Náufrago vivía preparándose para la deriva y eso "lo salvó", cuentan sus amigos

José Salvador Alvarenga seguía una dieta con sangre de tortuga y hasta croquetas para perro, lo que le preparó para su naufragio en el Pacífico, dicen los amigos de "Chancha".
El pequeño bote de José Salvador Alvarenga, en el remoto atolón de Ebon en las islas Marshall
El pequeño bote de José Salvador Alvarenga, en el remoto atolón de Ebon en las islas Marshall (AFP)

Chocohuital

Una dieta que incluía sangre de tortuga y hasta croquetas para perro fue lo que salvó al pescador salvadoreño José Salvador Alvarenga al prepararlo para su naufragio, aseguran sus colegas de México, quienes creen fervientemente en la historia de supervivencia de su amigo "Chancha". "Él no era asqueroso, no, qué va, comía de todo", contó hoy a la AFP Bellarmino Rodríguez, un hombre de bigote blanco y jefe de Alvarenga hasta que se perdió en el Océano Pacífico mientras pescaba tiburones.

Cuando comía "las sardinas que no sirven para vender, de esas que usamos para carnada, le decíamos '¡No Chancha!', y él decía con su voz gruesa: 'sí, hay que enseñarse a todo'", añade Rodríguez bajo una choza de palma en la humilde comunidad de Chocohuital (Chiapas, sureste), donde Alvarenga residió unos quince años, tras abandonar su natal El Salvador.

Alvarenga asegura que fue a finales de 2012 cuando zarpó por última vez de Chocohuital con su pequeña lancha de motor. Tras enfrentar terribles condiciones climatológicas, se extravió, recorrió a la deriva unos 12,500 km, hasta encallar el jueves pasado en Ebon, un remoto atolón al sur de las Islas Marshall. A la luz del amanecer, los pescadores que trabajan para Rodríguez empiezan a emerger de las hamacas en que pasaron la noche, bajo la misma choza de palma.

Uno de ellos, Erick Manuel Velázquez, cuenta a la AFP que la mayoría de los pescadores, conscientes de que un día pueden quedar a la deriva, tienen un plan de contingencia, pero que Alvarenga destacaba del promedio. "Ese hombre comía de todo, hasta las croquetas para perro (...) Nos decía: 'algún día me tendré que quedar en el mar'", añade Velázquez, a quien no le sorprende que Alvarenga se mantuviera hidratado con sangre de tortuga, una bebida que acostumbraba tomar.

El jefe de pescadores cuenta que Alvarenga zarpó bien equipado, y que minutos antes de adentrarse en el mar consiguió un joven ayudante: Ezequiel Córdoba. Pero en el trayecto se le descompuso el motor y el navegador -que indica la posición de las embarcaciones en kilómetros- y realizó una última llamada. "¡Ya me llevó la madre, los tumbos -oleajes de más de cuatro metros- están cabrones!", fueron las últimas palabras que Rodríguez escuchó de "Chancha".

Tras ser rescatado, Alvarenga aseguró que Córdoba, de 24 años, murió en el naufragio porque su estómago no estaba preparado para comer pájaros crudos y que debió tirar su cadáver por la borda. "Queremos saber qué fue lo último que le dijo, por qué fue que se negó a comer", dijo a la AFP Romeo Córdoba, hermano de Ezequiel, quien pide a las autoridades mexicanas que obliguen al náufrago a regresar a México para explicar la muerte de su familiar.

En una pequeña televisión colocada entre las ramas que sostienen la choza, los pescadores han visto las imágenes de Alvarenga en las Islas Marshall, las mismas que despertaron el escepticismo de algunos médicos y expertos en temas marítimos por la extraordinaria historia de supervivencia. El salvadoreño luce "flaco, débil, hinchado de la cara. ¡Él era fuerte, musculoso!", asegura el jefe de la cooperativa de pescadores de Chocohuital, mientras imita el paso debilitado con el que vio a "Chancha" descender del avión que lo trasladó a Majuro para ser hospitalizado.

Otra prueba de su fe en la historia de Alvarenga es la fotografía de la lancha en la que llegó al remoto atolón coralino de Ebon. "Es de acá, tiene la matrícula y el nombre de la cooperativa, y está llena de bromas", pequeñas conchas de mar que se adhieren a las lanchas y que los pescadores quitan escrupulosamente porque limitan la velocidad de desplazamiento, explica Rodríguez, quien califica de "milagro" que Alvarenga esté vivo. Por su parte, Guillermina Morales, conocida como "La tía Mina" y dueña del comedor donde se alimentan los pescadores, rechaza las versiones de que Alvarenga haya perdido sus facultades mentales.

"¿Cómo va estar loco? Si estuviera loco no hubiera sobrevivido, aquí se portó como un hombre honrado y trabajador, y también era valiente", comenta la frondosa mujer, en su colorido vestido. El salvadoreño llegó a México hace unos 14 años junto con su hermano con la intención de ir a Estados Unidos de forma indocumentada, pero él se quedó aquí, y "siempre fue de los que dicen sí se puede" ante cualquier problema, recuerda conmovida "La tía Mina".