Con Macri o Scioli gobernar Argentina será un equilibrio de fuerzas

Unos 32 millones de electores votarán este domingo en el primer balotaje de la historia argentina, entre un liberal de derecha y un oficialista, que de ganar no tendrán un apoyo tan claro como el ...
El candidato oficialista Daniel Scioli (i) y el opositor, el liberal de derecha Mauricio Macri (d), en sus actos de cierre de campaña
El candidato oficialista Daniel Scioli (i) y el opositor, el liberal de derecha Mauricio Macri (d), en sus actos de cierre de campaña (AFP)

Buenos Aires

Argentina vivió este sábado su última jornada de reflexión antes de la segunda vuelta de las presidenciales en la que se medirán este domingo el conservador Mauricio Macri, de la alianza opositora Cambiemos, y el oficialista Daniel Scioli y que pondrá fin a la llamada "era K" tras 12 años de kirchnerismo en el poder.

Favorito en las encuestas, Macri se presenta como el candidato del "desarrollismo del siglo XXI" con el aval de su gestión de ocho años al frente de la alcaldía de la ciudad de Buenos Aires y el reciente triunfo de su candidata, María Eugenia Vidal, en la provincia de Buenos Aires, principal distrito electoral del país, gobernado durante cerca de 30 años por el peronismo.

Gane quien gane el balotaje en Argentina el domingo, el futuro presidente deberá conciliar fuerzas. Ninguno tendrá un mapa político tan afín como el que construyó la saliente Cristina Kirchner. Unos 32 millones de electores votarán en el primer balotaje de la historia en Argentina entre el liberal de derecha, Mauricio Macri, y el oficialista Daniel Scioli, candidato de la presidenta peronista de izquierda Kirchner.

Scioli, del gobernante Frente para la Victoria, acumula una larga carrera política forjada con gestiones peronistas de las más distintas tendencias y con una experiencia de dos mandatos en el Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Ambos candidatos tienen mucho en común, como su origen acomodado, su paso por el mundo del deporte antes de saltar a la política y su talante moderado, aunque han desarrollado estrategias muy diferentes en su camino a la Casa Rosada, con la vista puesta en captar el voto de los indecisos, entre un 4 % y un 11 %, según distintas consultoras.

Macri lidera la intención de voto en los sondeos luego de la primera vuelta del 25 de octubre cuando lo venció Scioli por apenas tres puntos (37% a 34.1%). Si gana Macri, su principal dolor de cabeza estará en el Congreso, donde seguirá siendo mayoría el partido de la presidenta Kirchner, Frente para la Victoria.

Un Scioli presidente gobernará, como siempre lo ha hecho el Ejecutivo, con un signo político contrario en la capital argentina, pero con el hecho inédito de que también la provincia de Buenos Aires -la más importante del país- estará en manos de la oposición.

Desafío

Con el Congreso controlado por la oposición, Macri dependerá de aliados no siempre predecibles. Por allí deberán pasar las leyes de reforma si busca devolver a manos privadas empresas nacionalizadas como la petrolera YPF o la aerolínea de bandera, tal como sugiere que lo hará su rival político Scioli.

La lucha será ardua a menos que Macri eche mano a los decretos, instrumento que deberá utilizar con precisión de cirujano si quiere honrar su compromiso de mayor institucionalidad. Macri lo sabe y ya abrió el paraguas. Anunció que de ser elegido convocará "cuanto antes" a un pacto de gobernabilidad, que deberá incluir a sindicatos e industriales si no quiere que la mesa tenga patas de barro.

"Vamos a convocar a los gobernadores desde la primera semana (...) y también a los que compitieron en la elección, a todos los sectores, incluyendo a Daniel Scioli, para trabajar en los ejes básicos", anunció. Tampoco será un lecho de rosas su relación con las provincias, aunque tiene a su favor excepciones de peso como Buenos Aires y Mendoza, donde gobernará su alianza Cambiemos, además de la capital, bastión propio desde 2007.

También se reordenarán las fuerzas en provincias cuyos gobiernos, aunque no son macristas, tienen una fuerte impronta antikirchnerista, como Santa Fe o Córdoba. De todas formas con las finanzas provinciales bajo apremio luce más probable todo alineamiento al gobierno nacional de cualquier signo.

Macri, que en la primera vuelta electoral, el pasado 25 de octubre, se alzó con un 34 % de votos, apenas 3 puntos por debajo de Scioli, ha logrado en el último mes revertir la tendencia y colocarse a la cabeza de todos los sondeos con una innovadora campaña basada en el mensaje del cambio, en el contacto personal y las redes sociales.

