Miedo racial: la marca republicana

Incapaces de comprender la derrota en las elecciones del año pasado, los republicanos sienten que el país está en caída libre hacia el caos.
El legislador opositor John Boehner (derecha) advirtió que seguirá su lucha contra el llamado "Obamacare".
El legislador opositor John Boehner (derecha) advirtió que seguirá su lucha contra el llamado "Obamacare". (Nicholas kamm/Reuters)

Estados Unidos

Aquellos que buscan comprender qué impulsó al Partido Republicano a cerrar el gobierno este mes, una acción desastrosa que dejó a la vista sus profundas divisiones y, finalmente, les ocasionó una derrota humillante, no deberían comenzar por este hecho.

El reporte revela un sentimiento de asedio ideológico, demográfico y cultural a la derecha estadunidense, del que no hay un escape claro. Incapaces de comprender la derrota en las elecciones de 2012, sienten que el país se ha desviado de los principios de los Padres Fundadores y que ahora está en caída libre hacia el caos.

El presidente Obama ha tenido éxito en aplicar lo que ellos llaman socialismo y el partido con el que se identifican ha probado ser incapaz de evitar la caída, dejándolos aislados no solo del país en general, sino que también los ha separado entre sí.

La raza es central en su profundo sentimiento de angustia. En 2012, 92% del voto republicano provino de gente blanca que, en 30 años, ya no estará en la mayoría.

Cada vez más dependientes de una base que se empequeñece, el Partido Republicano ve cómo se desvanece su suerte electoral pero se resiste a adaptar su mensaje para ampliar su atractivo más allá de sus angostos límites raciales.

La raza no es el blanco explícito de su ansiedad, sino más bien el prisma a través del cual se filtra su conciencia política.

Hay tres maneras a través de las cuales se observa que esto ha sido un factor importante en el reciente cierre parcial del gobierno y en las divisiones republicanas. Primero, las manipulaciones. Dado que la raza es uno de los mejores indicadores del comportamiento en las votaciones, los asientos en la Cámara baja han sido ampliamente manipulados en torno a temas raciales. Los políticos al nivel estatal dan formas extrañas a sus distritos, moviéndose entre diferentes grupos raciales para proteger sus bases. Ambos partidos lo hacen cuando pueden, pero los republicanos, que dirigen la mayoría de las cámaras estatales, han tenido más oportunidades y lo practican con mucha más energía y astucia.

Como resultado, los demócratas ganaron más votos nacionales para el Congreso, pero aún así obtuvieron menos asientos, dándoles un mandato frágil a los republicanos que cerraron el gobierno. También significa que los titulares no temen perder sus asientos, lo que les permite actuar como quieran.

Segundo, los beneficiaros del gasto del gobierno. Es más probable que los republicanos consideren su intervención como algo hecho para apoyar a las minorías, más que para apoyar a los pobres. Esto no solo incluye los cupones de comida y la seguridad social, sino también el llamado “Obamacare”, que fue el tema que inicialmente impulsó al cierre.

Finalmente está Obama, hijo negro de un inmigrante africano y madre blanca, símbolo de toda esta incomodidad y que personifica -en sus mentes- no solo su impotencia política actual, sino su irrelevancia demográfica en el futuro.

Es probable que la palabra que usen para describirlo sea “mentiroso”, pero su hostilidad va más allá de las políticas y pronunciamientos del presidente, hasta una duda profundamente arraigada respecto de su autenticidad.

Su incapacidad para elaborar una respuesta estratégica creíble a estas inseguridades, solo sirve para reforzarlas. “¿No les gusta una política o un presidente en particular? Ganen una elección”, dijo Obama la semana pasada.

El problema es que los republicanos no pueden hacerlo, porque su retórica racialmente cargada aleja a las minorías, lo cual los aísla aún más electoralmente e incita a su derrota.

A la vez, su imprudente obstrucción en el Congreso, que casi derivó en la cesación de pagos, hace más probable el descenso de EU hacia el caos. Incapaces de aceptar el país en el que viven, son cómplices en la creación del futuro al que más le temen.