Miles de policías asisten al sepelio de su colega en Nueva York

Decenas de miles de hombres y mujeres vistiendo sus uniformes participaron del sepelio en Queens del policía de origen puertorriqueño Rafael Ramos, asesinado hace una semana.
El vicepresidente de EU, Joe Biden, y su mujer Jill, salen de la iglesia del Christ Tabernacle tras el funeral del policía asesinado
El vicepresidente de EU, Joe Biden, y su mujer Jill, salen de la iglesia del Christ Tabernacle tras el funeral del policía asesinado (AFP)

Nueva York

El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, junto a miles de policías llegados desde todo Estados Unidos rindieron homenaje el sábado a la institución, durante el multitudinario funeral de un agente asesinado en la ciudad de Nueva York.

Decenas de miles de hombres y mujeres vistiendo sus uniformes participaron del sepelio en Nueva York (este) del policía de origen puertorriqueño Rafael Ramos, asesinado hace una semana.

Pero evidenciando la tensión persistente entre el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, y su cuerpo de policía, cientos de oficiales que seguían la ceremonia desde fuera de la iglesia protestante Christ Tabernacle, en el distrito de Queens, optaron por colocarse de espaldas a la pantalla cuando, dentro, el administrador de la Gran Manzana tomó la palabra.

"Este asesinato ha tocado el alma del país", dijo el vicepresidente, asegurando bajo aplausos que la policía de Nueva York era "probablemente la mejor del país". "Creo que esta policía y esta ciudad increíblemente diversa mostrarán al país la manera de superar las divisiones", añadió Biden.

"Nada va a derrotar o dividir a nuestra familia de Nueva York", dijo por su parte el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, durante la ceremonia. Muy criticado por algunos agentes de policía, Bill de Blasio aclamó a Rafael Ramos como un "héroe", un "hombre de paz y amor", y ofreció sus condolencias "a otra familia, la de la policía de Nueva York, que sufre mucho en este momento".

Sus palabras despertaron un tibio aplauso mientras que las del vicepresidente, el gobernador y el jefe de la policía neoyorquina, Bill Bratton, fueron recibidas calurosamente. Bratton hizo especial hincapié en la necesidad de una reconciliación. En las calles del entorno de la iglesia, cerradas a la circulación e invadidas por policías en uniforme, el ambiente estaba caldeado.

"Es muy difícil... Esperamos que no vuelvan los años 70, con sus manifestaciones y sus asonadas. Lo único que queremos es que esto pare", dijo Michael Palmese, un policía neoyorquino.

"El alcalde debe dar más respaldo al jefe de la policía, debe apoyar a los policías", insistió también Buddy Mazzio, un inspector retirado. "Es un momento difícil para Estados Unidos".

Un hombre negro disparó el pasado sábado por la tarde a quemarropa contra Ramos, de 40 años y con dos hijos, y su colega Wenjian Liu, de 32 años, cuando se encontraban en su patrulla estacionada frente a un conjunto de viviendas sociales en Brooklyn.

El autor del ataque, Isamaaiyl Brinsley, quien se suicidó poco después, había justificado el crimen en las redes sociales señalando que quería vengar las muertes recientes de dos afroestadunidenses a manos de policías blancos en polémicos operativos.

Promovidos a título póstumo

El velorio de Ramos el viernes fue un acto emotivo en el que miles de personas esperaron varias horas para pasar frente al féretro, cubierto con la bandera verde, blanca y azul de la policía de Nueva York y custodiado por una guardia de honor.

Algunos policías han acusado al alcalde Blassio de tener sangre en sus manos, diciendo que no les había apoyado adecuadamente en momentos en que Nueva York fue escenario de numerosas protestas por las prácticas violentas de la policía, después de la muerte de los jóvenes negros Mike Brown Ferguson (Misuri) y Eric Garner (Nueva York) este verano boreal.

El sábado, los dos policías asesinados fueron promovidos a inspectores a título póstumo por Bratton, y Ramos fue además promovido a capellán a título póstumo por su iglesia.

Autoridades del cuerpo de policía de Nueva York, que cuenta con 35 mil uniformados, aseguraron que decenas de miles de ellos llegaron desde todo Estados Unidos e incluso desde Canadá para asistir al funeral. Algunos viajaron miles de kilómetros desde lugares como California, Georgia e Indiana.