[Multimedia] Después de la tormenta

Las aventuras pasionales de Hollande nunca fueron un secreto para la prensa y su agenda personal siempre le dio tiempo para montarse en una moto y correr al encuentro con su amante Julie Gayet.
El presidente de Francia, François Hollande.
El presidente de Francia, François Hollande. (Cortesía)

Ciudad de México

Parecía una broma llena de sarcasmo, pero no, iba en serio. El corresponsal en París de un diario español afirmó hace unos días que la vida sexual del presidente François Hollande es el secreto mejor guardado de Francia. Dijo también que la agenda del presidente galo le deja muy poco margen de libertad personal. Visto lo sucedido en las inmediaciones del Elíseo a lo largo de las últimas semanas, cualquiera más o menos informado podría afirmar que nunca antes la opinión pública había estado tan atenta a los arrebatos eróticos y sentimentales de un mandatario francés. Ni siquiera en el caso de François Mitterrand, cuyos amoríos extramaritales fueron motivo de gran escándalo, o en el de Nicolás Sarkozy, que hizo que sus líos conyugales estuvieran siempre en las primeras planas de la prensa.

Las recientes aventuras pasionales de Hollande nunca fueron un secreto para la prensa local y su agenda personal siempre le dio tiempo para montarse en una moto y correr al encuentro con su amante Julie Gayet, mientras su pareja, Valérie Trierweiler, lo imaginaba entregado a las arduas tareas de un jefe de Estado. Cuando el escándalo cundió, las oficinas presidenciales se conformaron con dejar en claro que sabían que el presidente era espiado por varios periodistas durante sus encuentros amorosos clandestinos. Les interesaba más apagar el fuego en el tema de la seguridad del mandatario y del país, que el incendio moral en la institución presidencial. Por la manera como se vive la vida en las recámaras del Elíseo tal vez tenían razón. Los hechos han demostrado durante años que esa institución es prácticamente incombustible.

Últimamente los medios franceses han recordado cómo en octubre de 2011, en el festejo por su triunfo electoral, Hollande se las arregló para situar en su entorno a sus tres mujeres: la madre de sus cuatro hijos, la militante socialista Ségolène Royal; la periodista Valérie Trierweiler del semanario París-Match y la actriz Julie Gayet.

Cuando sus más recientes infidelidades llegaron a los medios hace poco, el mandatario decidió cortar por lo sano. De mala manera sacó de su vida a Trierweiler, al menos en las apariencias cortó con Gayet, y se declaró ante los diarios feliz y dispuesto a saborear el encanto de su flamante libertad.

En medio del remolino de pasiones que envuelve al Elíseo alguien ha encontrado ahora la luz al final del túnel. Ségolène Royal y sus hijos han podido acercarse de nuevo al presidente. Lo visitan en su casa, desayunan o comen con él. Hacen lo que en tiempos de Valérie Trierweiler era del todo impensable. La ex de Hollande les tenía prohibido el acceso al primer círculo presidencial.

Dicen los medios franceses que las cosas le han resultado tan bien a Ségolène Royal que hasta podría estar en posibilidad de aspirar al mando de un ministerio. Al menos mientras el corazón de Hollande encuentra sosiego, que en su caso es mucho pedir.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa