Protestas en Portugal afectan servicios públicos

La jornada de protestas contra los recortes y ajustes en el presupuesto 2015, denominada "día de la indignación", fue convocada por el principal sindicato portugués.
Protesta en Portugal.
Protesta en Portugal. (EFE)

Lisboa

Servicios públicos municipales y ferroviarios se vieron afectados hoy por la jornada de protestas convocada por el principal sindicato portugués contra los recortes y ajustes incluidos en el presupuesto estatal del 2015.

La Confederación General de Trabajadores de Portugal (CGTP, de signo comunista), organizó otro "día de la indignación", una acción que el sindicato convoca de forma periódica desde el inicio de la crisis en protesta contra las medidas del Gobierno conservador.

A los paros parciales estaban llamados a participar servicios de administración local, sobre todo, de las localidades del llamado "cinturón rojo" de Lisboa, fábricas y otras empresas, pero fue el de los transportes ferroviarios el que acaparó más atención.

Los manifestantes llegaron a provocar un corte en la línea férrea que une Lisboa y Oporto, las dos principales ciudades de Portugal, en la que tuvieron que intervenir las autoridades para restaurar el normal funcionamiento.

También en la estación de tren de Santa Apolónia, en el centro de Lisboa, se registraron perturbaciones por manifestantes de la Empresa de Manutención de Equipos Ferroviarios, que teme despidos por la privatización de la compañía, prevista en el presupuesto del 2015.

El secretario general de la CGTP, Arménio Carlos, destacó el resultado de esta nueva jornada de protesta y avisó que las manifestaciones continuarán la semana que viene, cuando está previsto que se apruebe definitivamente el presupuesto general del Estado para 2015, que incluye medidas de ahorro por quinto año consecutivo.

El "día de la indignación" coincidió además con una nueva huelga en el metro de Lisboa que, al contrario que en ocasiones anteriores, acabó por no tener apenas impacto.

Esta jornada precede asimismo a la huelga convocada para este viernes por los enfermeros lusos, en pleno brote de legionella en el país, donde ya fallecieron al menos cinco personas por esta causa.

Debido a la gravedad del brote, el Gobierno ha solicitado al Sindicato de Enfermeros Portugueses que reconsidere este paro, con el que pretenden llamar la atención sobre la degradación de sus condiciones laborales.

El líder de la CGTP siguió de cerca varias de las protestas y se unió a una manifestación en la localidad industrial de Almada, gobernada por los comunistas.

En este municipio, situado al sur de Lisboa, los funcionarios públicos locales protestaron contra la privatización de servicios y pidieron un horario laboral de 35 horas semanales, además de exigir la supresión de los cortes salariales efectuados de los últimos años.

También se sucedieron en el día de hoy otras manifestaciones simbólicas como la realizada por el Movimiento de Usuarios de los Servicios Públicos (MUSP), una organización sin ánimo de lucro cuya vocación es defender servicios como la salud, la educación, los transportes, la comunicación y el suministro de agua, entre otros.

El MUSP celebró una "bocinada" en las carreteras del municipio de Sintra, uno de los más populosos de Portugal, situado a las afueras de Lisboa.

De entre los sectores hoy movilizados, figuró el de los Trabajadores de Industrias Transformadoras, Energía y Actividades del Ambiente del Norte, que se manifestó a la entrada de la principal refinaría de Portugal, la de Sines (180 kilómetros al sur de Lisboa).

La CGTP, que tiene unos 600 mil afiliados, en torno al 10 por ciento de la población activa portuguesa, está considerado como el mayor y más combativo sindicato del país, por delante del socialista UGT, el segundo en afiliados.

El sindicato ha protestado con frecuencia por los recortes en los salarios de los funcionarios, el alto desempleo (actualmente en torno al 13%) y las reducciones en las pensiones.

Para 2015, el Ejecutivo conservador de Pedro Passos Coelho mantiene la línea de austeridad, a pesar de haber acabado el programa del rescate de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) del trienio 2011-2014, con vistas a reducir el déficit del 4.8 al 2.7 %.