Majmur, el hogar que se convirtió en ciudad fantasma

A pesar de estar prácticamente rodeada por los yihadistas, alguno de sus habitantes ha vuelto a trabajar y reiniciar su vida a pesar del miedo, en esta villa iraquí, donde crece el sentimiento ...

Majmur

Su familia se ha quedado en Erbil, la capital del Kurdistán, adonde llegó huyendo de los yihadistas, pero Taher Omar ha decidido volver a Majmur, ahora una ciudad fantasma, porque aquí está su hogar y no está dispuesto a perderlo.

El pasado jueves, al escuchar los rumores sobre la llegada de los yihadistas del Estado Islámico (EI) a su ciudad, Omar, de 45 años, tuvo que huir en su coche hacia Erbil, la capital del Kurdistán iraquí ubicada a 40 kilómetros al noreste de Majmur, junto a su mujer y sus tres hijos. Horas más tarde, los yihadistas arrebataron el control de la ciudad a las tropas kurdas, quienes lo recuperaron el domingo.

Omar tiene una tienda en el mercado de Majmur, pero, ante la ausencia de compradores, ha preferido ayudar en el restaurante Sirwan, a la entrada de la ciudad, preparando brochetas y sandwiches. Su familia se ha quedado en Erbil, "porque tienen miedo, ya que la ciudad está rodeada por el Estado Islámico y no es segura", dice a Efe.

Sin embargo, Taher ha vuelto, aunque asegura tener miedo "porque los yihadistas están tan cerca que podrían llegar en unos minutos". Tan solo unos pocos clientes, todos ellos hombres, compran algo de comida en el restaurante Sinwar. Las calles colindantes están vacías, haciendo de Majmur una ciudad casi desértica, llena de edificios quemados, restos de bombas y agujeros de metralla en las paredes de las casas.

Muy pocos coches transitan sus carreteras, la mayoría de ellos trasladan soldados que van y vienen del frente, algunos heridos. Alrededor de la ciudad, decenas de militares kurdos pueblan el frente de batalla y vigilan las posiciones del EI, tres kilómetros más allá. "Los yihadistas se quedaron dos o tres días en Majmur, pero hemos planeado una estrategia para vencerles y lo conseguimos, señala a Efe desde el frente de batalla el coronel de las tropas kurdas Selim Surchi.

Añade que los "peshmergas", como también se conoce a las fuerzas kurdas iraquíes, pusieron "una línea de soldados y otra que la apoyaba bombardeando su artillería, lo que provocó que después de 20 horas se fueran". Muchos de los que vuelven a sus hogares tras haber huido se encuentran con desagradables sorpresas.

"Me han robado 130 ovejas y no sé qué voy a hacer sin ellas, Majmur está vacío, no se puede hacer nada", dijo a Efe el ganadero Hushyar Sabah, de 42 años. Su casa, o lo que queda de ella, es la viva imagen de los ataques. Una oveja yace muerta en el costado del abrevadero, que está prácticamente destruido, y un agujero causado por un proyectil de artillería sustituye el techo del baño.

"Pensábamos que los peshmergas protegerían nuestra ciudad, pero no lo hicieron y el Estado Islámico entró en ella", se queja Sabah. Nayat Ibrahim, de 32 años y trabajador en lo que encuentra, también muestra su enfado y pide como solución a los países europeos que "ayuden a construir en el Kurdistán un nuevo Israel, es decir, un país independiente dentro del mundo árabe en Oriente Medio".

Esto es una muestra del sentimiento antiárabe que florece en la población kurda y que se ha acrecentado debido a esta última ofensiva, que amenaza de cerca al Kurdistán. "En mi familia han muerto diez personas por culpa de los árabes y de los persas", denuncia Ibrahim. En esta ocasión, y ataviado con una camiseta con la bandera estadunidense, agradece también el apoyo de Washington: "Si no fuera por el apoyo de Estados Unidos nos matarían a todos".

Omar, Salah e Ibrahim huyeron de su casa y han vuelto para encontrarse con una ciudad fantasma. Aún así, quieren defenderla e intentar recuperar la vida que tenían, o algo parecido, antes de que el EI provocara su espantada. Algunas noches vuelven a Erbil para estar con sus familias, que no se atreven de momento a regresar.

Sin embargo, en Majmur no pegan ojo, solo hablan y están atentos a lo que pueda suceder. "Aquí no estamos seguros, en cualquier momento puede caer un misil o una bomba", alerta Salah.