La llamada "revolución de la alegría" de Macri ha contrastado con la "campaña del miedo" de Scioli, centrada en denunciar presuntos planes de ajuste del líder de Cambiemos y en apelar al voto para conservar los logros del "modelo kirchnerista", en especial la millonaria partida en subsidios y ayudas sociales.

Enredado entre las promesas de continuidad y el cambio que demanda buena parte de la sociedad argentina, Scioli ha tenido que enfrentar además el "fuego amigo" del kirchnerismo y de un peronismo dividido y sacudido por la derrota en la provincia de Buenos Aires, su tradicional bastión electoral.

Caldera política

A priori en el mapa político del país, el principal apoyo de Macri estará en la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país con 16 millones de habitantes y casi 30% de peso en el PBI nacional.

Scioli, gobernador saliente, le entregará el mando el 10 de diciembre a María Eugenia Vidal, mujer de confianza de Macri y hasta esa fecha su segunda en la alcaldía capitalina.

Pero este rico territorio también será terreno de disputas cuyo alcance es difícil de medir. De las 135 alcaldías, Macri se quedó con 65 y Scioli con 57 mientras el resto las ganó un peronismo de derecha que mira a Macri con indulgencia.

Sin embargo allí anida el núcleo duro del peronismo vernáculo, un minotauro adormecido que puede despertar furibundo si, como dice Scioli, Macri aplica un ajuste y una devaluación que castigue los bolsillos más humildes. Macri ha negado ese plan pero promete liberar la compra de divisas que Kirchner ha impedido con instrumentos de restricción. Cómo lo hará, nunca lo ha dicho.

Los dardos entre ambos candidatos se multiplicaron en la recta final de la campaña, salpicada por la polémica provocada por un comentario del asesor de cabecera de Macri y estratega político, Jaime Durán Barba, que apuntó que el papa Francisco "no mueve ni diez votos" en la elección. Un comentario que Scioli aprovechó en su cierre de campaña y del que Macri se ha tenido que desmarcar públicamente.

El ganador del domingo recibirá una pesada herencia del kirchnerismo, con una economía estancada, tasas de inflación superiores al 25 % según organismos independientes, una cuarta parte de la población por debajo del umbral de la pobreza y un rosario de causas pendientes por corrupción que involucran incluso al vicepresidente saliente del Gobierno, Amado Boudou.

Scioli, el conciliador

Diferente es el escenario de un Scioli presidente, pero no menos complicado para este político cuya principal impronta es, de por sí, la conciliación. Quizás el mayor reto de Scioli esté en sostener sus promesas de campaña acerca de mantener subsidios, rebajar impuestos y atraer inversiones en medio de una puja con los mercados financieros donde se descuenta una devaluación.

Silvina Batakis, señalada por Scioli como su candidata a ministra de Economía, alertó acerca de sectores que buscan devaluar el peso incluso antes de que asuma el nuevo presidente el 10 de diciembre. "Lo que quieren es que ocurra la devaluación ahora, para no tener que hacerla ellos", afirmó Batakis, vinculando el plan al candidato opositor.

Si eso sucede el impacto sobre la inflación será inmediato y también sobre las reservas del Banco Central, que arañan los 26 mil millones de dólares. "Macri quiere dejarnos librados a la suerte del mercado", alertó Scioli una y otra vez en su campaña. Aunque quizás le toque a él lidiar con la presión del mercado y complicar así sus planes de dar "techo, tierra y trabajo" a todos los argentinos.

Si Macri gana afrontará, además, el reto de asegurar la gobernabilidad con el antecedente de que ningún gabinete no peronista ha logrado terminar su mandato en los periodos previstos durante los últimos 70 años. Si el vencedor es Scioli, tendrá que enfrentar los desafíos del nuevo gobierno y tratar de liderar y aglutinar a un peronismo dividido.

Unos 32 millones de argentinos están convocados mañana a las urnas en las más de 90 mil mesas de votación repartidas por todo el país, en donde más de 100.000 miembros de la Policía y las Fuerzas Armadas brindarán seguridad en los comicios.

Decenas de miles de fiscales velarán por la transparencia de una jornada que, según las autoridades electorales, arrojará los primeros resultados provisionales alrededor de dos horas después el cierre de las urnas.

El ganador de las presidenciales asumirá el cargo el próximo 10 de diciembre, aunque, a partir de mañana, Argentina dejará atrás la era K que estrenó el fallecido expresidente Néstor Kirchner en 2003 y que continuó su esposa, Cristina Fernández, con sus triunfos en las elecciones de 2007 y 2011.