Macri, socio 3119 del 'Boca' y la conquista del poder

Hijo de inmigrantes italianos, el próximo presidente fue preparado desde su infancia por su padre, un albañil de Calabria que logró convertirse en un verdadero potentado, para lograr encumbrarse ...
Macri mantiene una gran pasión por el equipo del Boca Juniors.
Macri mantiene una gran pasión por el equipo del Boca Juniors. (Silvina Frydlewsky/Efe)

Buenos Aires

A sus 56 años —cumplirá 57 el 8 de febrero—, el presidente electo de Argentina da un look inglés pero en el fondo, reconoce, "soy un tano calentón", en alusión a su origen italiano como hijo de Francesco Franco Macri, el alguna vez inmigrante de 19 años, albañil de Calabria quien atravesó el Atlántico en los años de 1930 en busca de nuevos horizontes, hasta convertirse en uno de los hombres más ricos del país. La bibliografía sobre los Macri da cuenta de que, pese a amasar una ingente fortuna, la aristocracia local, imperturbablemente elitista y jerárquica, nunca lo aceptó entre los suyos, manteniéndolo fuera del círculo de oro del establishment.

"Macri suena a marca de salsa de tomate", se burlaban los cercanos a Franco Macri, cuya esposa Alicia Blanco Villegas, madre del flamante presidente electo junto a otros tres hijos, le dio el prestigio social como miembro de una familia acaudalada que a aquél le faltaba.

Para Franco, el primogénito Mauricio fue siempre su delfín, aquel que debía seguir sus pasos y enalteciera a la familia, depositando en él sus mayores esperanzas al punto de llevarlo a "reuniones larguísimas" de empresarios desde los cuatro años.

"Tenés que aprender, vas a ser el jefe de la FIAT", cuenta Macri que su padre le decía, como narra el libro Mauricio Macri, la vuelta al pasado, de Norberto Galasso (Colihué, 2015), quien describe los pormenores de una historia familiar que es, a la vez, la historia de las últimas ocho décadas de la Argentina, incluyendo la apuesta desarrollista de los años 1960 con los políticos Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio que basaron en la industrialización el crecimiento del país. Una apuesta que hoy vuelve a desempolvar el alcalde saliente de Buenos Aires al frente de su Partido Republicano (PRO), uno de cuyos ministros recién nombrados es el homónimo y nieto de Rogelio Frigerio.

Como destaca a su vez Gabriela Cerutti en su obra El Pibe. Negocios, intrigas y secretos de Mauricio Macri, el hombre que quiere ser presidente (Planeta, 2010), desde los 12 o 13 años, el joven Macri fue educado por su padre y también por Jorge, su tío materno, en las ideas del conservadurismo liberal, republicano y desarrollista; ideas que compartió con un selecto grupo de amigos de la Universidad Católica de Buenos Aires, entre ellos algunos hijos de los generales genocidas de la última dictadura argentina de 1987-1983 y también de Amado Boudou, el actual vicepresidente argentino saliente, a quien un juez local le prohibió hace unas horas salir del país después del 10 de diciembre, fecha de la asunción Mauricio Macri, a causa de varios procesos judiciales pendientes.

Pero pese a la gran inversión de tiempo, influencias y dinero que Franco Macri derramó sobre Mauricio para hacer que éste lo relevase al frente de su emporio, el próximo mandatario argentino manifestó desde pequeño un gran y solo interés: el futbol. A sus veinte años ya era el socio número 3119 del club de sus amores, el emblemático Boca Juniors, al cual 15 años atrás llegó a dirigir con éxito; una experiencia que a su vez lo catapultó a la política, ganando en 2007 la alcaldía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el pasado día 22 la presidencia argentina.

Con cuatro hijos de tres matrimonios, bellas y sexies mujeres, en especial la próxima primera dama, Juliana Awada, multimillonaria también pero de origen libanés y madre de su pequeña hija Antonia, Mauricio Macri —quien no se cansa de repetir que él siempre soñó con ser "el número 9" del Boca Juniors para meter goles como los centro delanteros— asegura que gobernará "sin revanchismos" en un país dividido casi a la mitad —como desde mediados del siglo pasado— entre peronistas y anti; aunque su apuesta es demostrar que se puede "crear" una nueva nación sin tales antinomias en nombre del "desarrollo" y el "progreso".

Una vida consagrada "a obtener lo que quiero" y también un aceitado marketing político —unido al desgaste del modelo kircherista— lograron que millones de argentinos le dieran hoy su voto de confianza, aunque el apellido Macri le siga sonando a muchos como "marca de pasta de tomate" y los grandes poderes económicos que han hecho de él "su" candidato, no tengan tantos reparos éticos o electorales al momento de tomar "revancha" con la historia reciente del país, como quedó demostrado con el abominable editorial del periódico conservador La Nación, que arremetió al día siguiente de la victoria macrista contra la política de derechos humanos del Estado argentino.