ENTREVISTA | POR LILIANA CAVAZOS | @LILIANACAVAZOS

Mario Flores Urban Abogado

Mario Flores Urban  fue condenado a la pena de muerte por un homicidio cometido en Chicago, pero su caso dio un vuelco y después de 20 años en prisión, salió libre.

El mexicano que libró la pena de muerte

Maro Flores Urban
Mario Flores Urban (Liliana Cavazos)

Ciudad de México

Marzo 5 de 1989, mayo 10 de 1994 y finalmente marzo 16 de 1997. La mañana de esos tres días comenzaron con resignación para Mario Flores Urban; “Dios, será tu voluntad”, se dijo una y otra vez a unas horas de recibir la inyección letal.

En las tres ocasiones, la ejecución se suspendió a unos minutos de lo agendado, gracias a que su defensa consiguió prorrogas ante el juez… su defensa que él mismo encabezaba. Pero aún la corte de Illinois debía programar una nueva fecha para ejecutar la pena de muerte contra el mexicano.

“No sé si la vida es mortal, o si la muerte es vital; cuando estuve condenado a muerte, cuando tenía fecha de ejecución, es cuando decido despertar y luchar con todo lo que tengo”, comparte Mario.


El roto sueño olímpico

En 1984, Mario era un clavadista de 18 años que aspiraba a representar a México en los Juegos Olímpicos que ese año se celebrarían en Los Ángeles, California.

Entrenaba diario en una plataforma de Chicago, Illinois y por las noches se reunía con amigos del barrio. Un día el deportista pre-olímpico fue detenido por la policía local y fue señalado como el responsable de la muerte de otro joven en una riña de pandillas.

Dos meses antes de su juicio, su primer abogado murió de un infarto. Su defensa quedó en manos del asistente del despacho; para Mario esto fue un punto que jugó en su contra.

El jurado lo declaró culpable, el juez lo sentenció a pena capital y Mario fue trasladado al pabellón de la muerte en el penal estatal de Illinois en 1984.

“Dos cosas quedaron muy palpables en mi boca: una, el ser inocente y acusarte de un delito que no cometiste te deja una rabia, y la otra, el hecho de que no tuve un abogado, y entonces son como insultos sobre la lesión”, comparte Mario en entrevista para MILENIO DIGITAL.

Al escuchar la pregunta “¿cómo es el pabellón de la muerte?” Mario se congela, no parpadea, no hace ningún movimiento, luego pasa saliva y al decir la primera palabra comienza a quebrarse, se da cuenta de su sensibilidad expuesta y vuelve a pasar saliva hasta conseguir estar entero para responder.

“El pabellón de la muerte es una celda reducida a un metro y medio por dos metros, la gente no lo quiere creer, pero es muy reducida, en donde tienes tu cama, un inodoro, lavamanos y es todo, es todo lo que vas a tener, en donde vas a vivir 23 horas al día, no hay compartir celda con otro preso, estas completamente aislado. Una celda con una luz de esos focos amarillos, no sé, ya siniestros, la celda es opaca, triste y deprimente”.

En el pabellón de la muerte, se le permitía a los convictos una hora diaria para caminar, estirar las piernas y convivir entre ellos. Fue así como Mario conoció a Rolando Cruz, también acusado de homicidio; era 1984, ninguno lo sabía, pero la suerte de ambos comenzó a cambiar.

 

De sentenciado a abogado

“Rolando Cruz fue mi primer amigo en el pabellón de la muerte”, comparte Mario, y explica que su compañero le hizo un valioso regalo: un folleto del Paralegal Institute de Phoenix, Arizona, en el que se ofrecía la carrera de derecho por correspondencia.

Mario decidió aprovechar su encierro para convertirse en abogado, y en 1992 obtuvo su licencia.

“El saber que eres inocente se convierte en energía y fortaleza que se va canalizando, es una como bomba nuclear, genera mucha energía, yo quise estudiar, quiero yo ser abogado y de aquí en adelante me defiendo yo mismo, tendré mi destino en mis propias manos”.

