Mando republicano toma distancia de Trump

Tras el escándalo del video con palabras obscenas, diversos cuadros del Grand Old Party lo repudian.
El magnate inmobiliario no reniega de sus expresiones soeces.
El magnate inmobiliario no reniega de sus expresiones soeces. (Saul Loeb)

Washington

Aun mes de la elección presidencial, una guerra se abrió en el seno del Partido Republicano. Ésta enfrenta al candidato Donald Trump, debilitado por la difusión, el viernes, de un video que data de 2005 en el que expresa palabras obscenas sobre las mujeres, a una buena parte de los cuadros del Grand Old Party (GOP) que consideran que el multimillonario es ya un problema insuperable en vísperas de los cruciales comicios que involucran, no solo la Casa Blanca, sino el control del Congreso.

Luego de algunas horas de estupor, las voces no han dejado de hacerse oír desde el sábado, para exigir al magnate retirarse de la carrera presidencial. Dos ex candidatos republicanos a la presidencia, el senador por Arizona John McCain y Mitt Romney, además de la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice, que se había mantenido en silencio hasta ahora, dijeron que no votarán por Trump a cuatro semanas del 8 de noviembre.

Dos legisladores del Senado y de la Cámara baja le siguieron los pasos. Entre las voces disidentes, se observa la presencia de numerosas mujeres: las senadoras Kelly Ayotte (Nueva Hampshire) y Shelley Moore Capito (Virginia Occidental), así como de las representantes Mia Love (Utah) y Barbara Comstock (Virginia).

Pareciera como si los líderes republicanos consideraran que la Casa Blanca está fuera del alcance y que el GOP debe concentrar sus fuerzas en la defensa de sus mayorías en el Senado y en la Cámara baja.

La hipótesis de un remanente del “boleto” republicano, si bien no es imposible desde un punto de vista técnico, plantea más problemas que soluciones, cuando el voto anticipado ya ha comenzado en algunos estados.

Luego de haber multiplicado los mea culpa, en las horas que siguieron a la difusión del video, Trump respondió asegurando que él no renunciará bajo ningún concepto. Ironizó sobre “las muy interesantes últimas veinticuatro horas”, en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter, y luego denunció por el mismo canal a “los medios y el establishment [que] quieren verme fuera de la carrera”. Para disipar cualquier ilusión, Trump añadió, todo en letras mayúsculas: “NUNCA ABANDONARÉ, NO DEJARÉ CAER A MIS SEGUIDORES”.

Después de largas horas de silencio, su compañero de fórmula, Mike Pence, reaccionó en la mañana del sábado. “En tanto que esposo y padre, estoy indignado por las palabras y las acciones de Donald Trump en ese video que data de once años. No avalo sus declaraciones y no puedo defenderlas”, aseguró el gobernador de Indiana en un comunicado. Manteniéndose sordo a los llamados a sacar al magnate para ofrecer una alternativa, Pence decidió continuar la campaña como candidato a vicepresidente de Trump.

Pero el speaker (presidente) de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, dio la medida el sábado de los costos políticos para su partido, cuando fue abucheado durante un mitin en su estado de Wisconsin para el cual se había negado a aparecer junto al magnate, que finalmente renunció a hacerlo.