Manuel Valls, nuevo primer ministro de Francia

El presidente Hollande apostó por el ministro del Interior, un representante del ala derecha de su partido, de 51 años y nacido en Barcelona, para salvar su gobierno tras la derrota en las ...
Manuel Valls, saliendo del Palacio del Elíseo, en París, el pasado 4 de diciembre
Manuel Valls, saliendo del Palacio del Elíseo, en París, el pasado 4 de diciembre (EFE)

París

El presidente francés François Hollande cambió hoy de primer ministro tras la debacle socialista en las elecciones municipales y confió el cargo a Manuel Valls, popular por su firmeza frente a la delincuencia pero criticado por muchos sectores de la izquierda. Valls, de 51 años, nacido en Barcelona (España), era ministro del Interior en el gobierno del primer ministro saliente, Jean-Marc Ayrault, quien estaba en funciones desde la llegada de Hollande al poder en mayo de 2012.

"He confiado a Manuel Valls la misión de dirigir el gobierno de Francia" con un equipo "compacto, coherente y unido. Un gobierno de combate", anunció Hollande en un discurso televisado a la Nación. "He oído vuestro mensaje". Es claro", afirmó el mandatario al sacar las lecciones de la derrota electoral de la víspera, que ha dado alas a la oposición de derecha y a la ultraderecha.

"Los cambios son insuficientes y hay por lo tanto demasiada lentitud. No hay empleos suficientes y hay por lo tanto demasiada desocupación. La justicia social es insuficiente y hay demasiados impuestos", sintetizó el mandatario, que bate récords de impopularidad. Valls, en cambio, es una de las pocas figuras del Partido Socialista que se mantiene en lo alto de los sondeos, aunque sus posturas le han valido críticas dentro de la izquierda.

Ahora se convertirá en la última carta de los socialistas para redorar el blasón y no perder el poder en las elecciones presidenciales y legislativas de 2017. El nuevo primer ministro nació en Barcelona, el 13 de agosto de 1962, en una familia de artistas (su padre, Xavier Valls era un reconocido pintor catalán) y se naturalizó francés tan solo a los 20 años, después de la elección del presidente socialista François Mitterrand (1981-95).

A menudo ha proclamado su "orgullo" de "estar al servicio de Francia", sin dejar por ello de asumir su origen español. Una fidelidad que no abarca al ámbito futbolístico, pues no vaciló en revelar que hincharía por el Barça contra el París Saint-Germain (PSG) cuando ambos equipos se enfrentaron el año pasado en cuartos de final de la Liga de Campeones.

Tuvo una carrera política sin fallas --alcalde de Evry (suburbio de París) en 2001, diputado en 2002, ministro del Interior en 2007-- y se construyó en torno a un credo: la seguridad. En 2001, atribuyó la derrota de Lionel Jospin en la presidencial precisamente a su negativa a abordar ese "tema tabú" para la izquierda.

Según un sondeo BVA para el diario Le Parisien, el 74% de los franceses quería que Ayrault renunciara a su cargo. A esa presión de la opinión se sumaba la de los mercados. Según datos publicados este lunes, Francia registró un déficit público de 4,3% del PIB en 2013, superior a la meta de 4,1% que el gobierno se había comprometido a obtener ante la Comisión Europea.

La deuda pública de la segunda economía de la zona euro trepó del 90.6% de 2012 a 93.5% en 2013. Y el desempleo, que Hollande había prometido empezar a reducir hacia fines de 2013, supera el 10% de la población activa y no para de crecer. Pero Valls tendrá que vérselas con las diferentes tendencias del PS y de sus aliados ecologistas para enfrentar esos desafíos.

Los dos ministros ecologistas del gobierno de Ayrault se han negado ya a participar en su gobierno. Hollande se ha comprometido a recortar el gasto público en 50.000 millones de euros de aquí al final de su mandato en 2017, en el marco de un "pacto de responsabilidad" consistente en reducir la carga impositiva de las empresas para que éstas puedan crear empleo.

Pero muchos dirigentes de izquierda han reclamado salir de la política de austeridad. En su discurso del lunes, Hollande propuso completar su proyecto con un "pacto de solidaridad", que incluiría una "reducción de impuestos" para la población antes de 2017 y un "recorte de las cotizaciones pagadas por los trabajadores".

En las elecciones del domingo, los socialistas perdieron al menos 155 ciudades de más de nueve mil habitantes, algunas de ellas bajo administración de izquierda desde hacía más de un siglo. Con esto, la derecha arrebata a la izquierda el estatuto de primer poder local. El PS logró no obstante mantener Lille (norte), Estrasburgo, Lyon (este), Nantes (oeste) y sobre todo París, gracias a la también francoespañola Anne Hidalgo, que será la primera mujer en dirigir la Ciudad Luz.

El ultraderechista Frente Nacional, casi ausente hasta ahora a nivel local, se alzó con once ayuntamientos y entra en "una nueva etapa", según su presidenta, Marine Le Pen.