Nadie pudo festejar en Cuba

El resultado del plebiscito en Colombia sorprendió ayer al líder de las FARC, Rodrigo Londoño, "Timockenko", quien esperaba en La Habana rodeado de los suyos y prensa invitada poder celebrar el ...
Hace una semana, Santos y Timochenko celebraban la paz.
Hace una semana, Santos y Timochenko celebraban la paz. (Matt Rourke)

La Habana

Rostros demudados, gestos de incomprensión y un aire general de desolación describen el paisaje que se vio anoche en el mítico Club Habana, donde las FARC esperaban brindar por la paz tras haberla gestado durante casi cuatro años de duras negociaciones con el gobierno colombiano.

Los guerrilleros, encabezados por su líder Rodrigo Londoño, alias Timochenko, habían citado a la prensa para acompañarlos durante el escrutinio de los resultados del plebiscito en el que sus compatriotas votaron sobre el acuerdo de paz alcanzado en agosto y rubricado días atrás.

Llegaron sonrientes, anticipando una victoria del “sí” que habría abierto para ellos las puertas a la vida civil y a la democracia, y cerrado cinco décadas de conflicto armado coronadas por cuatro años de diálogos en Cuba para ponerle fin.

Termos de café, infusiones, bocaditos y una gran pantalla para seguir los resultados de la votación esperaban a la delegación negociadora de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en una sala para fumadores del célebre club habanero, donde pronto el ambiente se llenó del humo denso y dulzón de los cigarros cubanos.

El jefe negociador de la guerrilla en los diálogos de paz de La Habana, Luciano Marín, alias Iván Márquez, confesó a la prensa su total convencimiento de que el “sí” lograría “una victoria aplastante”.

Con un ojo puesto en la gran pantalla de plasma que emitía un programa especial sobre el referendo, Márquez dijo que a él y sus compañeros no les causaba “ninguna nostalgia” no haber podido participar en el plebiscito, ya que apenas acababan de recibir sus cédulas de identidad tras décadas en la insurgencia.

Pero el humo de la sala se fue disipando y los puros se fueron apagando a medida que el recuento avanzaba y el “no” se consolidaba por estrecho margen. Timochenko, ataviado con una camisa azul celeste y con rostro inescrutable y concentrado, seguía los resultados desde un sillón. Junto al líder guerrillero, una mesa con tazas vacías de café y un ejemplar de un semanario colombiano en el que se les veía a él y al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, durante la firma de los acuerdos de paz el pasado lunes en Cartagena de Indias.

Solo seis días después, los semblantes de incredulidad primero y de tristeza después se propagaron por los rostros de los miembros de las FARC que ayer pensaron que brindarían por la paz en La Habana, la misma ciudad en la que han vivido durante los últimos cuatro años mientras negociaban el acuerdo final de paz con el gobierno colombiano.

La guerrilla marxista ya había manifestado cierta preocupación por que las lluvias en algunas zonas de Colombia, donde se sienten los coletazos finales del huracán Matthew, hicieran disminuir la participación en la consulta.

Pero los alientos contenidos, las miradas de reojo y el silencio tenso que se fue apoderando de la sala, solo roto por murmullos y el sonido de la tv, revelaban que las FARC no esperaban ni de lejos este jarro de agua fría.

Con la noticia de que el presidente Juan Manuel Santos enviará este mismo lunes a su equipo negociador a La Habana para mantener informada a la guerrilla sobre el resultado del diálogo político que quiere abrir después del resultado fallido del plebiscito, quedó más que claro que la capital cubana seguirá, de momento, teniendo un importante papel en el futuro de Colombia.