Navidad triste para cristianos que huyeron de su natal Siria

Fieles que abandonaron sus hogares por la guerra y ahora viven en Líbano buscan consuelo ante el destierro.
El conflicto en Siria comenzó en 2011, con resultado hasta hoy de más de 100 mil muertos, según la ONU.
El conflicto en Siria comenzó en 2011, con resultado hasta hoy de más de 100 mil muertos, según la ONU. (Reuters)

Beirut

La iglesia de San Jorge está abarrotada de creyentes en una misa antes de Navidad. Hombres y mujeres escuchan sentados en los bancos al cura, que los reprende por no llevar a sus hijos a la iglesia. “Parece que tenían más fe cuando estaban en Siria”, los reconviene.

Apenas hay signos de que es Navidad en el interior del edificio, donde tan solo unas hojas de flor de pascua adornan una barandilla junto al altar.

“Somos una parroquia pobre y más ahora, por las circunstancias tenemos que ayudar a los feligreses, no estamos para grandes celebraciones”, explica el archidiácono Yatron Koliana en su despacho dentro del recinto, en el distrito Asirio, un barrio de clase trabajadora en el este de Beirut.

La mayoría de los cristianos que acuden a esta iglesia son refugiados procedentes de la provincia siria de Al Hasaka, y siguen a la Iglesia Asiria Oriental, una de las muchas ramas en que se divide el rito siríaco, una de las variantes de la cristiandad en Oriente.

Para muchos, la celebración de la Navidad se limitará a asistir a la misa del Gallo en Nochebuena y a otra especial el día 25 a primera hora de la mañana, lejos del jolgorio de otros años en los que organizaban  banquetes, visitaban a familiares y hacían regalos a los niños.

Las necesidades aquí son múltiples: “Hay que atender a los enfermos, en especial a ancianos, porque muchos no tienen acceso al médico, la mayoría de los niños no puede ir al colegio, y hay gente que no tiene dinero para comprar comida, muchos trajeron sus ahorros en moneda siria, que se ha devaluado”, explica Koliana.

Fuera del despacho, en el exterior de la iglesia, varios fieles se han quedado platicando tras la misa en su idioma, el asirio, una mezcla de acadio, antigua lengua de Mesopotamia, y de arameo, que también se usa en la liturgia. Sus historias son relatos de saqueos, secuestros y muertes en Al Hasaka, donde habita la mayor parte de los asirios de Siria, un grupo étnico de mayoría cristiana, que también vive en Irak y Turquía.

“En mi pueblo, Tel Tarma, hubo hurtos y raptos por parte de árabes, del Frente al Nusra (vinculado a Al Qaeda)”, dice Afraín Hasado, 66 años, que llegó al Líbano hace cuatro meses.

Tan solo uno de los dos hijos de Hasado encontró trabajo en el país de acogida y su sueldo apenas les da para llegar a fin de mes. “No haremos nada especial por Navidad, iremos al iglesia”, dice Hasado, mientras mueve sus dedos por las cuentas de su rosario. “Éramos felices en Siria, pero la situación cambió. Por Navidad solíamos hacer fiestas, visitar a la familia”, recuerda.

A su lado, asiente Yako Yusef Bulos, 72 años, cuya tienda en Tel Tarma fue saqueada por sus propios empleados, a los que acusa de afiliarse al Frente al Nusra.

“Sé quiénes fueron, si los veo los reconocería”, asegura iracundo, antes de augurar que “si (el presidente) Bashar al Asad se marcha de Siria la situación será peor que en Irak”.

Atrás quedan los tiempos en que su familia se reunía por Navidad para comer dohua, una especie de guiso con yogur y carne. “Recibimos algo de ayuda de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) pero no es suficiente, apenas tenemos para comer ahora”, se queja Bulos.

Los cristianos suponen 10 por ciento de la población de Siria y en su mayoría sigue el rito griego-ortodoxo.

En el caso de los asirios de la Iglesia Oriental se concentran en unas 35 localidades de Al Hasaka, junto al río Jabur.

Según el presidente del Movimiento Patriótico de Asiria, Ashur Giwargis, antes de la guerra había allí unos 120 mil y “ahora deben quedar unos 10 mil, el que puede se va”.

Aunque no existen censos oficiales, Giwargis calcula que en territorio libanés podría haber hoy unos 40 mil asirios que huyeron de Al Hasaka.

“Antes (los cristianos) éramos libres en Siria porque no solo teníamos la protección de Bashar al Asad, sino también su apoyo”, dice Giwargis, quien se muestra pesimista sobre el futuro de los cristianos en la región.

“Nunca habrá paz en Oriente Medio, por ello los cristianos deben aprender a sobrevivir, no queremos marcharnos de nuestra tierra, solo vivir seguros aquí”, concluye.