“Nicaragua está hoy en una situación de incertidumbre”

Para el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, la detención y deportación de extranjeros es parte del “cierre democrático”.
“El objetivo esencial de Ortega es consolidarse en el poder y eliminar a la oposición”.
“El objetivo esencial de Ortega es consolidarse en el poder y eliminar a la oposición”. (Miguel Álvarez/AFP)

Ciudad de México

En vísperas de los comicios generales del 6 de noviembre, donde el presidente Daniel Ortega busca un cuarto mandato y su tercera reelección consecutiva, las voces más críticas de Nicaragua, entre ellas las del connotado periodista Carlos Fernando Chamorro (1956), director del Centro de Investigaciones de la Comunicación (Cinco) y del semanario en línea Confidencial, fundado hace más de dos décadas, denuncian el cierre de los espacios democráticos.

Opositor a la dinastía de los Somoza de 1934-1979 y director bajo la revolución de 1979-1990 del órgano oficial del Frente Sandinista (FSLN), Barricada, cuando Daniel Ortega era presidente (1984), Carlos Fernando Chamorro se enfrenta desde 2007 al proyecto “personalista y neoliberal” del mismo Ortega, hoy de 70 años, y reivindica la misma defensoría de las libertades públicas que le costara la vida a su padre, el célebre periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en 1978 por órdenes de Somoza Debayle, lo que precipitó la caída de la dictadura. Pero Carlos Fernando Chamorro, también conductor de los programas de tv Esta noche y Esta semana que transmite el Canal 12, el único independiente que queda en el país, reivindica hacer “desde 1994 un periodismo sin depender de ningún partido político ni grupo económico, ejerciendo lo que creo es su función más importante: la fiscalización del poder y la promoción del debate público, manteniendo una posición crítica ante los diferentes gobiernos”. Incluso el de su su madre, la presidenta Violeta de Chamorro (1990-1996), que siguió a la truncada revolución derrotada en las urnas en febrero de 1990 tras diez años de intervención militar estadunidense.

En los últimos meses ha habido una serie de arrestos y deportaciones de extranjeros, los últimos esta semana de seis jóvenes ambientalistas, entre ellos cuatro mexicanos, a quienes la Policía de Nicaragua detiene, aísla y luego expulsa sin más. ¿Qué está ocurriendo en el país, cuando en el exterior el gobierno del presidente  Daniel Ortega sigue siendo visto como revolucionario?

Posiblemente, algunos observadores del exterior han perdido de vista que a partir del retorno de Ortega al poder en 2007 se da un proceso de regresión autoritaria luego de la transición democrática iniciada en 1990, y precisamente el hecho de que una sala de la Corte Suprema  que no es autónoma, sino que está controlada por magistrados partidarios de Ortega haya despojado ahora de la representación legal a la oposición para impedir que compita en las urnas, es el último acto en el proceso de terminar con lo que quedaba de democracia electoral. Aquí hubo fraude de parte de Ortega en 2008, reproduciendo las viejas prácticas de los Somoza. Hubo denuncias también de fraude en 2011 que le permitieron a Ortega emerger con el control de dos tercios del parlamento. Ahora no solo el Consejo Supremo Electoral está controlado por Ortega, sino que se ha prohibido la observación electoral y se le cerró el espacio a la oposición. Ese es un acto de autoritarismo que ha ocurrido antes en la historia de Nicaragua. Lo peligroso es que cuando se cierran los espacios político-electorales, los pueblos buscan otros para promover sus demandas y derechos. Nicaragua está hoy en una situación de incertidumbre, no en cuanto a los resultados de noviembre, sino incertidumbre en relación a los próximos años.

¿Es un signo de debilidad que el presidente Ortega vaya a las urnas sin una genuina oposición?

Es difícil interpretar cuál es la lógica de un régimen autoritario, pero el gobierno no está débil, está fuerte, tiene apoyo popular como resultado de sus políticas  clientelistas, de asistencialismo y también de cooptación. También tiene apoyo de la clase empresarial. Yo más bien lo veo como un acto que es coherente con un gobierno autoritario, que pretende consolidar el poder y eliminar cualquier posibilidad de que exista una oposición. Es posible que Ortega esté previendo que esa fortaleza que hoy tiene se debilitará en los próximos años como resultado de complicaciones económicas y el propio desgaste de su régimen, de ahí que se está preparando a gobernar sin oposición. El objetivo esencial de Ortega es consolidarse en el poder y eliminar la posibilidad de que exista la oposición.

¿Cómo define su gobierno?

Es un régimen autoritario, caudillista, que no permite elecciones libres, que controla la mayor parte de la prensa —aunque hay espacios también para una prensa independiente y crítica—; que no tolera una genuina oposición que lo pueda desafiar, pero permite la existencia de partidos políticos colaboracionistas y tiene una alianza con el gran capital. Para algunos politólogos, esto no es más que el viejo caudillismo latinoamericano actualizado, es decir, Ortega fue un guerrillero en los años de 1970, pero hoy es un caudillo latinoamericano como muchos otros que hemos conocido a lo largo de la historia, financiado por los fondos de la cooperación venezolana a través del ALBA, que han sido anómalamente privatizados y muchos de los cuales han terminado en un consorcio empresarial que está controlado por la familia Ortega. 

¿Teme por su vida? ¿Deben hacerlo otras voces críticas como la de la escritora Gioconda Belli, miembro del nuevo Grupo de los 27, que en mayo se posicionó contra la “dictadura” de Ortega a nombre de destacados intelectuales, académicos y políticos?

Aquí no hay estado de derecho, no hay un respeto a los derechos humanos y, por tanto, cualquier ejercicio de la crítica puede conllevar consecuencias. También es cierto que lo que está ocurriendo hoy aquí no es comparable en materia de riesgos a la vida con lo que pasa en Honduras o incluso en México y en otras partes, donde las agresiones físicas contra periodistas están a la orden del día. La naturaleza del régimen por ahora es diferente. Sin embargo, siempre se vive en una situación de riesgo.