"El pabellón de la muerte
es una celda
reducida a un
metro y medio por dos metros, la gente no lo quiere creer, pero es muy reducida, en donde tienes tu cama, un inodoro, lavamanos y es todo, es todo lo que vas a tener, en donde vas a vivir 23 horas al día, no hay compartir celda con otro preso, estas completamente aislado. Una celda con una luz de esos focos amarillos, no sé, ya siniestros, la celda es opaca, triste y deprimente"

El primer caso que Mario atendió fue precisamente el de Rolando Cruz, quien le pidió que revisara su expediente.

“Empecé a ayudarle a redactar declaraciones juradas de algunos internos (involucrados en el caso) porque la fiscalía presentó un testimonio de un interno que declaró que Rolando Cruz le había admitido cometer el delito, y como yo ya era abogado logré sacarle una declaración jurada en donde acepta que la fiscalía le prometió quitarle la pena de muerte si declaraba falsamente contra Rolando. Con esa declaración el caso de Rolando se desmoronó y se comprobó corrupción de nivel policía, jurídica, fiscal, hasta los custodios en la prisión de seguridad”.

El estado de Illinois le pagó una indemnización de tres millones y medio de dólares y le otorgó su libertad. En el pabellón de muerte, la intervención de Mario en el caso tuvo eco entre sus compañeros presidiarios.

“Algunos compañeros condenados a muerte vieron que tenía yo estos conocimientos y empezaron a pedirme de favor que revisara sus expedientes, y en el transcurso de los primeros diez años de los veinte, pues me voy convirtiendo en un muy buen abogado gracias a la lectura de esos expedientes, porque voy aprendiendo de cada expediente, de cada abogado, de cada fiscal, de cada juez, voy viendo como aplican y manipulan las leyes”.

Los supervisores del pabellón de la muerte le dieron permiso de ir celda por celda para darle asesoría legal a sus compañeros. Mario terminó por conocer los expedientes de los 167 condenados a muerte con quienes convivió.

“Yo me convertí en el abogado de todos los condenados a muerte”, dice.

El único caso en el que el abogado Flores Urban no avanzaba, era el suyo. Para continuar apostó por el apoyo de la cancillería mexicana. Tenía poco tiempo para actuar porque la tercera fecha de su ejecución ya estaba programada: 16 de marzo de 1997.

Para su sorpresa, Rolando Cruz le retribuyó el favor viajando a México donde expuso el caso de Mario ante funcionarios de la cancillería. La defensa, encabezada por el propio Mario, consiguió postergar la fecha de ejecución.

La intervención del gobierno mexicano en el caso, se afianzó cuando en 1998 Mario le envió una carta al presidente Ernesto Zedillo, quien recibió el escrito de manos del futbolista Germán Villa, cuando la Selección Mexicana de futbol visitó Los Pinos tras el Mundial de Francia 98. Villa, era pareja de una prima de Mario.


Impacto mediático 

A finales de los noventas, poco a poco el caso de Mario era tratado por los medios de comunicación. La agencia Notimex envió un corresponsal a Chicago para entrevistar a Mario.

El artículo trataba no solo del aspecto legal del caso, también hacía referencia a que durante su encierro, Mario comenzó a pintar hasta convertirse en un artista plástico.

Un lector de Zacatecas envía la nota a otro en España: Francisco de Paula, quien, conmovido por la situación, intercambió correspondencia con Mario.

Mario Flores Urba posa junto a una de sus obras [Liliana Cavazos]

Mario y De Paula decidieron exponer la obra de 46 cuadros titulada “Desde el corredor de la muerte”. El impacto fue positivo, y desencadenó en una campaña mediática a favor de Mario.

“De esas exposiciones miles y miles de personas mandaron cartas al presidente de los Estados Unidos y al gobernador del Estado de Illinois”.


En menos de ocho años, la Corte de Illinois desechó 13 condenas de muerte. Fue entonces que George Ryan, gobernador de Illinois decidió suspender provisionalmente todas las ejecuciones hasta que un comité especializado revisara caso por caso.

El comité de expertos revisó uno a uno los casos, priorizando el de Mario, ya que de acuerdo a la agenda de la Corte, éste sería el próximo al que se le fijaría nueva fecha para la inyección letal.

