Lula sale a la calle a defender gobierno de Rousseff

"Hemos luchado para derrocar al régimen militar, para conquistar la democracia, y no vamos a aceptar que haya un golpe en este país", dijo el ex presidente ante miles de personas en Sao Paulo.

Sao Paulo

El ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva dirigió un mensaje a la multitud que lo ovacionó este viernes en Sao Paulo, en una manifestación de apoyo a la mandataria de izquierda Dilma Rousseff, amenazada por un proceso de destitución.

"Hemos luchado para derrocar al régimen militar, para conquistar la democracia, y no vamos a aceptar que haya un golpe en este país", dijo el  ex dirigente sindical vestido con una camisa roja, los colores de su Partido de los Trabajadores (PT), en un efusivo discurso desde lo alto de un camión.

Lula, de 70 años, fue nombrado esta semana jefe del gabinete de Rousseff, pero una guerrilla de recursos en la justicia le han impedido asumir funciones.

Después que dos medidas cautelares fueran anuladas en Brasilia y Río de Janeiro, un juez federal del interior de Sao Paulo volvió a bloquear su nombramiento.

"Yo entré [al gobierno] para ayudar a la presidenta Dilma porque creo que tenemos que restablecer la paz, para probar que este país es mejor que cualquier otro del planeta, que va a crecer y sobrevivir", proclamó, con una voz más cascada que nunca, ante una multitud visiblemente emocionada.

Lula fue nombrado jefe del gabinete en un momento en que Rousseff dice necesitarlo más que nunca para enfrentar los embates de un proceso de destitución.

"Le dije a Dilma: no te voy a exigir mucho, sólo quiero que sonrías, déjanos a nosotros con el mal humor", añadió el flamante ministro, que tiene previsto comenzar a despachar el martes próximo "si no hay ningún impedimento" jurídico.

Aún hay decenas de pedidos de medidas cautelares ante la justicia ordinaria para impedir el nombramiento del ex mandatario, que se suman a otros doce recursos presentados directamente ante la corte suprema.

La Abogacía General de la Unión (AGU), que defiende al Estado, pidió al máximo tribunal de Brasil la "suspensión de las medidas cautelares contra la asunción de Lula", para "unificar las decisiones" relativas a su designación ministerial.

Lula es investigado por presunta ocultación de bienes, en el caso del escándalo de corrupción de Petrobras. Su entrada al gobierno le otorga fueros especiales, que son tratados por la corte suprema, evitándole comparecer ante el juez Sergio Moro, que lleva la causa sobre la petrolera estatal.

Respaldo a Rousseff y Lula

También las calles de Río de Janeiro, Brasilia y de varias ciudades del noreste, bastión de Lula, se cubrieron con los colores rojos del Partido de los Trabajadores (PT) y con pancartas de apoyo a Rousseff.

"¡No al golpe!", gritaban los manifestantes, en referencia al proceso de destitución de Rousseff que ya está siendo debatido en la Cámara de Diputados.

La izquierda busca hacer su propia demostración de fuerza, después de la impresionante movilización de tres millones de brasileños que el domingo pasado reclamaron la renuncia de Rousseff.

La crisis política que azota a Brasil y la recesión económica opacaron la imagen de un país emergente pujante, deseoso de celebrar sus conquistas en los Juegos Olímpicos de Rio en agosto próximo.

Manifestaciones vs. Votos

"¡Lula, guerrero, del pueblo brasilero!", coreaban los manifestantes en la avenida Paulista, en pleno centro financiero de Sao Paulo, pocas horas después de que la policía desalojara con chorros de agua y bombas de ruido a unos 150 opositores que ocupaban la vía desde el miércoles.

Los organizadores de la marcha progobierno - el PT, la Central Única de Trabajadores (CUT) y diversas organizaciones sociales - pretenden reunir por lo menos 100 mil personas en la capital económica y financiera del país, menos de un 10% de los 1.4 millones que desfilaron el domingo en la marcha opositora.

"Estamos en un momento en que se está criminalizando la acción política. Este movimiento [opositor] está dando espacio a grupos nazifascistas", dijo el presidente del PT de Sao Paulo, Emidio de Souza.

La polarización de la sociedad brasileña crea temores de incidentes.

"No creo que el gobierno caiga, pero si eso ocurre va a haber violencia en las calles. No se pueden invalidar los votos de 54 millones de brasileños por un millón que salga a la (avenida) Paulista", dijo a la AFP Joao Francisco Brum, un abogado de 30 años, vestido de rojo con una pegatina en la camisa que decía "Abajo el golpe, No al impeachment".

Ambiente de fiesta y hasta un concierto de reagge se escuchó en la Paulista. "Quieren arrestar a nuestro Mandela", dijo el cantante en referencia a Lula.

Pasadas las 18:30 horas locales (21:00 GMT), los organizadores calculaban que unas 80 mil personas ya se habían congregado en la neurálgica avenida Paulista y otras 25 mil en una plaza del centro de Rio.

"No soy del PT y hago críticas al gobierno, pero estoy aquí defender la democracia y las instituciones. Es necesario estar atento para que no regrese la dictadura", dijo Ana Rita Fontelles, una profesora universitaria en la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

Otras 6 mil personas marcharon en Salvador de Bahía y unos 3 mil en Maceió, ambas en el noreste.

Contrarreloj contra el impeachment

La crisis se aceleró esta semana en todos los frentes tras la designación de Lula como jefe de gabinete de Rousseff.

El ícono de la izquierda latinoamericana, de 70 años, fue llamado a ayudar a su heredera política y sucesora a recomponer la base aliada, que hace aguas, para bloquear el proceso de destitución en el Congreso.

La Cámara de Diputados realizó este viernes la primera sesión de las 15 previstas, para que una comisión especial recomiende la apertura o el archivo de un pedido de impeachment.

El presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, dijo que la Comisión podría dar su parecer en unos "30 días".

La "operación retorno" de Lula estuvo además cerca de zozobrar, por sospechas de que el ex mandatario se proponía ante todo, asumiendo un cargo ministerial, obtener fueros especiales que lo libraran de las investigaciones del juez anticorrupción Sergio Moro sobre el escándalo Petrobras.

La divulgación de una conversación telefónica intervenida entre Lula y Rousseff avivó esa sospecha y provocó nuevas protestas, principalmente en Sao Paulo y Brasilia.

Rousseff rechazó esa versiones y criticó la divulgación de la conversación por el juez Moro, contra quien tomará "las medidas que correspondan", proclamó en un acto en el estado de Bahia (nordeste).