Netanyahu, sordo ante el aislamiento creciente de Israel

Pese a las advertencias de una "catástrofe diplomática" si fracasa el diálogo de paz con los palestinos, el gobierno parece preferir la vía intransigente, incluso frente a EU.
El primer ministro israelí.
El primer ministro israelí. (Baz Ratner/Reuters)

Jerusalén

Los líderes de los partidos de la izquierda israelí comparan al primer ministro con el comandante del Titanic: como Edward Smith, que ignoró los mensajes que advertían las formaciones de icebergs, Benjamin Netanyahu permanece sordo ante las advertencias de quienes predicen una catástrofe diplomática para Israel bajo la forma del fracaso definitivo de la solución de dos Estados, combinado con un aislamiento internacional creciente.

Alemania, la aliada más cercana del Estado israelí en el Viejo Continente, acaba de dar tal vez el ejemplo desde la Unión Europea. Berlín decidió que en el futuro de las empresas de alta tecnología israelíes situadas en las colonias de Cisjordania y en Jerusalén Este ya no podrán beneficiarse de financiamientos alemanes, y esta cláusula territorial deberá ser incluida en algunos acuerdos de cooperación.

El endurecimiento va en el sentido del acuerdo firmado a disgusto por Israel con la Unión Europea (UE), el cual prevé un mecanismo similar para el programa científico europeo Horizonte 2020. Los Países Bajos fueron los primeros en involucrarse en lo que parece ser una campaña de boicot. Diversos fondos de pensión europeos ya se sumaron a la medida, así como algunas universidades de EU que se niegan a cooperar con sus pares israelíes ubicados en los asentamientos israelíes edificados en territorios palestinos de Cisjordania.

Pero Netanyahu, que denuncia la "hipocresía" de los europeos, quizá debiera prestar atención a la exasperación que va en aumento, en lugar de relativizar la amenaza y preferir escuchar a su ministro de Economía, el nacionalista religioso Naftali Bennett para quien "es mejor un boicot económico que la creación de un Estado palestino" junto al Estado israelí.

Después de todo, el año 2013 se acabó sin que se materializara ningún peligro grave pese a los advertidos por las Casandras. No ocurrió la guerra a propósito del programa nuclear militar de Irán; los yihadistas de la oposición en Siria no exportaron a Israel el conflicto que los enfrenta al gobierno de Damasco; el movimiento Hizbolá libanés, pese a diversos ataques militares israelíes contra sus intereses se cuida de responder; el territorio palestino ocupado de Cisjordania ha permanecido en calma y Gaza tampoco sufrió una réplica de la guerra de 2012 contra el movimiento de Hamas, que gobierna la franja.

Pero, junto a todas estas incertidumbres que perduran en 2014, la cuenta regresiva de las negociaciones con los palestinos está en su última fase: a fines de abril concluye el ciclo de nueve meses marcado por los voceros de paz. Y si se confirma la perspectiva de un fracaso, los palestinos no tendrán otra opción que "una Intifada armada o una Intifada diplomática", opina Amos Yadlin, director del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel-Aviv, en alusión a una huida hacia adelante ante la ONU y la Corte Penal Internacional.

El gobierno de Israel justifica su intransigencia en nombre de su seguridad. Para sus jefes militares, la calma que reina en sus fronteras con Jordania y Egipto no debe llevar al Estado israelí a bajar la guardia: las guerras interislámicas de Irak y de Siria pueden suponer metástasis, y no se trata de que el Tsahal [el ejército israelí] ceda el control militar del valle del Jordán a un futuro Estado palestino. Esta crispación se ve acompañada de una sorda preocupación, que coincide con la que experimentan Arabia Saudí y los países del Golfo Arábigo, y que está ligada a la voluntad de EU de implicarse lo menos posible en los conflictos de Oriente Medio, lo que alimenta el deterioro de su imagen en la región.

Y aunque el presidente Barack Obama subraye que la cooperación israelí-americana en materia de seguridad "nunca ha estado más fuerte", y el secretario de Estado, John Kerry cierre los ojos ante el relanzamiento de la colonización israelí, nada hay de eso: la certeza de que el Estado israelí solo puede contar consigo mismo no deja de fortalecerse en Tel Aviv.

Mientras, al exigir a los palestinos que reconozcan a Israel como el "Estado-nación del pueblo judío", negándose a la vez a discutir el derecho al retorno de los refugiados y a la partición de Jerusalén, además de insistir en que es "vital asegurarnos de que un Estado palestino no se convierta en un sustituto de Irán", Netanyahu está matando definitivamente la perspectiva de una solución al conflicto palestino-israelí.