Keystone XL, el ducto que perturba a Obama

El polémico oleoducto de TransCanada busca acortar la ruta actual del trazado, desde Alberta a las refinerías de Texas.

Alberta

Es la bestia negra de los ecologistas norteamericanos y causa incomodidad a la Casa Blanca. El Keystone XL (KXL) es un proyecto de oleoducto gigante entre Canadá y EU, lanzado en 2008 a cargo del consorcio TransCanada. Con un costo de 5.3 mil millones de dólares, pretende llevar 830 mil barriles de crudo al día desde las arenas petrolíferas de Alberta hasta las refinerías texanas del Golfo de México.

Su trazado, de casi 1,900 km, de los cuales 1,400 km están en territorio de EU, debe unir Hardisty (Alberta) con Steele City (Nebraska), con conexiones hacia otros oleoductos existentes o en proyecto. El objetivo es recortar a la mitad el trayecto actual del oleoducto Keystone que conecta desde 2010 a Alberta con las terminales petroleras de Illinois.

En el trazado inicial, la porción entre Alberta y Nebraska fue criticada por los detractores del proyecto, que advirtieron de los riesgos de fuga de petróleo para las reservas naturales de las Sand Hills y los ecosistemas frágiles. También recordaron que el oleoducto inicial, Keystone, registró una docena de fugas en su primer año de explotación, entre ellas 80 mil litros en Dakota del Norte.

Fue esto lo que llevó a Obama, en enero de 2012, a rechazar la solicitud de permiso y exigir un estudio de impacto ecológico. Desde entonces, TransCanada revisó su trazo original y propuso un nuevo trazado presentado como más respetuoso del medio ambiente y que evita el área de las reservas.

Pero los ecologistas no han dejado de criticar los riesgos de contaminación de las capas freáticas en caso de fuga, así como el origen del petróleo traído desde Alberta. Las arenas petrolíferas, bolsones de petróleo no convencional viscoso y pesado, necesitan una extracción que consume mucha más energía y agua que los hidrocarburos tradicionales. Sobre todo, genera un gran volumen de gas contaminante, de efecto invernadero.

El pasado lunes, un estudio canadiense publicado en los portales estadunidenses de la Academia Nacional de Ciencias (PNA) concluyó que la explotación a cielo abierto de las arenas bituminosas de Athabasca (Alberta) será dos a tres veces más contaminante y riesgosa para el medio ambiente y la salud humana de lo que se estimó en un inicio. La causa: emisiones de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) lanzados a la atmósfera por la extracción del bitumen y durante la evaporación de las cuencas de decantación.

Sobre los efectos económicos, al transportar 830 mil barriles de crudo por día, Keystone XL permitiría, según el grupo, reducir la dependencia energética de EU en 40% respecto de Venezuela y Oriente Medio. Pero sus críticos afirman que KXL no tendrá ningún impacto sobre la autonomía energética de EU ya que la mayoría del petróleo transladado hacia las refinerías será en realidad exportado hacia Europa y América Latina.

El proyecto también es motivo de debate en cuanto al mercado de trabajo. Según TransCanada, va a servir para crear unos 40 mil empleos directos e indirectos y generará más de dos mil millones de dólares en ingresos. Pero sus críticos adelantan que el proyecto solo creará "35 empleos permanentes" de mantenimiento. Una posición sostenida por Obama, que en una entrevista con el New York Times en julio habla de apenas unos dos mil empleos creados durante la construcción —un año o dos— y luego de solo "50 a 100 empleos permanentes, en una economía que cuenta con 150 millones de plazas". Obama también rechazó las declaraciones del presidente republicano de la Cámara baja, John Boehner, quien afirmó en mayo que el KXL iba a crear "decenas de miles de empleos estadunidenses".

El 31 de enero el proyecto pasó a una etapa decisiva, aunque no definitiva. En un informe, el Departamento de Estado de EU reafirmó que la explotación en Alberta requiere en primer lugar de energía y produce en consecuencia más gases de efecto invernadero que la de campos petrolíferos clásicos,

El secretario de Estado, John Kerry, deberá formular una recomendación de aquí a finales de abril sobre el informe del Departamento de Estado, lo mismo que el ministro de Energía así como los expertos de la Agencia de Protección al Medio Ambiente (EPA) y otras agencias.

A continuación, Obama, presionado por los republicanos, deberá tomar una decisión en una fecha que aún no ha sido fijada. El presidente, que busca hacer de la lucha contra el recalentamiento climático un eje esencial de su segundo mandato, indicó, durante un discurso en junio de 2013,que él solo va a aprobar el oleoducto si esto no "exacerba de manera significativa el problema climático".