Malestar en Cuba por nuevas restricciones a ingreso de bienes

La limitación de la cantidad de productos que ingresan los viajeros a la isla causa malestar no solo entre los comerciantes informales afectados por la medida sino muchos otros ciudadanos.
Una pareja de cubanos lleva su equipaje a su llegada al aeropuerto José Martí en La Habana
Una pareja de cubanos lleva su equipaje a su llegada al aeropuerto José Martí en La Habana (AFP)

La Habana

Las nuevas restricciones aduaneras dictadas en Cuba para limitar la cantidad de productos que ingresan los viajeros a la isla están provocando malestar no sólo entre los comerciantes informales afectados con la medida, sino también de muchos otros cubanos, incluidos partidarios del gobierno comunista.

Las nuevas disposiciones, que entrarán en vigor el 1 de septiembre, limitan considerablemente el número de artículos que puede ingresar cada viajero, o llegan en envíos postales, y aumentan en muchos casos los aranceles, con el fin de "estimular la compra en el país" -donde escasea toda clase de artículos- bajo la premisa de proteger el mercado nacional y evitar la fuga de divisas.

"El Estado no quiere competencia, pero no ofrece nada a cambio", dijo a la AFP Mirta, empleada de una agencia de viajes. "Que la Aduana no nos castigue a todos como si fuéramos unos infractores. Que no traten de solucionar el problema 'botando la palangana, con el agua sucia y al niño también'", dijo el académico Esteban Morales.

El gobierno intenta frenar un mercado informal en la isla abastecido a cuentagotas por viajeros que llegan de Miami y otras partes, que floreció por el desabastecimiento y altos precios en las tiendas estatales, donde cualquier producto vale tres o cuatro veces más que en otros países. Los cubanos se quejan no sólo de los precios, sino también de la calidad de los productos que ofrecen las tiendas estatales, las únicas autorizadas a importar productos para la venta.

"Cientos de miles de personas en Cuba viven de un comercio que no es más 'negro' que el de quienes les imponen precios áureos y por cientos de ganancia de escándalo a las tasas minoristas de las tiendas", escribió la periodista Milena Recio en un blog. "Mi negocio termina, pero también se afectan los consumidores que tendrán que morir en las tiendas y pagar caro los artículos chinos de mala calidad", dijo a la AFP María, de 50 años, que viaja cada mes a comprar productos para vender.

Este negocio no es nuevo y la Aduana ya lo había regulado en 2011, pero la reforma migratoria de 2013 disparó la cantidad de viajeros y el ingreso de productos. "Como si las normativas (...) no fuesen ya ridículas, esta vez redujo hasta límites de miseria las cantidades" de bienes que se pueden ingresar al país, escribió en su blog la periodista Giselle Morales.

Antes cada viajero podía ingresar hasta seis televisores y ahora sólo dos; también podía traer cuatro docenas de calzoncillos y ahora sólo dos. La apertura de negocios privados al calor de las reformas del presidente Raúl Castro también resultó estimulante para este negocio, pues a los productos tradicionales -como televisores, ropa, calzado y computadores- se sumaron equipos de cocina y alimentos para los nuevos restaurantes privados.

Los productos ingresados por esa vía se venían ofreciendo de boca en boca y en sitios de anuncios en Internet, como "Revolico" y "Porlalivre". También se vendían en tiendas privadas que funcionaban con permiso de "sastre" o "modista", que fueron clausuradas por el gobierno en enero. Algunas de ellas han seguido operando, ofreciendo su mercancía en Internet o en habitaciones interiores, fuera de miradas indiscretas.

"Se persigue y se dificulta que los privados organicen sus 'cadenas de valor' utilizando este comercio micro (...), pero tampoco se le ofertan fuentes seguras, rentables y sistemáticas de mercado mayorista para proveerles de insumos. El hortelanismo como política, donde no comes ni dejas comer, no trae ninguna ventaja, ni resultará bueno para nadie", declaró Recio.

El académico y ex diplomático Jesús Arboleya puso el dedo en la llaga política, al afirmar que la medida favorece -sin proponérselo- al embargo estadunidense a Cuba, pues dificulta la llegada de bienes a la isla. Además, estas restricciones "se contradicen con las propias reformas económicas" de Raúl Castro y su política de acercamiento con los cubanos emigrados.

"Más que concebirlo desde una perspectiva negativa tomando medidas impopulares (...), hay que buscar la manera de organizar este comercio, no solo para facilitarlo, sino también para dignificarlo, hasta el punto que aparezca como lo que realmente es: una manifestación mutuamente beneficiosa del vínculo natural del país con su emigración", señaló Arboleya en un artículo.