“Cuando la Junta revisa mi caso, ya el expediente, ¿qué es lo que descubre?, descubren que en los 19 años que llevo ya detenido, recluido, que supuestamente soy el jefe de una pandilla, no tengo un solo tatuaje, no he tenido un solo pleito en la prisión, no he quebrantado ni una sola de las reglas de la cárcel, que terminé la carrera de derecho, que ayudé a estos 13 compañeros que salieron indultados, y ahora que tenía cuadros, que era un pintor plástico de renombre con talento y eso conmueve mucho al comité, y el comité como son expertos en estos temas penales, debe haber un comportamiento que no cuadra con un líder de una pandilla violenta, y pues algo esta raro aquí.”

“Al ver ya el caso, el expediente, lo único que tenían en contra mía era la declaración de dos pandilleros que me señalaron como el autor del homicidio, eso era todo, no había pistola, no había huella, no había absolutamente nada más, más que estos dos pandilleros que declararon bajo juramente haberme visto matar”.


Libertad

El 12 de diciembre de 2003, Mario abandona el pabellón de la muerte, pero al poner un pie fuera de la prisión de Illinois, fue detenido de nueva cuenta. Esta vez el asunto era migratorio y fue trasladado por dos agente a otra prisión en donde estuvo recluido tres meses más por no tener papeles que avalaran su estancia legal en Estados Unidos.

En abril del 2004, Mario, junto con 60 migrantes mexicanos, cruzó el Puente Internacional de El Paso Texas. En el extremo mexicano aguardaban sus padres y un boleto de avión para volar a la Ciudad de México. Era ya un hombre libre.

“No tengo familia propia, porque no tuve tiempo para tener una relación personal, eso fue lo que me perdí, durante mi juventud no tuve novia, no tuve hijos, 20 años en la cárcel. En mi opinión es lo único que yo diría que es lo único que le faltaría a esta historia”.


2014, a 30 años de su condena

"No tengo familia propia, porque no tuve tiempo para tener una relación personal, eso fue lo que me perdí, durante mi juventud no tuve novia, no tuve hijos, 20 años en la cárcel. En mi opinión es lo único que yo diría que es lo único que le faltaría a esta historia".

El teléfono suena una y otra vez, Mario Flores Urban atiende al tiempo que redacta un largo correo electrónico. Se trata de una asesoría legal que da a un despacho gringo que atiende casos de condenados a muerte.

Es la especialidad del abogado Flores Urban. Dice haber salvado a 14 condenados a pena capital: 13 eran sus compañeros del pabellón de la muerte, y el otro, fue el mismo.

Hace ocho años logró su libertad tras 20 años de encierro en una diminuta celda del pabellón de la muerte en la prisión estatal de Illinois. Estaba condenado a morir por el delito de homicidio.

Tras una batalla legal en la que él se convirtió en su propio abogado, Mario consiguió que el entonces gobernador de Illinois, George Ryan, le conmutara la sentencia.

Luchó por salvar su vida, alcanzar su libertad y quedar libre de culpa, pero para Mario, este último punto le produce sentimientos encontrados; salvarse de morir y regresar a casa, costó no insistir en su defensa.

"Bienvenidos a mi nueva celda”, anuncia Mario con una discreta sonrisa desde la silla de su oficina en la colonia Juárez de la Ciudad de México.

Mario es un abogado de 47 años que trabaja en la oficina de Atención a Migrantes de la dirección de Asuntos Internacionales del Gobierno del Estado de México.

Fue contratado durante la administración del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, cuando tenía un par de años de haber salido de la prisión estatal de Illinois.

El ex sentenciado a pena capital se convirtió en funcionario público, y fue entonces que decidió dedicarse a defender mexicanos con problemas legales en Estados Unidos.

“Esta es otra celda, en donde esta oficina que es donde trabajo hago lo mismo, tal vez un poquito más de lo que hacía en la celda del pabellón de la muerte, que es asesorar, brindar asesoría legal y defender”, comparte.

Mario gestiona la repatriación de mexiquenses fallecidos en Estados Unidos, ubica a migrantes del Estado de México que tienen problemas legales para asesorarlos.

Recientemente añadió a sus tareas la asesoría para tramitar demandas de pensión alimenticia por jefes de familias mexiquenses que ahora residen en Estados Unidos y que no cumplen con la manutención de los suyos en el Estado de México.

“Ahora en libertad, curiosamente intento hacer lo mismo (que cuando estaba en el pabellón de la muerte) porque es lo que me ha funcionado”, dice Mario.