México fiel a Juan Pablo II hasta en su canonización

La Basílica de Guadalupe fue el punto de encuentro para los seguidores del nuevo santo, quienes lloraron al contemplar las reliquias del papa.
También se realizó una misa en honor a los dos pontífices.
También se realizó una misa en honor a los dos pontífices. (Nelly Salas)

México

La Basílica de Guadalupe fue el punto de encuentro para que los católicos mexicanos festejaran la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII. Tras develar una placa conmemorativa ubicada a los pies de la estatua de Juan Pablo II que se encuentra en el atrio del templo, se llevó a cabo una misa en honor a los nuevos santos.

Durante lo homilía, el nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, explicó que la canonización de Juan Pablo II no es porque haya hecho actos históricamente extraordinarios o por ser sucesor de Pedro, sino porque supo ser “extraordinario en lo ordinario” al cumplir deberes cotidianos como hijo, amigo, estudiante, obrero, seminarista, sacerdote, obispo y Papa.

“Fue desde su propia y profunda experiencia que a través de su presencia, testimonio, palabra y amplia enseñanza magisterial, Juan Pablo II supo transmitir esperanza y ofrecer puntos de referencia interiores a millones de personas creyentes y no creyentes”, dijo Pierre ante cientos de personas que presenciaron la misa.

Aseguró que esta fiesta recuerda a los católicos que el Papa es un ejemplo a imitar, venerar e invocar.

Hasta en los festejos, México siguió fiel a Juan Pablo II. En la celebración por su beatificación en nuestro país, Juan XXIII fue olvidado en la homilía, tan solo un par de líneas contra párrafos enteros dedicados a la obra de Juan Pablo II.

El representante del Vaticano en México, aseguró que con su muerte, la Iglesia y el  mundo parecían unirse en “un inmenso abrazo (…) Aquel día que habíamos perdido a un padre, un hermano y un amigo en la tierra, pero todos sabíamos que, en realidad, habíamos ganado un intercesor siempre fiel, más allá de al muerte, ante el hijo de Dios”.

A menos de 24 horas de canonizados, la Iglesia ya les dio su primera tarea a Juan Pablo II y Juan XXIII. En la homilía, Pierre pidió a los nuevos santos que “nos obtengan de Dios abundantes bendiciones, a cada uno de nosotros, al mundo entero y, particularmente, a esta amada tierra mexicana”.

Finalizada la misa de acción de gracias, las reliquias en primer grado de Juan Pablo II y Juan XXIII fueron trasladadas del templo al columbario de la plaza Mariana, pues ahí también hubo preferencias, la pequeña caja que contiene las reliquias de Juan XXIII fueron trasladadas a paso veloz por el atrio de la Basílica, mientras que la efigie donde fueron depositadas las de Juan Pablo II tardaron un poco más.

Para los feligreses fue uno de los momentos más emotivos. Muchos, al ver la imagen de tamaño real del nuevo santo, soltaron el llanto, algunos más se persignaban y otros, tomaban fotos con sus celulares. 

Ya en el columbario, el rector de la Basílica, Enrique Glennie, agradeció la presencia del nuncio apostólico Pierre para el festejo e inmediatamente después se permitió el acceso a la gente.

Tener la oportunidad de tocar la caja en la que se encuentra la efigie del nuevo santo provocó que más gente no pudiera controlar el llanto. Hubo quien llegó con su guitarra para darle una especie de serenata con las canciones que marcaron las visitas de Juan Pablo II. 

La música se escuchaba de fondo mientras los fieles seguían pasando, se arrodillaban frente a la imagen y hablaban con el nuevo santo. Nadie podía explicar lo que sentían al ver los restos de quien adoraron, incluso, antes de morir.