados, creps, zumos naturales, gominolas o panes especiales.

Algunas de las consumiciones típicas palestinas en este mes sagrado son los zumos exclusivos de Ramadán, que pueden ser de dátiles, almendras o limón, idóneos para pasar con más facilidad los densos "atayef", masas rellenas de nueces o queso que abundan por estas fechas y hacen aún más difícil la digestión después de 15 horas sin probar bocado.

"Ayunamos en la mañana y para nosotros es especial beber este zumo en la noche, es muy dulce así que nos ayuda a recuperar fuerzas", explica a Efe un jerosolimitano que regenta un pequeño puesto de este jugo.

A diferencia del resto del año, en que la gente no frecuenta las calles de noche, los palestinos hacen vida tras la puesta del sol, por eso los comercios han adaptado sus horarios, y tanto tiendas de ropa, como de alimentos, así como gimnasios o peluquerías, están abiertas al público bien entrada la madrugada.

"No es normal que las chicas paseemos en la noche en Palestina, pero en Ramadán todo es diferente, cada noche salgo con mis amigas a divertirnos", confiesa a Efe Mariam, una palestina de 21 años que compra algodón de azúcar con sus amigas.

Los barrios se visten con luces de colores -algunos vecinos admiten competir por que las suyas sean las más vistosas- y lugares emblemáticos como la puerta de Damasco, en la ciudadela antigua, atraen la atención de turistas y locales con un alumbrado despampanante.

Este mismo lugar se convierte en el escenario, cada jueves de este mes de ayuno para los musulmanes, de actuaciones de "dabke", el baile tradicional que anima la noche más festiva antes del día más sagrado, el viernes.

A escasos kilómetros de aquí, detrás del muro de hormigón levantado por Israel que divide a los palestinos de Jerusalén del resto de Cisjordania, el principal control israelí que les separa, Kalandia, se convierte en el sueño de cualquier conductor en el mismo instante en que cae el sol.

Durante el día un infierno de bocinas, vendedores y atascos con frecuencia kilométricos ante los controles israelíes donde se identifica a los palestinos, por la noche se convierte en un desértico paisaje sólo roto por algunos coches despistados que llegan tarde al iftar y reciben de manos de voluntarios botellas de agua o yogures para acallar los estómagos vacíos desde el amanecer.

Es el panorama que se ve hasta Ramala, donde después del momento fantasmal, cuando el único ruido que se escucha en las calles es el de los pucheros de las casas o a quienes comparten platos ante sus negocios, los palestinos se disponen con fuerzas renovadas a asaltar los espacios públicos.

Entonces comienza la fiesta y el letargo en el que parecen sumidos durante el día abandona los rostros de los que ayunan para dar paso a diversiones varias que les llevan a invadir cafés o quemar adrenalina en el par de parques de atracciones de Ramala.

En algunos casos, esta vida nocturna terminará al son de los tambores tocados por grupos de voluntarios horas antes de que el sol brille de nuevo en el cielo, hacia las 05.30 de la mañana, asegurándose de despertar a todo el mundo para que coman antes de afrontar otro largo día de Ramadán.