Macri, las lecciones del triunfo

La propuesta de renovación política y de combate a la corrupción del candidato centro-derechista terminó por convencer a una mayoría de argentinos hastiados del autoritarismo peronista.
El presidente electo de Argentina, el centroderechista Mauricio Macri, ha sabido convencer a sus conciudadanos con su propuesta de cambio
El presidente electo de Argentina, el centroderechista Mauricio Macri, ha sabido convencer a sus conciudadanos con su propuesta de cambio (AFP)

Buenos Aires

Con cuatro millones de votos más que en la primera vuelta, el de los indecisos, y un total de 51.40% de sufragios frente a 48.60% de su rival, el oficialista Daniel Scioli, el alcalde saliente de Buenos Aires e ingeniero de 56 años, Mauricio Macri, se impuso el  domingo con una propuesta de renovación política y de combate a la corrupción que, pese a su sesgo centro-derechista, terminó por convencer a una mayoría de argentinos hastiados, como mostraron las urnas, del estilo autoritario del peronismo en el poder. Éste, sin embargo, aseguró una elección ejemplar el día 22 como la mejor herencia para la democracia.

Varias lecciones se pueden extraer de esta votación histórica, marcada también por la madurez de la ciudadanía, no solo porque Macri y su partido PRO es el primero que llega al poder sin pertenecer al peronismo ni al radicalismo (Unión Cívica Radical, socialdemócrata), las dos grandes paralelas políticas -junto al poder militar- que controlaron la vida del país en el último siglo, sino que lo hace sin contar con una estructura partidaria fuerte.

Además, como rescata la prensa local, es el primer empresario y con título de ingeniero que llega a la presidencia y la primera vez también que un partido de centro-derecha llega al poder aquí por la vía de las urnas.

El PRO, que logró su registro definitivo apenas en 2010, es también el primer partido que junto con su coalición Cambiemos (que incluye a la UCR) gobernará de manera simultánea el gobierno central, la capital Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, en total casi 45% de la población total del país.

Según afirma Fabián Bosoer del diario Clarín, "Néstor y Cristina Kirchner eligieron a Macri como sparring, utilizado para descargar sobre él y su gestión porteña todos los anatemas clásicos. Terminaron entrenando al aspirante que se quedaría con el título. En la disputa simbólica por la representación del cambio, la innovación y un proyecto de futuro para el país, el PRO le ganó la partida al Frente para la Victoria".

Y si bien Macri no logró el 54.11% de votos obtenidos por Cristina K al inicio de su segundo mandato (2011), terminó encarnando los deseos explícitos de una sociedad que dejó de encontrar en el peronismo en el poder ese proyecto de "integración social" que fue el rasgo esencial de este movimiento político, surgido con Juan Perón en 1945, hoy en crisis de liderazgo.

Más bien, la gente castigó con su voto la "desintegración" o la "confrontación política" a la que llevó en el día a día el modelo kirchnerista, con, según dice otro analista del todavía "opositor" diario Clarín, "el uso indiscriminado del odio y el miedo para ocultar la corrupción".

Tras el triunfo del domingo, Macri prometió que gobernará "sin revanchismos" y ayer, en su primera rueda de prensa como presidente electo, respondió a pregunta expresa que, en efecto, "no habrá revanchismos" pero sí "justicia" e impunidad cero.

También  prometió que mantendrá los logros sociales del kirchnerismo, entre ellos los subsidios a la pobreza, con austeridad fiscal pero sin una apertura irrestricta de los mercados, lo que más se teme aquí en un país que aún no olvida los estragos del "corralito" en 2001.